EL LITORAL SUMERGIDO

El litoral granadino se extiende desde el barranco de Cantarriján por el oeste hasta la Punta de Huarea en el límite con Almería. En sus 76 km de costa alternan zonas de acantilados que caen a plomo al mar, con zonas de derrumbes y playas, normalmente, formadas por cantos rodados.

La compleja orografía se refleja en la existencia de acantilados submarinos que, en el caso de la Punta de la Mona, alcanzan los 50 m. de profundidad. Esta diversidad de fondos blandos y duros favorece el asentamiento de diferentes comunidades.

Su situación en el Mar de Alborán, dentro del Mediterráneo, pero con una gran influencia atlántica, permite la convivencia de especies atlánticas junto a las propiamente mediterráneas.

Otro aspecto importante son las corrientes de divergencia o upwellings, que se producen debido a los vientos dominantes de poniente existentes en nuestro litoral. Éstos empujan las aguas superficiales, las cuales debido a la combinación del efecto de coriolis y el transporte de Ekman, se desplazan hacia el sur. El “hueco” dejado cerca de la costa por este movimiento, provoca la llegada de aguas profundas, mucho más frías y cargadas de nutrientes, que al ser expuestas al sol dan lugar a un gran incremento de la producción primaria, base de la red trófica.

Los tres factores anteriores: la orografía, la presencia de especies atlánticas y la elevada producción primaria, hacen del litoral granadino, en particular, y del mar de Alborán, en general, una de las zonas con mayor productividad del Mediterráneo.