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El poder curativo de la escritura

Escribir sobre lo que nos afecta ayuda a sanar

     Alguna vez te has preguntado ¿qué lleva a un adolescente lleno de problemas a escribir un diario? ¿Qué hace que un poeta se sienta mejor tras volcar sus sentimientos en un papel? … Tal vez tú mismo seas de los aficionados a escribir y sepas de lo que hablamos. Aunque a lo mejor te sorprende que haya estudios científicos sobre los beneficios de la escritura e incluso terapias psicológicas que se basan en ella.

A principio de los años 80 el psicólogo James Pennebaker investigó la relación entre expresar traumas o no y desarrollar diversas enfermedades. Observó que las personas que han sufrido sucesos traumáticos y no hablan de ello tienen más probabilidades de enfermar. Si guardas tus batallas en secreto puedes tener más problemas de salud.

En cambio, escribir sobre los traumas/problemas/dolores tenía numerosos beneficios mentales y físicos. Pennebaker sugería que escribir sobre los traumas podía ayudar a las personas a recuperarse o incluso a superarlos. No sólo se ha demostrado que escribir reduce la ansiedad, el estrés, el dolor emocional,… sino que también alivia a personas que se enfrentan a enfermedades como el cáncer, o problemas cardiovasculares serios, entre otras.

¿Por qué la escritura como forma de expresión? En realidad, no tiene por qué ser escribir y serviría cualquier otra vía de expresar el sufrimiento: desahogarse con un buen amigo, dibujar el dolor,… Pero no todo el mundo tiene gente de suficiente confianza a su alrededor, o simplemente prefieren no sentirse juzgados, o se trata de problemas que otros no entenderían sin revelar detalles que tal vez no resulte positivo compartir.

Cuando escribimos nadie nos juzga, no tenemos por qué ocultar nada, nadie nos decepciona ni nos hace desconfiar. Esa es la belleza de escribir, asumimos que una hoja en blanco nos va a “escuchar” y “entender” de la forma en que nosotros necesitamos que nos escuche y nos entienda. Escribir, además, juega con el medio que principalmente utilizamos como herramienta: el lenguaje verbal.

¿Cómo nos ayuda la escritura?

     No existe una respuesta simple a esta pregunta. Como señalan Pennebaker y Chung  en su revisión sobre los beneficios y mecanismos de la escritura expresiva del año 2011, si esperamos una explicación pura y simple sobre la efectividad de la escritura, tenemos malas noticias: No hay una razón única que lo explique.

Los estudios realizados han destacado que la mente humana para estar en calma necesita encontrar una explicación y un sentido a lo que hacemos, a lo que vivimos. Cuando generamos una narrativa o historia estamos logrando desarrollar una nueva forma de entender la situación ocurrida. Escribir nos ayuda a organizar en nuestra mente lo ocurrido y darle un sentido. Un ejemplo paradigmático de cómo escribir contribuye a la búsqueda de sentido incluso en las situaciones más duras y absurdas es el famoso diario que la judía Ana Frank escribió durante la Segunda Guerra Mundial en un campo de concentración.

Además, la escritura expresiva actúa del siguiente modo:

  • Sentarnos a escribir nos ofrece un momento presente de reflexión sobre nosotros mismos y sobre la vida. En un mundo tan ajetreado como el actual esa reflexión nos permite ampliar el conocimiento de nosotros mismos y de nuestra realidad, y percibir sensaciones y pensamientos que de otro modo pueden pasar desapercibidos.
  • Debido a lo anterior es habitual que, tras escribir, acabemos entendiendo mejor nuestros problemas, e incluso encontremos posibles soluciones, todo lo cual nos descarga y ayuda a sentir mejor.
  • El cambio en el uso de pronombres personales que conlleva la escritura (como el utilizar pronombres en tercera persona) contribuye también a ampliar la visión del mundo y del problema, invitando a tomar perspectiva y permitiendo una reevaluación del evento que modifica también la comprensión del mismo.
  • Las personas tenemos tendencia a evitar aquello que nos da miedo o nos hace sufrir. Esta actitud refuerza el problema y está a la base de los trastornos de ansiedad, entre otros. Por ejemplo, es un mecanismo similar a cuando me dan miedo las arañas, las evito, y acabo desarrollando fobia a las arañas. Al escribir sobre nuestros problemas nos obligamos a entrar en un terreno pantanoso que al principio puede generar incomodidad pero al continuar con la narrativa escribir actuaría de forma parecida a como actúan las técnicas de exposición en los trastornos de ansiedad (las fobias a las arañas se resuelven exponiéndose a arañas). Es decir, el malestar se iría disipando poco a poco hasta vencer nuestras preocupaciones y temores y finalizar con una sensación de dominio.
  • Las personas que escriben desarrollan una mejora en su capacidad de expresión y esto a veces genera también una mayor facilidad para compartir aquello que les ocurre. Se crea un ciclo de reforzamiento positivo que hace que la persona cada vez escriba más y se encuentre más motivada a hacerlo por los resultados que conlleva dicha conducta.

     Ten en cuenta, como señalábamos, que escribir también puede tener efectos negativos transitorios. Entrar en la propia tristeza, decepción, desconsuelo, duelo,… y tomar conciencia de cómo nos sentimos puede intensificar treméndamente la emoción. Pero si continúas escribiendo lograrás “atravesar los infiernos” y experimentar un notable alivio junto al resto de beneficios que tiene la escritura. En conjunto, la escritura tiene muchos más efectos positivos que negativos.

Tratamiento psicológico basado en la escritura

     Los psicólogos empleamos con relativa frecuencia la escritura como herramienta terapéutica simple y poderosa. La denominada Terapia Narrativa parte de la base de que las historias con lagunas, inconclusas o plagadas de elementos distorsionados de la realidad en sentido negativo suelen acompañar a los problemas psicológicos, mientras que cuando las personas son capaces de contar sobre sí mismas y sobre su realidad historias positivas o al menos neutras, y encontrar un hilo o sentido hay mayor bienestar.

Cambiando la historia que cuentas sobre lo sucedido o sobre ti mismo puedes cambiar cómo te sientes. El terapeuta supervisa y guía la construcción de estas historias ayudando a ver a la persona elementos de desenfoque de la realidad que resultan dañinos para su bienestar e invitándola a encontrar descripciones y sentidos alternativos más positivos.

Ejercicios comunes dentro de la terapia narrativa pueden ser pedir a un paciente que escriba una historia de su problema o describa con detalle un suceso traumático, proponerle escribir una carta de despedida o dirigida a expresar algo que no tuvo ocasión de decir a alguien, o elaborar una autobiografía con la finalidad de ayudar a desarrollar una imagen distinta de uno mismo y de los distintos episodios de su vida.

Cuando un paciente expresa su historia, externaliza su problema y es como si aquello que le preocupa se desvinculara algo de su persona. Vivimos de manera distinta un problema cuando nos lo guardamos dentro que cuando lo canalizamos por alguna vía narrativa. Al escribir la persona se desdobla en dos personajes, uno que es protagonista de la historia y otro como ser narrador, lo que crea en la persona una distancia con la que poder observarse a sí mismo y probablemente tener dos perspectivas distintas de la situación.

Existen numerosas investigaciones que demuestran la efectividad de la Terapia Narrativa en problemas emocionales. Por ejemplo, el efectuar un relato minucioso del trauma experimentado es útil en el trastorno de estrés postraumático, la terapia autobiográfica es de utilidad en depresiones crónicas, etc.

En definitiva, algo tan sencillo como escribir sobre nuestros problemas o hablar sobre ellos puede ayudarnos a sentirnos mejor. No necesitamos dinero para ello, ni un talento especial para el arte o la escritura, sólo un poco de tiempo para escucharnos, un papel dónde plasmar lo que tenemos en mente y un bolígrafo (¡o un ordenador!). Lo más importante es el acto de escribir o narrar no la manera de hacerlo. Si el malestar que te genera enfrentarte a escribir tus vivencias o sufrimiento es tan intenso que no logras afrontarlo sólo pide la ayuda de un psicólogo.

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