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Situación actual de la mortalidad en España

8 de Septiembre de 2020

Qué mejor forma de empezar este blog que analizando datos del COVID19. Como voy a analizar datos de la pandemia en España, he preferido hacer esta entrada en español, y me centraré en contextualizar lo que se ve en estadísticas simples. Debo de decir que mi especialidad es el análisis de datos general y que no tengo ningún tipo de experiencia previa en epidemiología, lo que limita mi interpretación de los datos (la epidemiología ha desarrollado modelos que permiten hacer inferencia/predicciones mucho más sofisticadas que lo que pretendo hacer aquí).

¿Por qué este blog? ¿Por qué analizar las defunciones en España?

Esta entrada está motivada porque tengo la impresión personal (y por supuesto más que cuestionable) de que la prensa en general está haciendo un trabajo desafortunado en el análisis y discusión de los datos de la pandemia en España (y el extranjero), creando una concepción mal evaluada y entendida de la situación, y llevándonos a malentender el riesgo asociado a nuestros familiares. Por ejemplo, recurrentemente los medios nos presenten en grandes titulares el número actual de contagios positivos por COVID19, tomando como referencia el correspondiente número en marzo-mayo. Esta comparativa está mal guiada, ya que la forma de medir el número de infecciones es totalmente distinta: en marzo-mayo únicamente se medía la gente que presentaba altas complicaciones e ingresaba en hospital, mientras que ahora medimos preventivamente y trazando potenciales contactos de personas contagiadas. Quiero ser tajante: jamás se debe comparar entre dos períodos de tiempo donde se mide de forma distinta. Considere este dato: en resultados recientes se han descrito más de un 60% de casos asintomáticos que, obviamente, en marzo-mayo no se contabilizaban (aunque sí estaban).

Una forma alternativa de evaluar el riesgo en la situación actual es comparando el número de ingresos hospitalarios con los de la primera ola de la pandemia, que es (en mi opinión) mucho más acertado que el número de positivos. Sin embargo, los números de ingresos en la primera ola no incluían los casos graves en residencia. Finalmente, el número de defunciones asociadas al COVID19 también parece tendente a error, al no contar las residencias.

Personalmente, creo que una forma interesante de medir el riesgo es con el total de defunciones en comparación con años anteriores. ¿Por qué? Porque las defunciones totales siempre se miden igual (la gente muere o no muere) y no depende de la asignación (susceptible a error) a una causa de muerte. Por ejemplo, cabe preguntarse: de las muertes por COVID19 ¿cuántas corresponden a personas que iban a fallecer igualmente en 2020? Si bien esta pregunta puede parecer carente de humanidad, no olvidemos que los datos son a menudo motivadores de determinadas políticas (como el confinamiento o el cierre de negocios) cuyo resultado puede ser también muy cruel, generando problemas socio-económicos de inmenso calado en nuestro futuro y el de nuestros menores, llevando potencialmente a umbrales de pobreza a una parte significativa de la sociedad y generando inestabilidad política.

Los análisis de una sola estadística, en este caso el total de defunciones, son siempre limitados (por eso me dedico al análisis multivariante), pero espero que este análisis arroje algo de luz y sea, al menos, complementario a otros.

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Defunciones en España: Evolución de la pandemia y situación acual.

En primer lugar, me voy a basar en un gráfico de la web de Europa Press www.epdata.es. Debajo tenemos la estimación de defunciones por semana, en una serie temporal que empieza en 2016 y llega hasta la fecha actual. Podemos ver que la serie es periódica en el año, presentando un pico máximo de defunciones en las primeras semanas de cada año (2017, 2018 y 2019). Curiosamente, 2020 empezó siendo un año de relativas pocas defunciones en las primeras semanas, en comparación con años anteriores. Sin embargo, en medio de la primera ola, observamos un incremento abrupto de 12.000 defunciones con respecto al año anterior (un 150% de más defunciones).

Estimación de Muertes en España por Semana

Una forma simple pero efectiva de intentar dar sentido a los datos de defunciones para entender la gravedad de la situación, es comparar directamente las defunciones reales de 2020 con las que cabría esperar de un año normal. Cogiendo los datos de 2016-2019, podemos calcular las defunciones esperadas para cada semana del año y calcular unos límites por encima y por debajo para establecer un margen dentro del cual el número de defunciones se puede considerar el de un año normal (para ello utilizo una/dos veces la desviación típica en la serie temporal filtrada). Eso es lo que tenemos en la siguiente figura. Estos márgenes asumen ciertos conceptos estadísticos (ciclo-estacionaridad, normalidad) pero son realmente útiles para entender los datos. La figura muestra que hasta la semana 11 (mediados de marzo) y después de la semana 20, las defunciones son las esperables de un año normal. Podemos apreciar que a partir de la semana 31 (final de agosto), las defunciones vuelven a salir de la región de normalidad, aunque de forma más controlada. La franja gris establece el período de alarma. Nótese que aunque las defunciones habían vuelto a la normalidad tras la semana 20, esta gráfica no muestra el colapso sanitario, que duró más, ni tiene en cuenta la diferencia entre regiones.

Estimación de Muertes en España por Semana

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Estimación de Muertes en España por Semana

Defunciones en España: Evolución de la pandemia desigual en las Comunidades Autónomas.

En la siguiente figura aplicamos la misma idea pero extendiendo nuestro modelo: usamos los datos de 2000 a 2019 (Fuente: INE) para estimar el número de defunciones esperadas para 2020, y lo centramos sólo en el peor período de la primera ola en defunciones: semanas 11 a 20. En ese intervalo, calculamos las defunciones por semana en promedio por cada comunidad autónoma. He ordenado las comunidades de izquierda a derecha según el exceso que tuvieron de los valores esperables para un año normal. Podemos ver que Madrid, Cataluña y las Castillas se llevaron la peor parte, algo que ya conocemos. Otras regiones, sin embargo, tuvieron mucha mejor suerte.

Estimación de Muertes en España por Comunidad Autónoma

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Estimación de Muertes en España por Comunidad Autónoma

El riesgo incrementa con la edad, muy bajo por debajo de 40 años.

En la siguiente figura tenemos la misma idea pero por rango de edad, en lugar de por comunidad (Fuente: INE). Podemos ver que (aproximadamente) por debajo de los 40 años, el COVID19 no ha supuesto un incremento significativo de defunciones, incluso durante la peor parte de la primera ola. Esto quiere decir que en ese rango de edades, el número de decesos es el esperado en un año normal. Sí vemos un incremento en el rango de 0 a 4 años.

Estimación de Muertes en España por Edad

Cuando le día a leer esta entrada a algunos colegas y amigos, una recomendación interesante fue cotejar este resultado con las hospitalizaciones. En principio era reticente, por considerar (como he comentado antes) que los datos de hospitalizaciones en la primera ola son poco fiables y pueden llevar a confundir el análisis. No obstante, creo que un mensaje de “por debajo de 40 años el riesgo es nulo” es poco sensato, y por ello prefiero seguir la recomendación. En la figura de abajo, observamos los datos de ingresos que publicó el Ministerio de Sanidad en su 51º informe sobre la evolución del Covid-19 en España, justo al inicio de la peor parte de la ola (semana 12). Se trata de casos notificados como positivos con información de edad. De forma intencionada, he eliminado la información sobre el número de positivos, que como he discutido antes no es comparable con los números que se están ofreciendo actualmente. Así, muestro únicamente hospitalizaciones en planta, UCI y decesos. Por ejemplo, para personas entre 70 y 79 años tenemos más de 1600 hospitalizaciones hasta la semana 12, de las que hubo unos 300 ingresos en UCI y 160 defunciones. Es necesario comentar que los valores de edades más avanzadas no cuentan los decesos en residencia ni en el hogar, lo que los hace poco fiables (probablemente son mucho mayores). Sin embargo, lo que me interesa de esta gráfica son las edades por debajo de 40 años. Si bien es verdad que el número de decesos a esas edades es prácticamente nulo, hay un porcentaje de individuos que lo pasan mal, requieren hospitalización o incluso UCI. No obstante, queda el dato de que incluso con la pandemia en su peor ola, y después de meses sin mascarilla, distancia social y similar, menos de 600 personas acabaron en el hospital por debajo de los 40 años (hasta la semana 12).

Ingresos hospitalarios en 51º informe del Ministerio de Sanidad

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Estimación de Muertes en España por Edad

Conclusiones.

El análisis de los datos realizado ha tenido por objeto estimar, utilizando el número total de decesos en la población española durante la primera ola del COVID19, el riesgo de una segunda ola en la población. La principal conclusión es que para un rango de edad entre los 5 y los 40 años, el riesgo de deceso durante la peor parte de la primera ola no era superior que el de otros años en fechas similares. El riesgo de deceso sí fue significativo para otras edades, y creció rápidamente con la edad. Sí hubo riesgo de hospitalización para menores de 40 años, contabilizado en unas 600 personas en todo el país hasta la semana 12. Considerando que se llegó a este estado tras meses sin distancia social, mascarillas y otras medidas, es de esperar que con las nuevas medidas esos números habrían sido muy inferiores.

Este análisis tiene múltiples limitaciones. Primero, como comentaba, no soy un especialista en epidemiología. Segundo, he utilizado un enfoque únicamente basado en defunciones (totales), cuando otras dimensiones como hospitalizaciones (que sólo he reflejado levemente) o infectados son complementarias y requieren un estudio similar. No obstante, como he explicado antes, he preferido evitar esas dimensiones por la gran incertidumbre que presentan los datos de la primera ola.

Opinión personal.

Es probablemente poco sensato hacer recomendaciones con un análisis tan limitado, por eso he querido dejar mis interpretaciones en una sección de opinión personal. Estos resultados, en mi opinión, nos deben llevar a reflexionar sobre dónde poner el acento en la prevención. Parece que, efectivamente, la vuelta a las clases está avalada por los datos, ya que el riesgo en infantil, primaria, secundaria y universidad han sido hasta la fecha extremadamente bajos. También el mantenimiento de la actividad laboral, ya que la mayoría de la población activa se mantiene en niveles razonablemente modestos de mortalidad (salvo, por supuesto, personas con afecciones de riesgo). Tengamos en cuenta la tremenda repercusión para las familias y para las futuras generaciones de una crisis como la que se está desarrollando.

Yendo más allá, mi opinión personal (y discutible) es que muchas medidas deberían aplicarse (si la ley lo permite) por rangos de edad, como los datos reflejan. Esto, más allá que perjudicar a nuestros mayores, nos permitiría centrarnos en su protección. El objetivo, en cualquier caso, debe ser la prevención al interactuar con personas con condición de riesgo. Parece que es más fácil crear burbujas alrededor de las personas de riesgo, teniendo cuidado escrupuloso con nuestros mayores, que hacer burbujas en todos lados. Lo más fácil suele ser también más efectivo. Esto me lleva a tener dudas sobre medidas preventivas como el confinamiento de clases o colegios enteros, el cierre de empresas, etc., cuando no hay síntomas manifiestos ni test positivos de COVID19 en los individuos confinados. Estas medidas generan ingentes problemas socio-económicos para las familias (cuidado de menores, paro, cierre de empresas) y llevan a veces a situaciones de más riesgo, como dejar a los niños potencialmente infectados con nuestros mayores.