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 ¿Es posible preocuparse menos?

Preocupación y ansiedad

 

Qué es la ansiedad generalizada?

     Para algunas personas la vida es una especie de preocupación casi constante. Se preocupan en exceso por la familia, el trabajo, la salud, etc. En cada momento hay una o varias preocupaciones principales que sirven de fuente de sufrimiento. A lo largo del tiempo esas preocupaciones van cambiando, unas por otras, y tal vez con la excepción de determinadas épocas en las que es más fácil librarse de la tensión (p.ej., los períodos vacacionales), siempre hay algo que atormenta a la persona.

Preocuparse por problemas importantes o en períodos difíciles es normal y forma parte de la vida. Pero cuando las preocupaciones son excesivas, hay más días con preocupaciones que sin ellas y aparecen otras consecuencias, podemos encontrarnos ante un problema llamado ansiedad generalizada. El trastorno de ansiedad generalizada es muy frecuente (3-5% de la población). Su característica principal es la existencia de preocupaciones excesivas sobre diversos eventos asociadas a un aumento del nerviosismo. Para poder efectuar el diagnóstico según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM, V) se exigen dos condiciones que deben prolongarse más de 6 meses seguidos:

1. Ansiedad y preocupaciones excesivas sobre diversos eventos o actividades, y dificultad para controlar las preocupaciones.

2. Presentar tres o más manifestaciones de angustia o tensión (sólo una en niños) de una lista que incluye: inquietud, fatiga fácil, dificultades para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular o problemas de sueño, sobre todo, insomnio.

Puesto que todos nos preocupamos en ocasiones, para hablar de ansiedad generalizada las preocupaciones deben obstaculizar el funcionamiento diario y causar problemas a la persona a nivel social, laboral o en otros ámbitos. La ansiedad generalizada puede aparecer sola, como problema aislado, pero es muy frecuente que se presente junto a otros trastornos de ansiedad (p.ej., ansiedad social, pánico y agorafobia, etc.) o depresión.

Causas de la ansiedad generalizada

     Como sucede con el resto de trastornos de ansiedad, hay que entender que se trata de un problema complejo que implica en su origen factores psicológicos, sociales y biológicos.

Dar respuestas de alta activación (p. ej., aumento de la tasa cardiaca, pensamientos negativos, comportarse de forma inquieta, etc.) es normal cuando nos enfrentamos a contratiempos de nuestra vida a los que no podemos responder de la mejor manera (p. ej., por falta de recursos o habilidades, falta de control sobre la situación, etc.). La mayoría de las veces el malestar cesa cuando desaparecen las circunstancias que lo ocasionaron. Pero en algunas personas se puede iniciar un proceso muy negativo por el cual se magnifica la forma pesimista de ver las cosas lo cual va a mantener en el tiempo altos niveles de activación y puede contribuir a empeorar las propias situaciones vitales, generándose una especie de círculo vicioso, que lleva a sentir que uno está desbordado por la situación y ha perdido el control.

Las personas con ansiedad generalizada tienen ciertas características como tendencia a interpretar la información ambigua como amenazante, intolerancia a la incertidumbre e intolerancia a la alta activación emocional, todo lo cual lleva a un afrontamiento inestable e ineficaz (p. ej., oscilan entre el acercamiento a una situación para reducir la incertidumbre y el retirarse y evitarla cuando notan que se activan, aun cuando no se haya solucionado).

En esta forma de responder pueden estar involucrados mecanismos de vulnerabilidad biológica (p. ej., mayor propensión a la alta reactividad fisiológica que también puede ser adquirida si se sufren experiencias traumáticas en edades tempranas) y mecanismos de aprendizaje (p. ej., haber sido expuesto en mi educación a personas importantes para mí que reaccionaban desbordándose ante el estrés y dando ese mismo tipo de respuesta).

De hecho, la mayoría de las personas con ansiedad generalizada se recuerdan así “desde siempre”. Tienen la percepción de que preocuparse en exceso forma parte de su personalidad o de su manera de ser. Este problema puede aparecer a cualquier edad pero en muchos casos empieza en la infancia. Una intervención temprana con técnicas eficaces probablemente reduciría notablemente la incidencia de casos en edades posteriores.

Cómo reducir las preocupaciones y la tensión

    La mayoría de las personas con problemas de ansiedad y depresión que reciben tratamiento, lo que hacen es tomar fármacos. El actual abuso de los psicofármacos, sus efectos perjudiciales, la ausencia de eficacia y justificación para este tipo de enfoque, y el riesgo de que cronifiquen el problema han sido denunciados repetidas veces.

    Las guías clínicas de Práctica Basada en la Evidencia científica indican que el tratamiento de elección para la ansiedad generalizada es la terapia cognitivo-conductual. Así, por ejemplo, en el año 2011 el NICE (National Institute for Health and Clinical Excellence) del Reino Unido publicó la guía de recomendaciones clínicas para la ansiedad generalizada. El NICE recomienda un modelo de atención por pasos para abordar la ansiedad, en función de la gravedad y características del problema y los resultados obtenidos con las medidas previas. Cada nuevo paso representa mayor intensidad de la intervención.

Primero, cuando se trata de un caso leve con pocos síntomas, que ha aparecido hace poco tiempo y en el que no se observan otros problemas, se empieza ofreciendo al paciente información sobre su problema y registros diarios sobre los síntomas y el funcionamiento. La información explicará, por ejemplo, qué es la ansiedad, cómo se relacionan los pensamientos negativos con las emociones de angustia y las conductas desorganizadas, etc.

El segundo paso estaría indicado para personas que además de cumplir los criterios diagnósticos de ansiedad generalizada no han mejorado con los recursos de información. En este momento se ofrece una intervención psicológica de baja intensidad que puede consistir en el empleo de material de autoayuda que la persona puede seguir sola, o bien con la guía de un terapeuta en sesiones individuales o grupales. La autoayuda puede consistir en material escrito o en formato electrónico que incluye información y ejercicios de corte cognitivo-conductual como mínimo durante 6 semanas.

El tercer paso, estaría indicado para las personas con una ansiedad generalizada más grave, que no han respondido adecuadamente a las intervenciones del paso dos, y que tienen una historia de problemas de ansiedad o depresión. En este momento se lleva a cabo un tratamiento psicológico intensivo de tipo cognitivo-conductual o relajación aplicada. Los principales ingredientes de la terapia cognitivo-conductual que han demostrado su eficacia son los siguientes:

  • Relajación muscular, respiratoria o través de la imaginación, tanto aplicada sola como habitualmente dentro de un programa más amplio. Sirve para lograr reducir los altos niveles de activación fisiológica que contribuyen al problema.
  • Terapia o restructuración cognitiva para sustituir los pensamientos negativos por otros más positivos y realistas. Por ejemplo, un aspecto clave es enseñar a la persona a analizar sus pensamientos aplicando criterios de realidad y modificabilidad. Si lo que me preocupa no es real y puede o no suceder en el futuro, no tiene sentido seguirse pre-ocupando. Cuando una situación es real y podemos cambiarla se aplican técnicas de solución de problemas. Si es real pero no podemos hacer nada se trabaja la adaptación emocional a la situación.
  • Control de estímulos consistente en instruir a la persona para establecer un periodo diario de preocupación (de 30-45 min.), a realizar siempre a la misma hora y en el mismo lugar (por escrito si se desea), al que se posponen todas las preocupaciones que vayan apareciendo durante el día. Habitualmente al llegar ese momento la persona ya no tiene tantas ganas de preocuparse por algunas cosas o puede emplearse como sesión diaria de solución de problemas.
  • Entrenamiento en habilidades necesarias para mejorar el afrontamiento del estrés o las situaciones difíciles como la exposición a situaciones temidas, entrenamiento en asertividad, solución de problemas, etc. El entrenamiento en las habilidades que cada caso precise permite que la persona disminuya las fuentes de estrés de su entorno y resuelva mejor los problemas que enfrente lo que a su vez tendrá un efecto beneficioso global.

 Esta terapia dura entre 12-15 sesiones, pudiendo acortarse o alargarse según las necesidades de la persona. El cuarto paso se reserva para casos resistentes al tratamiento, alto deterioro o incluso riesgo de suicidio en los que habría que insistir en los recursos anteriores involucrando a servicios especializados.

    Otro elemento que mejora la ansiedad generalizada es la realización de ejercicio físico aunque mientras esto se ha demostrado ampliamente en el caso de la depresión, en esta área faltan estudios bien controlados que demuestren la eficacia del ejercicio y por eso la recomendación aun no se incluye en las guías.

    Si la persona prefiere tomar medicación el NICE sugiere que se puede ofrecer la posibilidad de añadir un antidepresivo (sertralina es el fármaco con menos inconvenientes). En cambio, no existe apoyo para abordar los trastornos de ansiedad con tranquilizantes (p.ej., benzodiacepinas) que suele ser lo habitual. Cuando se emplee medicación, es importante suministrar información verbal y por escrito de sus efectos secundarios.

El problema de los psicofármacos, al margen de los efectos secundarios, es que cuando se dejan de tomar vuelven a aparecer los síntomas, a veces con más intensidad, ya que la persona no ha aprendido nada al tomarlos. Los beneficios de la intervención psicológica se mantienen bien en el tiempo y desde una perspectiva económica la terapia psicológica es más eficiente que los fármacos (o. ej., seguir las recomendaciones del NICE está suponiendo un ahorro importante al sistema social y sanitario británico).

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