Ataque de ansiedad

Ataque de ansiedad

¿Qué es un ataque de ansiedad?

    Todos podemos experimentar ansiedad en algunos momentos. La ansiedad es una de las emociones que es normal sentir en nuestras vidas. Las formas leves de ansiedad pueden incluso tener alguna utilidad (p.ej., ayudar a que nos pongamos a trabajar para ajustarnos a un determinado plazo de entrega, etc.).

Cuando la ansiedad es muy intensa, se prolonga en el tiempo y tiene el efecto de desbordarnos en vez de ayudarnos, podemos estar ante un trastorno de ansiedad. Uno de los fenómenos más desagradables que puede acompañar a los problemas de ansiedad, o ser un problema en sí mismo, es el llamado ataque de pánico o de ansiedad, o crisis de angustia.

El ataque de ansiedad se caracteriza por la aparición brusca de sentimientos intensos de terror o pánico en ausencia de un peligro real. La crisis alcanza su máxima expresión en minutos y en ese tiempo suelen aparecer al menos cuatro síntomas de una lista de hasta trece manifestaciones de ansiedad: palpitaciones, sudoración, temblores o sacudidas, dificultad para respirar, dolor en el pecho, nauseas o malestar abdominal, mareo, escalofríos o calor, entumecimiento u hormigueo, etc. Si hay menos síntomas simplemente se habla de momento de alta ansiedad.

El ataque de ansiedad puede ser una experiencia aislada o repetirse. Según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM, V), si los ataques de pánico aparecen de forma imprevista y recurrente (p.ej., en situaciones calmadas sin que la persona entienda por qué suceden), generan gran preocupación durante al menos un mes (p.ej., al pensar que significan la ocurrencia de un ataque cardíaco, un infarto cerebral, etc.) y no se explican por otra condición psicológica o médica, puede efectuarse un diagnóstico de trastorno de pánico.

La preocupación acerca de la recurrencia de nuevas crisis de ansiedad puede llevar a que la persona empiece a limitar sus actividades diarias en el intento de reducir los ataques de pánico (p.ej., evita ir a ciertos lugares o salir de casa, evita la actividad física, etc.). Estos comportamientos de evitación complican el problema y tenderán a generalizarse cada vez más dando lugar a lo que se llama trastorno de angustia con agorafobia.

El trastorno de pánico puede afectar hasta un 2-3% de la población, sobre todo mujeres, y suele aparecer entre los 20-24 años, siendo mucho más infrecuente su presencia antes de los 14 años. 

¿Qué causa los ataques de ansiedad?

     La explicación más aceptada propone que diversos estímulos externos (p.ej., altas temperaturas, aglomeración de gente, etc.) o internos (p.ej., un recuerdo que causa ansiedad, una sensación física, etc.)  son percibidos como amenazantes por la persona lo que causa aprensión y miedo. Puedo haber aprendido a temer ciertos estímulos si he llegado a encontrarme muy mal ante los mismos (p.ej.,  si tuve mucha ansiedad en una situación y notaba que el corazón “se me salía por la boca”, aprendo a temer las palpitaciones).

Esta sensación de amenaza produce una serie de cambios corporales normales que constituyen la respuesta fisiológica habitual a la ansiedad o miedo (p.ej., aceleración de la tasa cardíaca, nudo en la garganta, etc.). Cuando estas sensaciones son interpretadas de forma catastrofista por la persona (p.ej., ¿por qué estaré sintiendo esto? a ver si me va a pasar algo….), la ansiedad aumenta aun más, lo que intensifica los cambios corporales asociados al miedo y la ansiedad, y es interpretado por la persona como confirmación de sus pensamientos catastróficos, lo que produce aun más miedo, y así sucesivamente… Este es el círculo vicioso o espiral de ansiedad, que culmina en un ataque de pánico. Se trata de una especie de miedo al miedo.

El ataque o crisis finalizará cuando un mecanismo fisiológico encargado de restaurar el equilibrio del organismo entre en acción a los pocos minutos (p.ej., activación para simpática) o por alguna estrategia de afrontamiento que utilice la persona.

La aparición del primer ataque de pánico suele ir precedida de un período de estrés vital intenso en el que la persona ha ido acumulando ansiedad. Además, pueden contribuir mecanismos de vulnerabilidad biológica o psicológica (p.ej., ciertas características de personalidad como el neuroticismo o afectividad negativa, es decir, tendencia a experimentar emociones negativas intensas, etc.).

Cómo afrontar los ataques de ansiedad

     La mayoría de las personas con ataques de pánico repetitivos terminarán desarrollando agorafobia si no los resuelven. Pero los ataques de pánico pueden tratarse antes de desembocar en una agorafobia.

Los psicólogos estamos altamente cualificados para tratar con éxito tanto los ataques de pánico como los posibles trastornos de ansiedad existentes, mediante técnicas basadas en la evidencia. La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ayuda a las personas a identificar y afrontar con éxito los distintos factores que contribuyen a su ansiedad.

Como señala la American Psychological Association (APA) en un artículo reciente sobre el tema, con la Psicoterapia adecuada la gran mayoría de las personas con trastornos de ansiedad son capaces de reducir o eliminar sus síntomas y volver a su funcionamiento normal tras varios meses de tratamiento.

El tratamiento incluirá tanto información sobre el problema, como técnicas de relajación, terapia cognitiva y técnicas conductuales, aunque la combinación de ingredientes siempre será ajustada a cada caso individual.

La información es fundamental, la gran mayoría de las personas que ha sufrido ataques de pánico ha pasado en algún momento por servicios de urgencias médicas al pensar que sus síntomas indicaban un grave problema de salud. Las personas que no hacen una interpretación tan catastrofista de su crisis, y simplemente la entienden como alta ansiedad, tienen de hecho muchas probabilidades de quedarse en uno o varios ataques aislados y no desarrollar un trastorno de pánico.

La relajación y respiración profunda sirven para reducir la alta activación y la respiración rápida y superficial (hiperventilación) que favorece la ansiedad. La terapia cognitiva ayuda a entender y modificar el modo en que nuestros pensamientos alimentan la ansiedad. Las técnicas centradas en los comportamientos  consiguen que la persona se enfrente gradualmente a las situaciones que le producen ansiedad sin evitarlas.

Algunas recomendaciones útiles para afrontar los ataques de ansiedad son las siguientes: 

  • Recuerda que las sensaciones no son más que una intensificación de las reacciones corporales normales de ansiedad. Es una de las formas en que nuestro organismo responde después de acumular un elevado nivel de estrés como sucede en la situación que estás viviendo.
  • Las sensaciones no son, en absoluto, perjudiciales ni peligrosas, solo son desagradables. No sucederá nada más que el malestar que estás sintiendo.

 

  • Las personas que han tenido ataques de pánico o crisis de angustia pueden volverse hipervigilantes de los cambios de su cuerpo, debido al miedo a experimentar nuevas crisis. Estar pendiente de lo que sucede en tu organismo te permite detectar cambios en el mismo que para otros no existen.

 

  • Cuando notas un cambio corporal (por ejemplo, que tu corazón late más rápido) sientes miedo debido a la fuerte vinculación de las palpitaciones con emociones negativas intensas del pasado y que ha establecido por un mecanismo especial de aprendizaje una asociación del tipo: palpitaciones-peligro inminente.

 

  • Al sentir miedo/ansiedad, aun sin darte cuenta, respondes del modo en que nuestro cuerpo cambia ante la ansiedad: empiezas a respirar más rápido, te tensas, etc,. como consecuencia tu corazón se acelera aun más. Tú lo notas y te asustas todavía más y entonces tu cuerpo genera aun más cambios propios de la ansiedad, y así sucesivamente. Si este círculo vicioso no se frena, puede culminar en un momento desagradable de alta ansiedad.

 

  • Las crisis de ansiedad espontáneas o “llovidas del cielo” no existen. Aun sin darte, a veces, mucha cuenta siempre está de fondo la actitud hipervigilante y la dramatización del cambio corporal percibido, que no es peligroso, pero que la persona interpreta como amenazante.

 

  • Cuando notes que tu corazón se acelera (o la sensación que a ti te asuste) intenta no hacer nada en especial, simplemente déjalo estar y trata de distraerte continuando con la actividad que estés realizando. Puedes recurrir a cualquiera de las estrategias sencillas que normalmente emplearías para relajarte o distraerte un poco si te notaras muy tenso o sobrecargado. No seas impaciente y deja un poco de tiempo a que las sensaciones pasen o se atenúen.
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