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Duelo sin despedida por covid-19

¿Qué diferencia el duelo normal del duelo complicado?

     La muerte de un ser querido es uno de los sucesos más dolorosos de nuestra existencia. Rara vez estamos preparados para despedirnos definitivamente de quien amamos. El duelo es la reacción emocional natural a la pérdida de un ser querido.

El duelo normal produce una mezcla de emociones negativas. Las más habituales son dolor por la pérdida, sensación de incredulidad por la dificultad de creer lo sucedido e impotencia ante lo que no podemos controlar. También se puede experimentar bloqueo emocional, cólera, desesperación, shock, culpa, ansiedad, miedo o incluso alivio si valoramos que era lo mejor para esa persona.

Es bastante previsible pasar un tiempo confundido, con dificultad para concentrarse o pensar con claridad. Triste y como desconectado de los demás. Con ausencia de interés en nada, excepto en pensar en la persona que perdimos. Haciendo cosas para tratar de sentirnos cerca de ella o, por el contrario, tratando de evitar todo lo que nos la recuerda.

Estas reacciones de duelo por la pérdida de un ser querido afectan incluso a las personas más fuertes y, a veces, de forma totalmente distinta a como esperaban. O’Connor en su artículo de 2019 “Grief: A Brief History of Research on How Body, Mind, and Brain Adapt” revisa cómo el duelo afecta no sólo a nuestra emoción sino también a nuestro cerebro y a nuestros sistemas corporales pudiendo perjudicar nuestra salud si no se resuelve bien.

El dolor puede llegar a parecer insoportable e interminable como sabemos los que hemos atravesado duelos traumáticos. Hace falta tiempo para adaptarse a todos los cambios que suceden en nuestra vida cuando muere un ser querido. Cada persona hace frente de forma distinta a la pérdida y el tiempo de adaptación depende de nuestra relación con el fallecido y del papel que desempeñaba en nuestra vida.

El período de dolor más agudo suele durar desde semanas a varios meses en los que la persona muestra síntomas parecidos a los de una depresión (ej., tristeza, problemas de sueño, falta de apetito, dificultades de concentración, etc.). Tras la sensación de irrealidad inicial, la mayoría de emociones negativas serán máximas a los 6 meses (anhelo, cólera, pena…) y mejoran en torno al año. Los períodos temporales no deben verse de forma rígida, porque cada persona sigue su ritmo.

La mayoría de las personas va superando de forma gradual este dolor y se adapta a la pérdida. La adaptación no ocurre de una vez. Suele oscilarse entre momentos en los que uno afronta bien sus dificultades y otros en los que se deja llevar por la pena.

En algunas personas el proceso de adaptación se descarrila y la intensidad del dolor sigue siendo alta mucho tiempo resultando imposible aceptar la pérdida o imaginar un futuro sin esa persona. Esta es la condición conocida como “duelo complicado”, “trastorno de duelo complejo persistente” (Diagnostic and statistical manual of mental disorders, 5th edn) o “trastorno de duelo prolongado” (International Clasification of Diseases, 11th edn).

Algunas características personales (ej. padecer de antes de la pérdida problemas psicológicos como depresión) y de tu situación (ej. vivir solo tras la pérdida) aumentan el riesgo de un duelo difícil. Pero también existen factores que pueden mejorar o agravar a los anteriores y que dependen más de ti. Algunos de los factores más importantes que pueden impedir el proceso de curación de un duelo son los siguientes:

  • Catastrofizar la muerte. Es decir, enfocar de la forma más dramática posible lo sucedido (ej., pensar que va a pasar lo peor, que uno no saldrá de esta, que su vida ya no tiene sentido, etc).
  • Rumiar constantemente. Una rumiación es como un pensamiento que no se completa nunca por no poder llegarse a una conclusión clara (ej., pasar muchas horas dándole vueltas a lo injusta que ha sido su muerte, a lo que uno podría haber hecho, a cómo habrá muerto realmente, a cómo sería mi vida sí aun estuviera vivo, etc). El impacto negativo de estos estilos de pensamiento en la trayectoria del duelo se ha demostrado en diversos estudios (por ejemplo, en el reciente estudio de Smith y Ehlers, 2020)
  • Esforzarse en evitar todo lo que recuerda al difunto (sus objetos personales, los indicadores de que ya no está, personas o lugares que lo evocan, actividades que se hacían juntos, etc.). O todo lo contrario: escapar de la realidad pasando un tiempo excesivo entre los recuerdos del difunto.
  • Ignorar o evitar las emociones dolorosas (ej., no permitirse sentir dolor, mantenerse muy ocupado para no pensar, etc).
  • Sentirse extremadamente incómodo o culpable por experimentar emociones positivas. Es totalmente normal alternar momentos de dolor con otros en los que uno puede estar mejor. Pero algunas personas en duelo consideran inadecuado permitirse esos momentos y se culpan o castigan por ello.
  • Tener patrones de sueño irregular (ej., empezar a dormir durante el día acostándose tardísimo). Así como descuidar las conductas de cuidado personal (higiene, alimentación, …).

Todas estas reacciones son normales en algún momento del duelo pero si dejas que tomen el control mucho tiempo puedes estancarte en tu proceso de duelo.

¿Cómo afecta al duelo la actual crisis sanitaria por covid-19?

     Además de las características de la persona que afronta el duelo, de su situación y del tipo de relación con el fallecido, las circunstancias de la muerte tienen un impacto. Al respecto, las circunstancias específicas que rodean a las muertes en esta época de alarma sanitaria por Covid-19 pueden dificultar las reacciones de duelo normal.

A continuación, se exponen los principales elementos negativos que acompañan a la muerte en el contexto actual de crisis sanitaria. No obstante, piensa que la vivencia de cada pérdida es única y depende de muchos factores. No es posible predecir cuándo un duelo se va a complicar o no.

– Muerte repentina e inesperada. En los fallecimientos por covid-19 hay poco tiempo para prepararse para un desenlace fatal. Algunas muertes suceden en días, horas,… lo que es distinto de cuando un familiar lleva meses o años con una enfermedad grave. Las muertes por sorpresa son más complicadas de elaborar y generan una fuerte sensación de incredulidad o irrealidad. Además, pueden fomentar estados de shock , así como ansiedad y miedo al representar un desafío a nuestro sentido de control y de orden en el mundo. Las personas que afrontan muertes inesperadas es más probable que muestren rumiación intentando entender lo sucedido, lo que como hemos visto agrava el duelo.

Un meta-análisis reciente estima que aproximadamente un 10% de la población en duelo puede acabar sufriendo duelo complicado. Sin embargo estas cifras son mucho más elevadas en las muertes repentinas sobre todo si la víctima es de menos edad. Las muertes repentinas pueden ser naturales (ej., infarto, ictus, muerte súbita del bebé), accidentales, por suicidio u homicidio. Por ejemplo, en casos de suicidio de un 35-83% padecerá duelo complicado según el parentesco, entre otros aspectos. No se dispone de datos aún respecto al duelo por casos de covid-19.

Imposibilidad de acompañamiento y despedida. La persona que queremos muere sin que la podamos acompañar ni en su proceso de enfermedad ni en sus últimos momentos. Que nos queden cosas por comunicar o por resolver con un ser querido fallecido puede originar un duelo complicado, especialmente si quedaba un conflicto pendiente. No poder abordar el conflicto puede producir ira o culpa que impida elaborar el duelo. La imposibilidad de despedirse convierte el tema en un “asunto inacabado” y puede obstaculizar un duelo normal. Estamos viendo como algunos profesionales sanitarios, en medio de su vorágine de trabajo, logran facilitar una llamada entre la persona ingresada y sus familiares. Se trata de un gesto de gran valor.

Angustia intensa previa al desenlace. Dado que por motivos de seguridad sanitaria no podemos acompañar a nuestro familiar enfermo, se viven días o semanas de gran angustia que van minando la resistencia psicológica de la persona. Para cuando se recibe la fatal noticia, los familiares pueden estar agotados y con alta ansiedad. Este nivel de ansiedad sostenido tiene el gran problema de poder acentuar la reacción emocional que se da ante la noticia (ej. experimentándose un ataque de ansiedad). Un ataque de ansiedad es una experiencia altamente desagradable que puede contribuir a “marcar como traumático” un determinado momento. Por ejemplo, en los estudios efectuados en contextos de catástrofes de otro tipo (como atentados terroristas) se ha demostrado que las personas que sufren un ataque de ansiedad tienen más probabilidades de desarrollar estrés post-traumático que las que no.

Ausencia de velatorio y funeral. La muerte sucede sin poder ver su cuerpo, sin poder realizar un velatorio y funeral. Estos elementos ayudan a elaborar el duelo. Nos permiten ir asimilando la pérdida, nos ayudan a combatir la incredulidad. Pueden aparecer fantasías sobre que haya habido un error y se hayan confundido de cuerpo, la sensación de que queda algo importante por hacer que impide avanzar, preocupación por su alma al no haber podido efectuar la ceremonia religiosa correspondiente, etc.

Miedo a habernos contagiado. Cuando fallece un familiar por covid-19 podemos sentir miedo a habernos contagiado y poder morir nosotros mismos, más o menos grave en función del tipo de roce que hayamos tenido con él y de nuestro perfil o no de riesgo. Esta emoción es distinta a lo que experimentamos con otro tipo de muertes en las que no se nos pasa por la cabeza la idea de poder morir nosotros. Este miedo contribuye a sobrecargarnos psicológicamente intensificando el estado emocional negativo.

El apoyo social de familiares, amigos y conocidos. Es un elemento importante para afrontar cualquier duelo. El distanciamiento físico impuesto por la crisis sanitaria debido al covid-19 imposibilita que muchas de las personas que podrían apoyarnos estén físicamente presentes.

– Por último, la situación de confinamiento conocida por todos, limita las posibilidades de distracción o involucración en actividades que vendrían muy bien para sobrellevar mejor los momentos de dolor (ej., el contacto con la naturaleza, hacer deporte al aire libre, las reuniones con amigos, etc.).

Recomendaciones prácticas

     Aunque el proceso de afrontar el duelo es algo muy personal, también existen puntos en común entre las personas. Para afrontar el duelo de una forma sana tienes que intentar alcanzar un equilibrio entre concederte un espacio para el dolor por esa persona y continuar con tu vida. Tan contraproducente resulta actuar como si nada e ir deprisa, como dejarse arrastrar por una espiral de tristeza y victimismo.

En la entrada de este blog sobre duelo complicado puedes encontrar información sobre las fases o tareas que hay que ir atravesando para resolver un duelo. Algunas de ellas pueden parecerte muy lejanas aún si acabas de perder a alguien. Tómate con calma esa lectura, puedes hacerla más adelante si lo prefieres. Por eso, aquí nos vamos a centrar en lo que puedes hacer desde ya para fomentar que tu duelo siga su curso natural y prevenir que tu proceso de duelo se estanque:

Si eres profesional sanitario, recuerda que puedes notificar la muerte de un modo que ayude. Muéstrate empático y responde todas las preguntas que te hagan. Los familiares tienen una fuerte necesidad de entender las circunstancias que han rodeado a la muerte. Distintos estudios muestran que las tres necesidades principales ante una muerte súbita son entender cómo y por qué ha muerto esa persona, poder despedirse y recibir apoyo. Utiliza con claridad la palabra muerte o fallecimiento sin eufemismos (nos ha dejado, ya descansa en paz, etc.), expresa que lo sientes y deja algún teléfono o recurso al que pueda acudir la persona si lo necesita. Los Colegios de Psicólogos de las distintas comunidades han puesto en marcha teléfonos de apoyo gratuitos tanto para sanitarios como para afectados.

Apóyate en tus familiares y amigos. El que no puedan estar físicamente presentes no significa que no podáis estar conectados. Utiliza el teléfono, las videollamadas…y desahógate. Hablar de lo sucedido e intercambiar impresiones y sentimientos te ayudará a ir asimilando la realidad de la pérdida. Si eres el familiar o amigo de alguien que ha perdido un ser querido, llámalo e insiste si notas que le cuesta contestar.

El funeral u otros ritos también ayudan a aceptar la realidad de la pérdida, que es el primer paso en cualquier proceso de duelo. Aunque existen importantes limitaciones en la situación actual para llevar a cabo un funeral tal y como se solía hacer, puedes encontrar alternativas. Lleva a cabo algún ritual que para ti tenga sentido (ej., haz un pequeño altar en casa, enciende una vela ante su foto, rezad juntos por esa persona, etc). Lo más poderoso es la intención. Además, ten la seguridad de que cuando sea posible habrá importantes ceremonias para honrar y conmemorar a todas las víctimas de esta pandemia.

Necesitas despedirte de tu ser querido. Algunas personas confunden esto con decirle “adiós”. Probablemente aún no estás listo para eso. Y de hecho, una parte de ti siempre mantendrá una conexión perdurable con esa persona. Lo que quiere decir despedirse es que tengas la oportunidad de expresarle lo que te hubiera gustado decirle (ej., expresar tu amor, darle las gracias por ciertas cosas, pedirle perdón por algo pendiente, etc.). Puedes escribir una carta dirigida a esa persona donde recojas todo lo que desees expresar. No caigas en una idealización irreal. Puedes expresar tanto aspectos positivos como otros negativos, construyendo una imagen humana y no por ello menos valiosa de esa persona. Hazlo con tiempo y recogimiento. Es un ejercicio muy especial e importante.

Fomenta pensamientos realistas sobre lo sucedido evitando la catastrofización o dramatismo y la rumiación negativa. Trata de pensar de forma objetiva en relación a cuestiones que te preocupen. Por ejemplo, en vez de “debió de sentirse muy sólo y desamparado sin nadie allí”, “cuanto sufriría el pobre”, etc. Ten claro que los sanitarios que lo han atendido son excelentes profesionales, que se están dejando la piel y hacen su trabajo con entrega. Tu familiar estuvo bien atendido y se hizo lo que se pudo.

Tampoco sobrevalores el efecto negativo de no haber podido estar allí cuando falleció. Es una renuncia generosa pensando en el bien común. Además, existen estudios previos a la crisis del covid-19 que demuestran que estar presente en la UCI en el momento de la muerte de un familiar se asocia a peor trayectoria del duelo, probablemente porque las características del entorno no permiten la intimidad ni el tipo de despedida que uno desearía.

Expresa tus emociones. No evites sentir ese dolor. Aparte de compartirlo con los que te apoyan es muy útil canalizar la expresión emocional en tareas de tipo creativo. Valen muchas opciones y la mejor para ti depende de tus gustos y habilidades  (pintura, música, fotografía, danza, coser…). Tomar la costumbre de escribir una especie de diario puede ser terapéutico. Te ayuda a aprender de ti y de tu experiencia, sin las barreras que a veces podemos sentir para expresar a alguien ciertas cosas. Además se puede convertir en una forma de resolver problemas y nuevas tareas si te acostumbras a escribir asuntos que debes abordar.

Se paciente, date un tiempo, se amable y flexible contigo mismo. No te culpes. Culpa significa cometer una mala acción de forma deliberada. Claramente no eres culpable de nada de lo sucedido. Nadie podía imaginar el resultado.

Cuídate incluso más de lo que lo hacías antes. Aliméntate de forma sana. Cuida de tu sueño y mantén horarios de sueño regular. Haz ejercicio físico. En cuanto te sea posible salir, son especialmente recomendables las actividades al aire libre y el contacto con la naturaleza.

Reinventa una nueva forma de estar conectado con tu ser querido (haciendo algo bueno en honor a él/ella, llevando encima algo especial, etc.). Y fomenta tu espiritualidad del modo en que consideres oportuno.

Si sientes que no avanzas busca ayuda profesional. Un psicólogo puede ayudarte a superar un duelo difícil. No tomes medicación. La investigación ha demostrado que los antidepresivos no resuelven el duelo. Considera en su lugar participar en un programa de terapia cognitivo-conductual o mindfulness que puede aportar cambios importantes a tu vida.

El ser humano es resiliente y puede incluso crecer después de la adversidad. Las personas podemos superar muertes dramáticas y seguir adelante fortalecidas.

 

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