¿Es saludable perdonar?

“El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe.”

William Shakespeare

¿Qué es el perdón?

     El perdón ha sido un concepto históricamente asociado a las religiones y a la filosofía, donde se estudió por siglos de manera teórica. Después de la Segunda Guerra Mundial se intensificó el estudio del odio, por la necesidad de entender cómo un individuo, país o etnia, podía ser capaz de cometer masacres y genocidios. Con el paso de los años el foco de las investigaciones se centró en cómo sanar las secuelas del odio. Finalmente, gracias al surgimiento de la Psicología Positiva hace apenas dos décadas, se impulsó el estudio científico del perdón, empezando a aparecer estudios que lo relacionaban con la salud mental y física, y con procesos sociales.

El perdón no es tolerar una injusticia, no es olvidar, no es excusar o justificar el daño sufrido. Perdonar es una decisión altruista que significa renunciar al poder y al vínculo establecido entre víctima y agresor, abandonando todo deseo de venganza. Al tratar de entender qué es el perdón es útil conocer a su antagonista, el odio, que podría definirse como un sentimiento procedente de la elaboración a través del pensamiento de la emoción de ira. Freud (1915) desde el psicoanálisis lo entendía como “un estado del yo que desea destruir la fuente de su infelicidad”.

El objetivo del perdón sería remplazar los sentimientos de ira, traición y dolor por otros sentimientos más prosociales o constructivos. Perdonar es un proceso individual interno y no se debe confundir con la reconciliación, que es un proceso que se da en la relación con otra persona.

Es curioso que a nivel neuroanatómico varias de las regiones que se activan en el cerebro  cuando una persona odia, como la ínsula o el putamen, son las mismas que se activan cuando experimenta sentimientos de amor romántico. Este hecho tiene que ver con que ambos sentimientos pueden conllevar actos agresivos e irracionales.

Es importante matizar que no todas las ofensas están al mismo nivel, por ejemplo, una traición amorosa y una violación no tienen las mismas repercusiones, por lo que el proceso de perdón será distinto. En este post nos centraremos más en aquellos actos transgresivos no asociados a reacciones de estrés post-traumático.

¿Qué consecuencias tiene perdonar?

     Eliminar los sentimientos negativos de resentimiento, odio y venganza a través del perdón trae consigo efectos beneficiosos a nivel psicológico, físico y relacional. El perdón ayuda a superar las secuelas derivadas del odio,  evitando que se vuelvan crónicas y se conviertan en una carga de la cual no podemos librarnos.

  • Mayor bienestar psicológico. Un reciente meta-análisis sobre los efectos beneficiosos del perdón de Akhtar, Dolan y Barlow (2017) destaca como consecuencias positivas la percepción de bienestar mental, la reducción de las emociones negativas (tristeza, culpa, enfado), el aumento de las emociones positivas, una sensación de crecimiento espiritual, de mayor significado de la vida y el empoderamiento personal. Estos beneficios se aplican a las dos condiciones de recibir perdón: por parte de la víctima y por el propio sujeto (autoperdón). En otros estudios se ha observado una asociación entre perdonar y mostrar menor incidencia de diversos trastornos psicológicos (ej. trastornos de la conducta alimentaria, trastornos de personalidad, etc.).
  • Mejor salud física. Da Silva, Witvliet y Riek  (2017) demostraron que perdonarse a uno mismo así como recibir el perdón de otro se relaciona con una menor actividad del sistema nervioso simpático, lo que genera consecuencias cardiovasculares positivas. Un aspecto importante del perdón que destacan otras investigaciones es su potencial de uso en pacientes con enfermedades como el SIDA, fibromialgia, cáncer y enfermedades terminales. En estas situaciones el perdón puede considerarse como un mediador entre la respuesta emocional y la salud debido a que muchos pacientes se pueden percibir a sí mismos como víctimas y a la enfermedad en sí como una transgresión.
  • Mejora de nuestras relaciones. Distintos estudios han enfatizado que el perdón es un mecanismo clave de nuestras vidas que ayuda a reparar nuestras relaciones, devolviéndonos los efectos positivos que estas nos aportan. Por ejemplo, cuando perdonamos nos replanteamos la concepción que tenemos del agresor y ejercemos un importante acto de empatía hacía él descubriendo una humanidad compartida. Esta serie de elementos son positivos para la construcción de relaciones sanas con los demás.

¿Cómo perdonar?

     El perdón es un fenómeno complejo, e incluso controvertido, que depende en gran medida de la situación y la persona que perpetra la transgresión. Un importante meta-análisis sobre los factores que influyen en el perdón concluye que están involucrados componentes como el tipo de personalidad, el tipo de relación con el transgresor, factores específicos de la ofensa  y factores socio-cognitivos, siendo el más importante la empatía o capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Por ejemplo, las personas que por su personalidad disfrutan con el poder que les confiere la posición de víctima pueden complicar el perdón. Por otra parte, el deseo de querer perdonar es mayor hacia aquellas personas que se perciben como cercanas y con las cuales se comparte algún vínculo positivo. Aunque eso no significa que por ello el proceso de perdón vaya a ser más fácil, ya que la ofensa o el daño que proviene de una persona cercana se siente con más dolor que si procediera de un desconocido.

     En el proceso de perdonar pueden diferenciarse distintas etapas. Según el clásico modelo de Enright y Fitzgibbons (2000) sobre el perdón existen cuatro fases que a su vez implican distintas tareas:

1ª etapa: Reconocer el daño sufridoLo primero es reconocer que se ha recibido un daño, evitando su negación, y expresar ese dolor de la forma más constructiva posible. Dejando salir los sentimientos de rabia, enfado o vergüenza. Tomando conciencia del modo en que objetivamente nos ha afectado lo sucedido y también de toda la “energía” que invertimos en preocupaciones y pensamientos negativos sobre lo sucedido. Seguir atrapados en la ofensa nos perjudica.

2ª etapa: Elegir la opción de perdonar. Para poder perdonar debemos alejarnos del resentimiento y del deseo de venganza. Querer perdonar es siempre sinónimo de querer dejar de sufrir. Perdonar no sólo es positivo para el que comete la ofensa, sino también para el que perdona. El perdón guarda una estrecha relación con la religión (por ejemplo, un estudio reciente de Fincham y May, 2019 demuestra la relevancia de sentirse perdonado por Dios y no sólo por el otro). Pero es que aparte de los beneficios espirituales, comporta importantes beneficios psicológicos y para la salud.

3ª etapa: Aceptar la rabia, el sufrimiento, y perdonar. Se trabaja la empatía y compasión hacia el que ha cometido la ofensa. Esto puede ser bastante difícil, por ejemplo, en situaciones de abuso. Se desarrolla la aceptación de los sentimientos dolorosos fortaleciendo aquellos valores y acciones que nos hagan enfocarnos y comprometernos  con el perdón. El perdón se enfoca como un regalo moral.

Al mismo tiempo deben establecerse estrategias para autoprotegerse. El perdón no implica que estemos dispuestos a aceptar ser atacados u ofendidos de nuevo. Analizar el episodio ocurrido en el cual hemos sido dañados también nos sirve para crear estrategias que nos permitan protegernos de futuros peligros. Por ejemplo, en un estudio de McNulty se demostraba que aquellos maridos y esposas que estaban más dispuestos a perdonar a sus parejas tenían niveles más altos de satisfacción marital, pero si la parte ofendida perdonaba inmediatamente después del incidente (ej. una infidelidad) se reforzaba esa conducta infiel y tendía a mantenerse en el tiempo. Por eso se concluye que un punto calve para perdonar a la pareja es acompañar el perdón de un cambio de conducta.

Esta etapa suele implicar también una expresión explicita de perdón que se organizará de forma diferente según cada caso (ej. efectuar un rito simbólico, escribir una carta que puede o no ser enviada, etc.)

4ª etapa: Profundizando y creciendo a través del perdón. Perdonar puede aportar nuevos significados a nuestra vida. Se anima a la persona a que piense en sus propias faltas y las veces que ella misma ha sido perdonada. Todos necesitamos el perdón en nuestra vida. Se ayuda a la persona a prestar atención a la transformación positiva que ha experimentado al perdonar. Por ejemplo, ha disminuido el malestar emocional y aumentan la esperanza y la auto-aceptación.

Si somos nosotros mismos quienes ofendemos o herimos a los demás es muy importante saber pedir perdón. Pedir perdón lleva implícitas una serie de acciones para evitar que no vuelva ocurrir lo sucedido y restituir el mal causado.

La petición de perdón debe de llevar consigo una serie de pasos: reconocer que se ha ofendido o herido al otro, sentir de verdad el dolor del otro, analizar la propia conducta y las motivaciones y sentimientos que nos llevaron a cometer el acto, pedir perdón explícitamente al otro, y  restituir el daño causado.

Falta investigación sobre programas o intervenciones concretas para lograr el perdón. No obstante, la compasión es un elemento habitual de las terapias basadas en mindfulness y aceptación que si han demostrado ampliamente su eficacia en numerosas condiciones.

A veces perdonar puede ser una tarea difícil y dolorosa que requiere de la ayuda especializada de profesionales como los psicólogos. Pide ayuda si necesitas que alguien especializado te guíe y te acompañe en este proceso. Por doloroso que parezca, puedes transitar esas situaciones adversas que te han herido y salir fortalecido de ellas. Perdonar es un camino que vale la pena recorrer.

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¿Cómo respirar bien?

¿Cómo respiras?

     La oxigenación de nuestro cuerpo a través de la respiración es esencial para que se produzcan importantes reacciones de combustión en nuestras células. Al inspirar o tomar aire entra oxígeno (O2) en los pulmones y al espirar o soltar el aire se exhala dióxido de carbono (CO2). Durante esta combustión se genera energía que es almacenada en el cuerpo en forma de compuestos químicos. El oxígeno es tu principal combustible.

Si respiras de forma superficial se produce una oxigenación deficiente que a corto plazo se asocia a fatiga, falta de energía, pobre concentración, fallos de memoria, etc. y a largo plazo puede llevar a problemas de salud física y mental. Por tanto, es muy importante respirar bien porque si la oxigenación falla, la salud se resiente.

La respiración es un proceso automático (sucede porque estás vivo). Por eso, es probable que nunca te hayas parado a pensar en cómo estás respirando. No obstante, la acción automática de respirar puede verse influida por numerosos factores. El estilo de vida estresante de nuestros días hace que muchas personas respiren mal sin saberlo. Según un informe de la World Health Organization de 2016, 350 millones de personas en el mundo están afectadas de estrés. La mala oxigenación ayuda a cronificar el estrés y puede llevar a problemas de salud.

¿Respiración torácica o diafragmática?

     Si haces una respiración profunda ¿notas que la zona de tu cuerpo que más se mueve es el tórax?  ¿tensas el pecho al respirar? Una respuesta afirmativa a estas preguntas sugiere que tienes un patrón de respiración torácico. En la respiración torácica, los pulmones se inflan y desinflan a través de la expansión y contracción del pecho. Esto da lugar a una oxigenación poco eficiente pues con esta respiración el aire no llena los pulmones de forma correcta. La respiración torácica es un tipo de respiración más superficial y debe producirse a un mayor ritmo para cubrir las necesidades de oxígeno. Esta forma de respirar se asocia a fatiga, ansiedad, tensión, etc. Respiramos así cuando estamos estresados y viceversa, respirar de forma torácica ayuda a perpetuar estados emocionales negativos. En el extremo puede llegarse a hiperventilar  como sucede en los ataques de ansiedad.

Para respirar correctamente hay que activar el diafragma. El diafragma es el músculo que separa la cavidad torácica de la cavidad abdominal. Cuando contraemos el diafragma al inspirar el abdomen se expande o sube hacia arriba permitiendo una completa entrada de aire a los pulmones. A continuación, el diafragma se relaja y el abdomen se contrae, ejerciendo una presión que ayuda a la expulsión del aire de los pulmones. La respiración diafragmática o abdominal es la más saludable (p. ej., es la que podemos observar en un bebé dormido). Aunque en algunas situaciones sí está indicada la respiración torácica, por ejemplo, cuando hacemos ejercicio físico intenso (aquí la respiración abdominal sería útil en la fase de recuperación).

Al respirar de forma abdominal, la oxigenación es óptima pues los pulmones se llenan completamente de aire y esto permite reducir el ritmo respiratorio. Si enlentecemos lo suficiente la respiración abdominal podemos alcanzar estados de calma y relajación.

Beneficios de la respiración diafragmática

     El patrón respiratorio tiene efectos a nivel físico y psicológico. Algunos de los beneficios de la respiración abdominal son los siguientes:

  • Mejora la función cardiovascular. A través de las interacciones entre la respiración y el sistema cardiovascular mediadas por el nervio vago, el patrón de respiración abdominal favorece la salud del corazón y el descenso de la presión sanguínea.
  • Mejora la función digestiva. La respiración abdominal activa el sistema nervioso parasimpático lo que favorece la digestión y el tránsito intestinal.
  • Aumenta la capacidad pulmonar pues consigue llevar más cantidad de oxígeno a los pulmones. Por ejemplo, en un estudio de Hunt et al. (2018) publicado en el Journal of Clinical Sport Psychology se demuestra en 76 atletas universitarios que practicar respiración diafragmática aumentaba el volumen tidal y reducía la frecuencia cardíaca en comparación con la respiración pausada o el entrenamiento en relajación muscular. En otros estudios se ha destacado su utilidad como complemento en el tratamiento del asma (revisión Cochrane de Thalita et al., 2016) aunque en ese ámbito deben efectuarse más estudios.
  • Una mejor oxigenación se relaciona incluso con un mejor aspecto de la piel.
  • Cuando la oxigenación es mejor hay más sensación de energía y menor fatiga.
  • Reduce los síntomas de ansiedad y favorece estados emocionales positivos convirtiéndose en una técnica de autocontrol muy recomendable para afrontar el estrés. En distintos estudios se ha demostrado que la respiración abdominal reduce los niveles de cortisol (un indicador objetivo de estrés).
  • Cuando la respiración abdominal se realiza a ritmo lento y profundo permite alcanzar estados de relajación. De hecho esta forma de respirar es parte integrante de cualquier técnica de relajación y mindfulness. A su vez, la relajación tiene múltiples ventajas para el organismo como se ha expuesto en entradas previas.

¿Cómo hacer respiración diafragmática?

     La respiración diafragmática es fácil de aprender y tiene efectos notables. En una revisión reciente de Hopper et al. (2018) (Database of Systematic Reviews and Implementation Reports) sobre la eficacia y beneficios de la respiración diafragmática se destaca su papel en la reducción del estrés y su eficiencia, por ser una intervención rápida, de muy bajo coste y eficaz.

     La respiración diafragmática puede ser parte de un procedimiento más amplio de relajación o mindfulness o emplearse sola. Es muy importante que una vez aprendida tomes la costumbre de respirar así siempre que puedas y practiques a diario. Para aprender a hacer respiración diafragmática hacer puedes seguir estos pasos:

  • Siéntate erguido pero con los hombros y el cuerpo relajados, sin tensión. También puedes acostarte boca arriba si lo prefieres (las primeras veces ayuda a notar el movimiento del estómago flexionar las rodillas apoyando los pies en la superficie donde estés). Cuando hayas aprendido a respirar así puedes hacerlo de pie e incluso caminando.
  • Coloca una mano sobre tu vientre y la otra sobre tu pecho, y observa cómo es tu respiración en ese momento. Si se mueve la mano del pecho, estás respirando de forma torácica. Puedes cerrar los ojos si lo prefieres, pero no es imprescindible.
  • Toma aire lenta y profundamente por la nariz mientras cuentas hasta tres intentando que el pecho no se mueva y que tu abdomen suba al inspirar. Mientras más extiendas el diafragma y más profundo respires, más se “hinchará” tu vientre y mejor se llevará a cabo la respiración. Adopta una actitud pasiva, sin forzar nada. Ten en cuenta que lo de contar hasta tres es aproximado, a medida que se enlentezca tu ritmo podrías llegar a contar mucho más.
  • Una vez esté el aire dentro de tu cuerpo, con el estómago hinchado, retenlo durante varios segundos y percibe tus pulmones llenos de aire.
  • Cuando sientas la necesidad de exhalar o soltar el aire, suéltalo por los labios ligeramente entre abiertos. Hazlo de manera relajada y tranquila, contando hasta tres lentamente (como hacíamos para inspirar). Notarás como el abdomen se deshincha. A algunas personas les resulta relajante emitir un suave sonido audible al expulsar el aire por la boca.
  • Antes de volver a inspirar por la nariz, haz una breve pausa de varios segundos, hasta notar que tu cuerpo te demanda más aire.
  • Repite este proceso varias veces. Intenta observar cuidadosamente los cuatro momentos que tiene tu ciclo respiratorio (inspirar-pausa-espirar-pausa, y así sucesivamente…).

Comienza con pocos minutos y ve aumentando el tiempo a medida que domines la técnica. Algunas personas se ponen nerviosas y parece como si no supieran respirar la primera vez que intentan hacer esto. Es un efecto muy pasajero que desaparece rápido insistiendo en la práctica.

Recuerda no forzar nada. La respiración es automática, es decir va a suceder de todas formas, simplemente concéntrate en como tu estómago sube y baja con cada respiración.

Puede ser útil poner música relajante o acompañar la respiración de alguna visualización que te apetezca (por ejemplo, imaginar que el aire que entra en tu cuerpo es de un color que te encanta y aporta energía y al salir de ti arrastra fuera lo que te preocupa o molesta…).

Practicar aproximadamente 10 min. cada día tiene un efecto notable en tu salud. ¡¡Pocos recursos de ayuda cuestan tan poco y aportan tanto como respirar bien!!

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Profecía autocumplida: El Efecto Pigmalión

¿Qué es una profecía autocumplida?

     La profecía autocumplida, o que se autorrealiza, es una expectativa o forma de ver a una situación o persona que hace que esta visión, inicialmente falsa, se vuelva realidad.

Aunque el fenómeno se conoce desde siempre, y existen numerosos ejemplos del mismo en la historia o la literatura universal, el término profecía autocumplida se debe al sociólogo Robert K. Merton que inició su estudio en los años 80.

En el ámbito específico de la psicología y la educación se denomina Efecto Pigmalión a la influencia potencial que la creencia que una persona tiene de otra ejerce en el comportamiento de esta última. En el mito griego de Pigmalión, el escultor de este nombre se enamora de una de sus creaciones, Galatea que representa su ideal de mujer, y ésta al final acaba cobrando vida gracias al amor que Pigmalión le profesa.

Es decir, parte de nuestro comportamiento está influido por el modo en cómo nos ven los demás. Las creencias y expectativas que otras personas tienen sobre nosotros afectan al modo en que actuamos.

La profecía autocumplida actúa en todos los ámbitos del funcionamiento humano. El fenómeno se ha documentado científicamente a nivel social, familiar, educativo, laboral o económico. Un ejemplo paradigmático figura en la novela Traficantes de dinero de Arthur Hailey: se hace correr el rumor de que un banco va a quebrar. La gente alarmada por el rumor acude en masa a retirar su dinero lo que finalmente acaba generando un colapso de la entidad. Estudios recientes demuestran, por ejemplo, cómo las expectativas afectan al mercado bursátil  (las previsiones de cambios económicos afectan a las decisiones de los inversores antes de que se produzcan los cambios) o político (las encuestas pueden influir la decisión de voto).

¿Cómo actúa la profecía autocumplida?

     Aunque los mecanismos que enlazan la creencia de otra persona con un efecto objetivo en la conducta de la persona a quien se dirigen dichas creencias son complejos y necesitan más investigación, se trata de dinámicas de tipo psicológico.

¿Cómo la expectativa o creencia sobre alguien incita a actuar a esa persona de forma congruente con lo que se espera de ella? Estas creencias nos llevan a comportarnos de un modo distinto con esas personas. Tratamos a las personas de forma diferente según lo que pensamos de ellas y le transmitimos de forma directa o indirecta nuestra creencia. Esto tiene consecuencias en el comportamiento de dichas personas, porque la persona responderá al tipo de trato que le damos. Esta forma de comportamiento finalmente produce ciertos resultados que tenderán a confirmar la creencia inicial. Curiosamente, el que tiene la falsa creencia, percibirá el curso de los acontecimientos como una prueba de que estaba en lo cierto desde el principio.

     La profecía autocumplica se estudió primero en el ámbito educativo. Numerosos estudios de Rosenthal y Jacobson en los años 60-70 demostraron que los profesores tratan de forma distinta a los alumnos según las expectativas que tienen de ellos. En algunos de estos estudios estas expectativas se manipulaban de forma deliberada: teniendo un grupo de alumnos similares en capacidad e inteligencia, al profesor se le indicaba que varios de ellos eran alumnos extraordinarios con capacidad más elevada de la media. En otros casos, se hacía lo contrario, al profesor se le decía que varios alumnos eran problemáticos y con capacidad más limitada que la media. Al finalizar el curso los alumnos sobre los que se genera una expectativa positiva tienen un rendimiento e integración social superior a los restantes aunque las diferencias iniciales entre ellos eran inventadas. Lo mismo sucede pero al contrario cuando se genera una expectativa negativa.

Los alumnos que son objeto de expectativas positivas sobre su rendimiento escolar reciben más atención (p. ej., se mantiene más contacto ocular con ellos y se les sonríe más, se genera un clima positivo de aprendizaje, se les pregunta con más frecuencia, sobre temas más estimulantes, reciben más feedback de su progreso, etc.) lo que lleva a estos alumnos a rendir mejor, confirmando así las expectativas de sus profesores. Por el contrario, los profesores ignoraban o tendían a evitar a los alumnos que consideraban problemáticos y atrasados lo que llevaba a peores resultados.

Un estudio reciente de Szumski y Karwowski (2019) sirve de ejemplo de este tipo de resultados. Estos autores llevan a cabo un estudio longitudinal con 1488 estudiantes polacos de 13-15 años de edad de 108 clases de 40 colegios distintos. De forma consistente con el Efecto Pigmalión, las expectativas positivas de los profesores se asociaban a mejor rendimiento de los alumnos en matemáticas tres semestres después aún controlando numerosas variables que podían haber afectado a los resultados.  Las matemáticas son más sensibles que otras asignaturas al Efecto Pigmalión y por eso seleccionan esa medida. El efecto se debía en parte a que las expectativas positivas aumentaban el autoconcepto en rendimiento en matemáticas de estos alumnos y eso les llevaba a rendir mejor.

Interesantemente, el efecto no sólo se observa a nivel individual sino a nivel de clases enteras, así, las expectativas positivas sobre toda una clase tienen un efecto positivo en el rendimiento de toda la clase. Las mejores expectativas se producían en las clases de niños con alto estatus socioeconómico y sin o con pocos estudiantes con discapacidad y vicerversa.

     El conocido Efecto Rosenthal se relaciona también con estos estudios y alude a que las expectativas o sesgos de un investigador puede influir en el comportamiento de los sujetos estudiados, por eso actualmente para garantizar la calidad de cualquier investigación en cualquier ámbito se emplea el llamado ciego o doble ciego (la persona que evalúa un efecto no puede conocer las hipótesis de un estudio o lo sesgará sin querer).

     En el mundo empresarial se da esta misma dinámica entre jefes y empleados. La desconfianza y bajas expectativas de un jefe sobre un determinado empleado generará desmotivación y bajo rendimiento en dicho empleado y viceversa.

Diversos estudios, por ejemplo Madon et al., 2018, demuestran que los prejuicios sociales hacia ciertos grupos tienen el efecto de perpetuar el estereotipo en el tiempo con un efecto acumulativo (nuevas personas juzgarán a ciertos grupos minoritarios o desfavorecidos a través de las conductas estereotípicas que expectativas previas negativas de otros les llevaron a adoptar) lo que es una fuente magnífica de desigualdad social que debe llevarnos a la reflexión.

Algunas aclaraciones y recomendaciones prácticas

  • ¡Si las expectativas interpersonales son capaces de crear la realidad más nos vale cuidar dichas expectativas! Recuerda que el fenómeno actúa en todos los ámbitos de la vida humana y te es aplicable tengas el rol que tengas. Por ejemplo, si  si desconfías de tu pareja o de tu hijo/a estás aumentando las probabilidades de que realmente te engañe.
  • Hasta cierto punto, tu vida personal es tu vida personal… pero ¿que sucede si eres una persona llena de prejuicios, recelo hacia los demás y pensamientos negativos sobre las personas? Pues que si eres padre o si te dedicas  ámbitos como la enseñanza o la salud, o eres jefe de una empresa o institución tu efecto sobre los demás puede ser  lesivo. En ese caso deberías revisar tus creencias y tratar de desarrollar la mejor visión positiva de cada una de las personas que dependen de tí.  Sólo así generas el contexto oportuno para que sus potencialidades de rendimiento se puedan desarrollar.
  • La investigación señala que hay que estar especialmente atentos cuando nos relacionamos con personas de grupos minoritarios o que sabemos que desafían nuestros prejuicios personales. La creencia o el sesgo es falso por definición (si uno tiene pruebas reales para tener cierta expectativa no se llama efecto Pigmalión) y se manifiesta con más facilidad en situaciones que tienen que ver con la raza o la etnia, el sexo, diferencias socioeconómicas marcadas, o etiquetas diagnósticas (p. ej. estudiantes con hiperactividad).
  • La profecía autocumplida puede actuar de forma positiva (alguien cree que puedo conseguir un objetivo y eso me ayuda a lograrlo) o de forma negativa (mis padres creen que seré un mal estudiante y eso hace más probable que yo lo sea). No obstante, es muy importante saber que los estudios muestran que el efecto es más potente en sentido negativo.  De hecho, los estudios sobre el Efecto Pigmalión propiamente dicho se han centrado en la faceta negativa.
  • Cuando una expectativa negativa afecta a una persona no sólo se verá resentido su rendimiento o se producirá un cambio en su comportamiento sino que los estudios demuestran un impacto relevante en el propio autoconcepto o idea que la persona tiene de sí misma, así como en su  motivación y el esfuerzo que estará dispuesto a invertir por un objetivo. Esto es importante porque, por ejemplo, según distintos estudios el autoconcepto correlaciona entre 0,49-0,69 con el éxito académico.
  • También hay que tener en cuenta que el efecto es probabilístico. Afectará sobre todo a ciertas personas y en ciertas circunstancias. Por ejemplo, los meta-análisis muestran que el tamaño del efecto de la expectativa del profesor o Efecto Pigmalión oscila entre 0.10-0.20, o expresado con una métrica distinta, que afectará mucho entre un 5-10% de los alumnos. El poder del efecto es mayor cuanto más importante sea para nosotros la persona que mantiene la expectativa y más cercana nuestra relación con ella (p. ej., una expectativa positiva fuerte de los padres hacia el rendimiento de su hijo puede amortiguar las expectativas negativas de un profesor).
  • Por último, pero clave: la creencia debe ser genuina. Es decir, no vale disimular que no pienso mal de esta persona o tengo un prejuicio hacia ella porque lo notará a través de complejos mecanismos psicológicos. Si realmente quiero dar a las personas con las que me relaciono la mejor oportunidad posible de expresar su potencial positivo tengo que convertirme en un “espejo limpio que les devuelva una imagen neutra o, mejor aún, positiva de si mismas y no deformada por mis propias limitaciones y prejuicios. Prueba ¡tal vez te sorprendan los resultados!
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