CRINOIDEOS

Reino: Animal; Filo: Equinodermata; Subfilo: Crinozoa

CLASE CRINOIDEA

En el Mediterráneo, y en concreto en litoral granadino, sólo existen crinoideos con morfología de tipo comátula, es decir crinoideos que tienen pedúnculo en la fase juvenil y que posteriormente lo pierden para tener capacidad de movimiento, aunque la mayor parte del tiempo la pasan fijos al sustrato mediante un conjunto de cirros articulados. En estas, la parte principal del cuerpo es la corona, formada por una especie de copa, la teca o cáliz, constituida por una serie de placas esqueléticas y una membrana que lo cierra superiormente, el tegmen.

El tegmen constituiría en este caso la superficie oral-anal, ya que por el hecho de ser animales sésiles, en el tegmen se sitúa centradamente, o frecuentemente de forma excéntrica, la boca y en posición marcadamente excéntrica el ano, dispuesto sobre un tubérculo anal. En la superficie opuesta del cáliz (superficie aboral), insertados en la llamada placa centrodorsal, aparecen una serie de cirros articulados cuyo número y longitud tienen carácter taxonómico.

Tegmen de un crinoideo.

Partiendo de la zona de unión entre el cáliz y el tegmen aparecen los brazos, que se subdividen en dos. Cada uno de ellos está provisto lateralmente de una serie de proyecciones, tambien articuladas, denominadas pínnulas. El interior de brazos y pinnulas es hueco ya que está recorrido por un cordón celómico. De la boca parten cinco surcos ambulacrales que en la zona marginal del tegmen se subdividen para recorrer, en su cara interna, cada uno de los brazos. Los surcos ambulacrales ciliados, que se extienden tambien hacia las pínnulas, están provistos de pequeños podios organizados en triadas.

En la imagen se aprecian los canales y los podios de las pínnulas.

Si pensamos en la forma de los crinoideos, en la presencia de esa red de captación que suponen los brazos provistos de pínnulas, podemos comprender el tipo de alimentación que presentan. Los crinoideos son animales filtradores que durante el día se suelen encontrar protegidos en los espacios entre piedras o debajo de éstas, sujetos mediante los cirros y normalmente hacinados en grupos. Durante la noche abandonan dichos habitáculos protegidos para, realizando movimientos ondulatorios de sus brazos, “nadar” hacia sitios abiertos, frecuentemente sustratos blandos donde agitando suavemente los brazos facilitan la recogida de las partículas de materia orgánica o pequeños organismos en suspensión que el agua transporta y que les sirven de alimento. Dicho aporte alimenticio es compactado con mucus segregado por células epidérmicas de los ambulacros y conducido a manera de cinta transportadora a través de los surcos ambulacrales de pínnulas y brazos hasta la boca, gracias a la acción de cilios y podios presentes en éstos.

Antedon mediterranea alimentándose.

Los cilios interambulacrales de la superficie del tegmen provocan corrientes limpiadoras periféricas que conducen los restos alimenticios hacia los surcos. Esta sistema de alimentación es tan eficaz que existen pequeños poliquetos epizoicos, mizostómidos, o frecuentemente pequeñas gambas limpiadores, del mismo color que la comatula, que como Hippolyte huntii (Gosse, 1877) aprovechan los restos alimenticios del tegmen de los crinoideos. El tubo digestivo, con forma de U, termina en el ano por donde salen las bolas de desecho que también se concentran en el tegmen y pueden ser aprovechas por sus comensales.

Hippolyte huntii sobre un brazo de Antedon mediterranea.

Certas pínnulas de la mitad proximal de los brazos se engruesan en determinadas épocas del año para transformarse en portadoras de gónadas, que conducen los gametos al exterior mediante los correspondientes gonoporos pinnulares. Los gametos son vertidos al mar y parece ser que la liberación en primer lugar de los espermatozoides por los machos estimula a las hembras para la puesta de los óvulos. La fecundación externa ocurre en la superficie de los brazos de las hembras. Durante finales de invierno y primavera los brazos y las pínnulas de éstas se recubren de un “polvo” blanquecino ya que tanto las superficies braquiales como las pinnulares actúan como superficies de incubación.

En los crinoideos, durante el desarrollo embrionario y tras la gastrulación aparece una larva doliolaria lecitotrófica con forma de barrilete de extremos redondeados, con un penacho sensorial apical y una serie de bandas ciliares circulares locomotoras a lo largo del cuerpo, apareciendo ya una zona vestibular-bucal desarrollada. La forma larvaria se transforma en un juvenil pedunculado conocido como pentacrinoide, que vive sésil en distintos sustratos, como por ejemplo algas, hasta que mediante la correspondiente metamorfosis pierde el pedúnculo y se transforma en una forma sedentaria, pero no sésil, por la aparición de los cirros.

Juvenil de Antedon mediterranea con el pedúnculo. En la imagen de la derecha se observan las perforaciones de las placas.

ESPECIES DE NUESTRO LITORAL

Antedon mediterranea
 

MÁS INFORMACIÓN

FOTOGRAFÍAS

Juvenil de Antedon mediterranea, todavía fijo con un pedúnculo al sustrato.

BIBLIOGRAFÍA

Litoral granadino

- Ocaña, A., 2006. Equinodermos. Fauna Andaluza. pp. 174-190. En TINAUT, A. y PASCUAL, F. (Coordinadores). Proyecto Andalucía. Naturaleza. Volumen XV (Zoología III). Publicaciones Comunitarias, SL., Sevilla. ISBN: 84-933178-9-6

-OCAÑA, A., L. SÁNCHEZ TOCINO, S. LÓPEZ GONZÁLEZ y J.F. VICIANA MARTÍN. 2000. Guía Submarina de Invertebrados no Artrópodos. Ed. Comares. Granada. 471 pp.

-OCAÑA, A. y PÉREZ-RUZAFA, A. 2004. Los Equinodermos de las costas andaluzas. Acta Granatense.

AMELIA OCAÑA MARTÍN Y ÁNGEL PÉREZ RUZAFA