Adicción al móvil

El “mágico” teléfono móvil

     La tecnología de la información y la comunicación desarrollada en las últimas dos décadas ha revolucionado nuestra forma de entender el mundo. Una nota distintiva de esta revolución es la cultura de la portabilidadrelacionada con la creación y democratización de los teléfonos móviles de altas prestaciones.

Podemos acceder a dispositivos móviles que pueden realizar casi cualquier tarea, desde localizar un restaurante hasta compartir de forma inmediata un contenido en las redes sociales. El uso del teléfono móvil no ha dejado de aumentar y se ha convertido en una de las herramientas más necesarias para afrontar la vida cotidiana de forma “normal”. Casi el 90% de los adultos emplea Internet, en los adolescentes y jóvenes el porcentaje es de cerca del 100%, y en las personas mayores de 64 años se reduce al 53%.

     Este cambio ha traído muchos elementos positivos. Algunas de las ventajas del uso del teléfono móvil son las siguientes:

  • Permite obtener una gran cantidad de información de forma fácil y eficiente satisfaciendo múltiples necesidades de los usuarios.
  • El móvil es muy atractivo para la comunicación e interacción personal. Ayuda a superar limitaciones temporales y espaciales, y facilita la conexión con otras personas de forma instantánea.
  • El móvil es más ergonómico que los ordenadores tradicionales para ciertos usos. Incorpora la tecnología del ordenador y, además, posee características adicionales, como, por ejemplo, aplicaciones sensibles al contexto o la incorporación de sensores con retroalimentación en tiempo real.
  • El desarrollo de aplicaciones de tecnología móvil relacionadas con el cuidado de la salud ha crecido de forma rápida y está demostrando su utilidad para el diagnóstico a distancia, seguimiento y tratamiento de múltiples condiciones, así como para fomentar estilos de vida saludables (p. ej., promover el ejercicio físico). En el ámbito de los problemas psicológicos, Menon, Rajan y Sarkar (2017) revisan los estudios que utilizan Apps de móvil en problemas de ansiedad, depresión y adicciones, entre otros, concluyendo que las Apps son viables, aceptables y permiten obtener resultados positivos.
  • En ciertos colectivos, por ejemplo, personas con discapacidad, personas mayores con ciertas dolencias, etc., además de lo anterior aumenta la sensación de control, seguridad y libertad.

     Junto a estas innumerables ventajas, también ha habido un aumento de su uso problemático. La mayoría de los problemas no son causados por la tecnología en sí misma, sino por el uso que hacemos de ella.

¿Cuándo el uso del móvil se convierte en un problema?

     El uso problemático del móvil se define en función del tiempo y la atención que le dedican los usuarios en detrimento de otras actividades, e incluye todo aquello que hasta hace poco se relacionaba con la adicción a Internet.

La adicción al móvil afecta, según distintos estudios, a un porcentaje de entre 10-25% de los usuarios. Un estudio con adolescentes españoles (Moral y Súarez, 2016) encuentra un uso más problemático en las chicas y en los adolescentes de mayor edad.

     No existen criterios diagnósticos oficiales ni en la última edición del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-V) de la American Psychiatric Association (2013) ni en la última actualización de la International Statistical Classification of Diseases and Related Health Problems (ICD-10) de la World Health Organization (2016).

No obstante, la mayoría de las definiciones insisten en tres elementos que caracterizan la adicción al móvil:

  • Usar constantemente el móvil o demasiado tiempo. No existe un número de horas igual para todo el mundo a partir del cual se establezca que ya existe adicción. En algunos estudios a partir de 3-4 horas se considera muy problemático y hasta 1-2 horas un uso más moderado. El tiempo debe valorarse en función de las circunstancias de cada caso (p. ej., no es lo mismo el caso de un adulto que emplea el móvil como parte de su trabajo que el de un adolescente en período escolar).
  • Mostrar ansiedad y comportamientos agresivos si no puede utilizarse el móvil. Se ha denominado nomofobia (No-Mobile Phone-Phobia) al miedo irracional y sentimientos intensos de incomodidad o angustia por no poder usar el móvil, estar desconectado o fuera de cobertura (ej. Kuss y Griffiths, 2017).
  • Deterioro de las actividades escolares, laborales o sociofamiliares. Uno de los principales elementos que definen la adicción al móvil es que debido al tiempo de uso del mismo la persona empieza a descuidar sus tareas académicas, domésticas, sus relaciones familiares, etc.

   La adicción al móvil tiene una dinámica similar a otras adicciones comportamentales (o sin sustancias) como el juego patológico, las compras compulsivas, el consumo de pornografía y/o la adicción al sexo. En cualquier conducta adictiva se pierde la capacidad de elegir si detener o continuar el comportamiento a pesar de sufrir consecuencias negativas. Es habitual la sensación de perder la noción del tiempo mientras se usa el móvil y sentir luego culpa por haber invertido mucho tiempo.

Una conducta no adictiva produce un sentimiento de agrado o bienestar debido al reforzamiento positivo (p. ej., una mujer compra un vestido después de decidir de forma consciente que le hace falta y tiene el dinero para ello). En las adicciones los beneficios dejan de ser tan agradables como una vez lo fueron.

La conducta adictiva está gobernada por un proceso de aprendizaje llamado reforzamiento negativo. Es decir, lo que mueve a la persona no es el obtener un premio o beneficio sino escapar del malestar (p. ej., una compradora compulsiva compra de forma no consciente y más que divertirse acaba después experimentando culpa y otros sentimientos negativos por su acción). Esta dinámica es común a cualquier adicción (p. ej., un no alcohólico disfruta de una cerveza, una persona adicta al alcohol bebe para escapar del malestar o de los síntomas de abstinencia).

     El uso excesivo del móvil puede generar efectos negativos similares a los producidos por cualquier adicción:

  • Síntomas de abstinencia con ansia (craving) o deseo compulsivo e irracional de usar el móvil cuando no es posible su uso. Algunas personas pueden experimentar  alucinaciones auditivas de oír el terminal o táctiles de sentir su vibración.
  • Lo anterior puede acompañarse de conductas agresivas de distinta gravedad.
  • Estado de hiperactivación con dificultades para concentrarse y realizar tareas.
  • Problemas de sueño.
  • Síntomas de ansiedad y depresión.
  • Puede limitar el desarrollo de relaciones sociales y reforzar el aislamiento social.
  • Diversos problemas de salud como dolor de cabeza, pérdida de audición, afecciones oculares o dolor muscular en pulgares y muñecas.
  • Asumir conductas de riesgo como atender el móvil mientras se conduce.
  • Problemas financieros.

¿Qué hacer ante la adicción al móvil?

     Existen similitudes psicológicas y neurobiológicas en la base de todas las adicciones. Las personas que tienden a engancharse con los móviles, al igual que sucede con otras adicciones, pueden tener ciertas características de personalidad y/o buscar evadirse de sus problemas emocionales o familiares.

Distintos estudios han observado que hay mayor riesgo de adicción al móvil en personas con estados emocionales negativos, baja autoestima, baja capacidad de control de impulsos y alta necesidad de búsqueda de sensaciones.

La edad de más riesgo es la adolescencia, en esta etapa las relaciones sociales cobran más importancia y el adolescente intenta definir su identidad de forma autónoma distanciándose de sus padres. A veces, la adicción surge en el intento de afrontar un contexto interpersonal problemático, en alguien con malas relaciones sociales (y poco apoyo de los padres), pero el abuso del móvil sólo servirá para empeorar la situación.

Además, el fenómeno del policonsumo es un hecho demostrado. En las adicciones a sustancias el consumo de alcohol y cannabis aumenta el riesgo de consumir cocaína y drogas de diseño, y tener problemas con el juego. En el ámbito de las adicciones comportamentales el abuso del móvil y de los videojuegos, puede acabar asociándose a la compra compulsiva y la adicción sexual, o el consumo de alcohol, tabaco, cannabis y otras drogas.

La similaridad en la dinámica de todas las adicciones y el riesgo de policonsumo hacen conveniente, en algunos casos, centrarse no sólo en el uso del móvil en sí, sino también en esa serie de factores que aumentan el riesgo de adicción en general. Para ello el enfoque más aceptado es la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) que se centra en trabajar con los pensamientos, aprender a regular las emociones negativas y las conductas inadecuadas.

Algunas recomendaciones para evitar el abuso del móvil serían las siguientes:

  • Intenta identificar qué factores preceden a los momentos en los que “te has pasado” usando el móvil. Pueden ser estados de ánimo negativos, como la ansiedad o depresión, o simplemente el aburrimiento. La mejor manera de abordar estos estados no es escapar con el móvil. Es importante que desarrolles recursos que de forma saludable te permitan lidiar con esos momentos (p. ej., practicar relajación, contactar con un amigo para quedar o hablar un rato es más saludable que pasar horas mirando Instagram o respondiendo Whatsapp). Hoy en día muchos padres actúan así con sus hijos: si se aburren en una reunión social le dejan el móvil. Cuidado con lo que enseñamos. Es más saludable que el niño busque cómo entretenerse.
  • Establece qué actividades son prioritarias para ti en función de tus metas de vida. Planifica realizar primero las actividades que son más importantes para ti y permítete un rato de móvil sólo si has cumplido con las actividades anteriores. Por ejemplo, no es lo mismo que una madre o padre dedique un rato a curiosear con el móvil una vez ha acostado a sus hijos, recogido la casa, etc. que usar el móvil de un modo que habitualmente retrase la dinámica del resto de la familia. Y si en ese momento el móvil fuera un sustituto de una buena conversación con su pareja tampoco sería la mejor opción.
  • El móvil como ocio, no es ocio de calidad. Como actividad lúdica dedicar tiempo a “vagar por el móvil” es parecido a hacer zapping por TV sin un plan concreto. A veces, puedes encontrar una buena peli y otras muchas sentirte vacío después de haber perdido el tiempo. Existen actividades mucho más satisfactorias que estar con el móvil (p. ej., hacer deporte, pasear, etc.). Recuerda que el móvil debe ser una herramienta a tu servicio, no un instrumento que se apodere de tu tiempo de forma aleatoria.
  • Si tienes oportunidad de estar cara a cara con otras personas en una reunión o encuentro del tipo que sea, minimiza el uso del móvil al máximo excepto para llamadas muy necesarias o emergencias.
  • Dormir con el móvil encendido y cerca de uno es el colmo de la permisividad respecto a ser controlado, bastante al azar, por el móvil. Si quieres tener un sueño de calidad y ser dueño de tu tiempo de descanso, deja el móvil en modo avión.
  • Toma la sana costumbre de “perder” de vez en cuando el móvil, estableciendo períodos de tiempo en los que desconectar absolutamente.
  • Si tienes hijos adolescentes jóvenes, acostúmbralos a desconectar el móvil o no tenerlo cerca mientras hacen los deberes. Cuando los hayan acabado, establece un tiempo de uso durante los días de clase que te parezca razonable (p. ej., desde ninguno a un máximo de 30 minutos). Ese tiempo puede aumentarse algo los fines de semana pero tampoco de forma exagerada.
  • Supervisa el uso del móvil que hacen tus hijos (que no lo tengan en su dormitorio de noche) y edúcalos para hacer un uso responsable sensibilizándolos con los peligros de compartir cierto tipo de información o participar en ciertas dinámicas (p. ej., el acoso cibernético) que pueden ser constitutivas de delito.

     El uso abusivo del móvil es un problema real que afecta de forma importante a quienes lo padecen. Puede acarrear problemas comparables a los que producen las drogas, afectando no sólo a adolescentes sino también a los adultos. Como de otras adicciones, se puede salir y ver mejorada sustancialmente la calidad de vida. Si no puedes lograrlo sólo no dudes en ponerte en manos de un profesional.

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Bruxismo

¿Qué es el bruxismo?

    El bruxismo o rechinar de dientes es un patrón rítmico de actividad durante el sueño en el que los músculos de la mandíbula se tensan y producen un contacto y rozamiento intenso entre los dientes superiores e inferiores.

Hay que distinguir entre el bruxismo del sueño y el bruxismo despierto o de la vigilia, pues se trata de manifestaciones con causas y características distintas.

El bruxismo del sueño se considera una alteración neuromuscular durante el proceso de sueño que produce movimientos rítmicos de la mandíbula asociados a una intensa excitación neuronal o microdespertares. La forma más frecuente del bruxismo del sueño es el rechineo, que produce sonidos desagradables de rozamiento entre los dientes, aunque también puede aparecer (aislado o combinado) un apretamiento silencioso de los dientes.

El bruxismo despierto o de la vigilia es una contracción muscular sostenida (no rítmica) de los músculos de la masticación y de la región cervical, sin propósitos funcionales, cuya manifestación preponderante es el apretamiento silencioso de los dientes.

El bruxismo del sueño suele aparecer durante la fase más ligera de sueño (fase 2) y en los momentos de transición entre distintas fases de sueño, especialmente en los momentos de transición al sueño REM. De forma previa al episodio de bruxismo, sin que la persona sea consciente, el sueño se vuelve más superficial (el electroencefalograma muestra microdespertares o intrusión de alfa) y aumenta la actividad simpática por lo que suelen acompañarse de movimientos corporales y taquicardia.

Por ello, un exceso de bruxismo de noche puede acarrear síntomas de alta activación del sistema nervioso autónomo como sudoración, palpitaciones o tensión alta. Al despertar son habituales las molestias en los dientes y la articulación temporomandibular, cefaleas y fatiga junto a una menor sensación de descanso.

Puede aparecer o no daño muscular, articular o dental, ya que existe gran variabilidad respecto a la intensidad y características del bruxismo nocturno o de la vigilia en cada caso como intenta clarificar un reciente consenso sobre este problema. La evaluación es compleja porque idealmente debiera realizarse un estudio del sueño (polisomnografía) con grabación de video, pero debido al coste de este tipo de prueba suele recurrirse al informe de la pareja o los padres en el caso de los niños.

El bruxismo del sueño parece ser un trastorno frecuente. Según diferentes estudios, la prevalencia media en la población general es de aproximadamente un 8%. Es bastante más frecuente en niños menores de 11 años, pero tiende a desaparecer solo a medida que crecen.

¿Cuáles son las causas del bruxismo?

     Las causas del bruxismo despierto se conocen mejor que las del bruxismo del sueño. El bruxismo despierto se considera que está causado principalmente por estrés asociado a responsabilidades personales, familiares o laborales. La existencia de alteraciones morfológicas puede contribuir a este tipo de bruxismo pero no es su causa. El bruxismo diurno puede observarse también en ciertas poblaciones especiales (p. ej., pacientes psicóticos) como efecto secundario de la medicación que toman.

Los mecanismos del bruxismo nocturno no se conocen por completo, pero se han identificado algunos factores que lo favorecen:

  • Alteración fisiológica. Una posibilidad es que el estado de hiperactivación cerebral y autonómica asociado al bruxismo se deba a alguna patología. Por ejemplo, tanto en niños como adultos con bruxismo del sueño se ha informado de niveles elevados de catecolaminas que pueden afectar la actividad muscular mandibular durante el sueño.  No obstante, en la mayoría de casos de la población general es poco probable que una alteración neurológica o metabólica sea la causa primaria ya que el poder tener algún episodio de bruxismo forma parte de la fisiología normal y muchas personas lo presentan en una época y no en otras.
  • Factores psicológicos. El estado de hiperactivación cerebral y autonómica puede ser en muchos casos una respuesta a factores ambientales. Un estado psicológico alterado puede inducir esa hiperactividad. El papel del estrés es importante (p. ej. el inicio o el agravamiento de los episodios de bruxismo coincide en muchos casos con situaciones vitales estresantes como estar en período de exámenes, casarse, etc.), aunque no suele asociarse con trastornos psicológicos. Puede actuar de la misma forma cualquier elemento que moleste durante el sueño activando a la persona (p. ej., muchos padres han observado episodios de bruxismo en niños con lombrices).
  • Factores morfológicos. Aluden a discrepancias oclusales (p. ej. mala oclusión dentaria debido a una interferencia entre las cúspides de los dientes, etc.) y a las relaciones anatómicas de las estructuras óseas de la región orofacial. La falta de equilibrio oclusal, por razones dentales o esqueléticas, puede activar los receptores periodontales con una respuesta muscular secundaria de tipo reactivo. Aunque, las personas con equilibrio oclusal y maxilar también son susceptibles de mostrar bruxismo y viceversa. Por ello, actualmente se considera que los factores morfológicos pueden contribuir pero no son la causa del problema.

¿Cómo se trata el bruxismo?

     El tratamiento del bruxismo está poco desarrollado, faltan estudios bien controlados y la mayoría de las estrategias que se utilizan son paliativas pero no resuelven el problema. Un monográfico del año 2015 sobre distintos aspectos del bruxismo y su tratamiento puede encontrarse en la revista ADM.

Como medida general conviene revisar la higiene del sueño (hábitos de vida y condiciones que rodean al sueño) por si se detecta algo que pueda estar agravando el bruxismo del sueño (p. ej., fumar o tener un horario de sueño irregular).

Igualmente, hay que tener en cuenta que a veces el bruxismo puede ser un efecto secundario de ciertos fármacos (p. ej, algunos antipsicóticos, antipdepresivos inhibidores de la recaptación de serotonina, bloqueadores de los canales de calcio, etc.).

El bruxismo infantil tenderá a desaparecer solo a medida que el niño crezca. Sólo se aconseja intervenir cuando los episodios son muy frecuentes, intensos y/o duran mucho tiempo para intentar evitar posibles consecuencias negativas.

     A continuación se describen las principales opciones terapéuticas disponibles para el bruxismo del sueño y de vigilia:

  • Intervención odontológica. Las fundas dentales u otro tipo de prótesis son útiles para prevenir o limitar el daño dental o morfológico provocado por el bruxismo pero no resuelven el problema, ni mejoran la peor calidad de sueño de estas personas. Por otra parte, corregir la mala oclusión dentaria puede ayudar en ciertos casos, aunque tampoco es un enfoque aplicable de forma general al bruxismo (de sueño o despierto).
  • Terapia farmacológica. No existen fámacos que específicamente traten el bruxismo. De hecho, se inyecta incluso botox en los músculos maseteros que mejora el problema (mientras dura el efecto de la sustancia). Los estudios bien controlados han informado de la ineficacia a largo plazo de la mayoría de los fármacos. En adultos, las benzodiacepinas o relajantes musculares pueden tener algún papel a corto plazo, en especial si hay dolor secundario al bruxismo (de sueño o despierto), pero cuando dejan de tomarse el problema reaparece. En el caso de los niños, los efectos secundarios de este tipo de fármacos (p. ej., somnolencia, relajación de musculatura no afectada, disminución de reflejos, etc.) son más marcados por lo que se desaconseja su uso.
  • Tratamiento psicológico. A nivel psicológico se han desarrollado tres tipos de estrategias:
  1. Técnicas de rejalación y reducción del estrés. Aprender cualquier técnica de relajación muscular, o mindfulness, que haga a la persona consciente de su exceso de tensión muscular y le enseñe a relajar los músculos correspondientes; así como mejorar las estrategias de afrontamiento de los problemas cotidianos con terapia cognitivo-conductual puede mejorar el bruxismo asociado a tensión emocional. Este es el tratamiento de elección en el bruxismo diurno pero también puede ser beneficioso en el del sueño. La hipnosis ha demostrado también en algún estudio mejorar el bruxismo del sueño a corto y largo plazo.
  1. Biofeedback. Es un dispositivo que da a la persona información sobre determinadas respuestas de su cuerpo, de las que habitualmente no se tiene un control voluntario, logrando a través de esa información que la persona aprenda a modificarlas (p. ej. tensión arterial, temperatura, etc.). En el caso del bruxismo del sueño se ha empleado biofeedback electromiografico (EMG) del músculo masetero. Cada vez que el equipo detecta un episodio de bruxismo (definido individualmente tras un período de evaluación) se activa una alarma (luz o sonido) que despierta a la persona. Después de un cierto número de noches, la persona logra que no vuelva a activarse la alarma, es decir, aprende a eliminar los episodios. Se ha informado de retrocesos al retirar el aparato y, además, el mayor coste de esta opción frente a la relajación la hace una solución menos eficiente.
  1. Técnicas conductuales. Rechinar voluntariamente los dientes durante un rato varias veces al día (práctica masiva negativa) logra a veces eliminar el bruxismo pero hay que investigar más como lograr que no se reinicie al suspender el tratamiento. Por otra parte, en algún estudio con niños se ha utilizado un procedimiento de despertar más sobrecorrección centrado en las primeras dos horas de sueño que mantenía la mejoría en el tiempo. Los padres registran varias noches los sonidos de rechineo, las siguientes noches despiertan a su hijo al oír los sonidos, después se vuelve a la fase de observación (sin intervenir), luego vuelven a la fase de despertarlos y de nuevo a la de observación. Si aun es necesario se introduce una nueva fase consistente en despertarlos cuando rechinan los dientes y pedirles que hagan una tarea aburrida (sobrecorreción) (p. ej., lavarse la cara, etc.).

     A veces, se ha usado una combinación de las fundas dentales y técnicas conductuales como la sobrecorrección en forma condicionamiento aversivo gustativo. La técnica se aplica mediante un aparato dental que lleva acopladas unas cápsulas de plástico entre los molares superiores e inferiores. En dichas cápsulas se introduce un liquido desagradable (p. ej., agua con sal) de modo que al rechinar se rompe la cápsula y la persona se despierta. Tras reemplazar las cápsulas uno se puede volver a dormir. Aunque como en otras técnicas, hacen falta más estudios sobre su eficacia y, en especial, sobre cómo lograr que los beneficios se mantengan en el tiempo.

     Puesto que los factores que influyen en el bruxismo son muy diversos, el mejor tratamiento es multidisciplinario identificando en cada caso las necesidades existentesLa terapia psicológica, que no sólo no tiene efectos secundarios sino que puede ser útil para muchas otras áreas, es de interés siempre que se identifiquen factores de estrés. A su vez, la intervención odontológica es un complemento útil cuando la existencia de alteraciones dentales o morfológicas lo justifique.

 

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¿Funcionan las tablas de puntos?

¿Qué es un programa de economía de fichas?

     Casi seguro habrás oído hablar alguna vez de las famosas “tablas de puntos” o puede ser que las utilicen en alguna de las clases del colegio de tus hijos.

Técnicamente a esta estrategia se la denomina economía de fichas y es un recurso bastante eficaz para solucionar una amplia gama de problemas de conducta.

La economía de fichas se desarrolló inicialmente en la década de los años 60 en el contexto de pacientes recluidos en instituciones psiquiátricas donde demostró su utilidad para controlar de forma adecuada las conductas de los internos. En nuestros días se han convertido en un recurso muy popular en el ámbito de la educación infantil.

A través de la tabla de puntos o economía de fichas se establece un sistema de organización de contingencias que combina distintos procedimientos de cambio de conducta. Una contingencia es lo que sigue a la conducta.

Recordemos que la conducta se explica por las contingencias o consecuencias que la siguen. De manera que tendemos a repetir lo que se sigue de consecuencias agradables y a evitar lo que se sigue de consecuencias desagradables.

Organizar una tabla o programa de puntos es algo relativamente sencillo pero para poder hacerlo bien se necesitan ciertas nociones sobre aprendizaje infantil.

Por ello, si te interesa poder aplicar este recurso como parte de la educación de tus hijos necesitas leer antes de esta entrada, los artículos de este blog sobre reforzamiento positivo, sobrecorrección y castigo negativo, en ese orden.

¿Cómo se organiza una tabla de puntos?

     La tabla de puntos es como “un traje cortado a medida”, es decir, debe diseñarse específicamente para cada caso una vez evaluadas las necesidades existentes. Para aplicar la técnica hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Elaborar una lista con aquellas conductas que los padres quieren que sus hijos hagan. Las conductas a trabajar deben estar especificadas de forma concreta. Por ejemplo, “quiero que sea más responsable” no es muy preciso. Es más claro si decimos “quiero que haga sus deberes antes de ponerse a jugar”. Si el niño tiene edad suficiente, se le explica en qué consiste el programa.
  • Hacer una lista de cosas, eventos o actividades que le gusten al niño y que se van a utilizar como reforzadores positivos (premios). Al aplicar la tabla entregamos puntos o fichas (pueden tener la forma de pegatinas, sellos, etc.) que pueden cambiarse por esos premios según ciertas reglas. Por tanto, necesitamos establecer en una hoja “el precio” en puntos de cada premio. Por ejemplo, ir al cine a ver una película que le interesa vale 10 puntos.
  • Asignar un valor en puntos a cada una de las conductas que van a ser premiadas. Las fichas se entregan o se pierden inmediatamente después de que sucedan las conductas que deseamos aumentar o reducir. Por ejemplo, cada tarde que tras merendar y relajarse un poco se ponga a hacer los deberes le doy 2 puntos. Si tras un aviso se niega a hacerlos le quito 2 puntos.
  • La no emisión de estas conductas deseables implica la retirada de puntos. Pero dejamos claro cómo pueden recuperarse los puntos (realizando las conductas adecuadas). Por ejemplo, al no quererse poner a hacer los deberes tras un aviso le quito 2 puntos. Entonces va y se pone a hacerlos. No puedo darle 2 puntos porque sino lo que refuerzo es que tarde en obedecer pero podría no quitarle puntos (la primera vez que suceda), y recordarle que si mañana se pone a tiempo puede ganarse 2 puntos.
  • Organizar de antemano cómo controlar posibles comportamientos negativos al retirar los puntos. Si al retirar los puntos el niño empieza a portarse mal lo ignoramos (extinción) pero si el mal comportamiento alcanza límites que no consideramos aceptables podemos aplicar sobrecorrección, tiempo fuera o coste de respuesta. Por ejemplo, al hacer un comentario positivo a su hermana, que sí se ha puesto a hacer los deberes, Juan la insulta y le tira la libreta. Le pediríamos que se disculpara con su hermana y le recogiera la libreta (sobrecorrección). Si no lo hace y se pone a chillar, le avisamos que aparte de perder 2 puntos por no hacer deberes se va a quedar sin ver TV toda la tarde (coste de respuesta).
  • Al principio debe ser fácil obtener fichas portándose bien para motivar al niño (p. ej., al inicio del programa se le regalan 2 puntos para motivarlo), pero a medida que avanza el programa subimos el nivel de exigencia. Es importante evitar que se genere un saldo de puntos muy negativo o el niño se desmotivaría totalmente al no tener nada que perder y no poder ganar nada aun portándose bien.
  • Cada vez que realiza una conducta deseable aparte de dar los puntos debemos utilizar reforzadores sociales (sonreírle, decirle lo orgullosos que estamos, lo campeón que es, etc.) para luego poco a poco ir sustituyendo los puntos por estos reforzadores sociales y así lograr que la conducta sea más estable y no dependa de premios materiales sino de aspectos como su propia satisfacción por hacerlo bien, el vernos contentos, etc.
  • La tabla debe estar expuesta en un sitio visible (por ejemplo, puerta del frigorífico, un lugar de la sala de estar, etc.) y recoge los días de la semana y un espacio cada día para poder colocar los puntos. Junto a la tabla deben figurar las conductas objetivo, los premios acordados, el precio en puntos de cada premio y lo que sucederá si se porta mal.

¿Qué problemas puedo encontrarme aplicando tablas de puntos?

     Tal vez te haya llegado información mixta sobre las tablas de puntos, unas veces alabando su gran eficacia y otras criticando su utilidad. Ten presente que cuando se diseñan y aplican del modo adecuado funcionan. De hecho, son un recurso muy habitual en los programas de cambio de conductas o en el Entrenamiento de Padres dentro de la Práctica Basada en la Evidencia.

Pero si se elaboran con prisas y se aplican con inconstancia o sin tener una idea clara de lo que se está haciendo no sólo no funcionarán, sino que incluso cabe la posibilidad de que hagan más resistentes al cambio ciertos comportamientos problemáticos. Y eso sin contar el desánimo y las expectativas negativas que pueden invadir a los padres por su intento fallido.

A continuación recogemos algunos errores comunes que hay que intentar evitar:

  • No quieras resolverlo todo a la vez. Se recomienda que como máximo se aborden 2-3 conductas objetivo y no se introduzcan otras nuevas hasta lograr éstas. Incluso si estás trabajando con algún objetivo muy difícil para el niño, mejor centrarse sólo en eso.
  • Recuerda que los premios sólo funcionarán si el niño no tiene acceso de otra forma a las cosas que le gustan. Por ejemplo, si vas a utilizar como premio sobres de cromos y el abuelo cada vez que viene de visita le trae cinco sobres, olvídate de que esto funcione. Tiene que haber “hambre” del reforzador.
  • Mantén la calma y aplica la tabla con afecto y amabilidad. Te ayudará a esa actitud el tener claro que “sólo es un niño o niña”, y “los niños pueden ser así”. No lo hace por fastidiarte. Cuando se porta del modo no adecuado, simplemente expresamos con tranquilidad “acabas de perder 2 puntos” (o los que sean) y lo marcamos en la tabla de forma que el niño lo vea. Si explotas, gritas, etc. pasas técnicamente al modo castigo tradicional que es contraproducente y no funciona.
  • Conocer bien qué estás haciendo y por qué te ayudará a aplicar con éxito el programa y a introducir las variaciones oportunas en función del progreso. Por ejemplo, el niño no se ha puesto a hacer los deberes pero lo vemos muy frustrado y ha puesto por propia iniciativa la mesa, cosa que no había hecho nunca. Aparte de expresarle nuestro afecto, si es la primera vez que no cumple podemos no quitarle los puntos, darle un punto extra por actividades deseables no previstas, etc.
  • Si cuando llega tu pareja u otras personas cuestionan tus pautas y actúan de forma diferente, esto no funcionará. El programa debe ser aplicado de forma coherente por los distintos adultos que conviven con el niño en su casa. Es menos perjudicial si las reglas que rigen son otras pero se trata de una casa distinta, como sucede típicamente en casa de los abuelos.
  • Si empezamos con el programa no podemos comportarnos de forma distinta un día que no tenemos ganas, tiempo, paciencia, etc. La única excepción es que el niño se ponga malo y haya que aplicar reglas distintas unos días (si es que eso interfiere con la conducta que estemos trabajando). Por eso es importante elegir el momento adecuado para empezar con la tabla de puntos.
  • No retires la tabla de puntos de golpe. La retirada del programa debe ser gradual para que los beneficios se mantengan en el tiempo. Esto puede lograrse haciendo cada vez más difícil la obtención de puntos (p. ej., al principio tras 15 minutos de estudio, luego 30 minutos, etc.) aumentando el tiempo entre la entrega de puntos (al principio a diario, luego cada dos días logrando el objetivo, etc), aumentando el precio de cada premio y asociando desde el principio del programa la entrega de puntos con reforzadores sociales de forma que éstos puedan servir ahora como premio final que mantenga sólo el comportamiento.

Si tienes muchas dudas o te enfrentas a conductas problemáticas que por su intensidad o frecuencia se salen de lo habitual lo más recomendable es consultar con un profesional.

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