Anorexia

Anorexia

¿Qué es la anorexia nerviosa?

     La anorexia implica una distorsión en la forma en que una persona ve su propio cuerpo (p.ej., se ve demasiado gorda, con un aspecto despreciable, rechaza intensamente una parte de su cuerpo, etc.).  Esa alteración en la percepción de la imagen corporal lleva a un deseo incontrolado e irracional de bajar peso que lleva a no querer comer (perdiendo entre un 15-60% del peso corporal normal).

Según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM, V) la anorexia nerviosa se define por 3 criterios fundamentales :

  • Restricción de la ingesta energética en relación con las necesidades, que conduce a un peso corporal significativamente bajo respecto a la edad, el sexo, el momento del  desarrollo y la salud física.
  • Miedo intenso a ganar peso o a engordar, o comportamiento persistente que interfiere en el aumento de peso, incluso teniendo un peso bajo.
  • Alteración en la forma en que uno mismo percibe su propio peso o constitución, influencia inadecuada del peso o la constitución en la forma en que uno se define a sí mismo, o falta de reconocimiento de la gravedad del bajo peso corporal actual.

     Se distingue entre dos formas de anorexia: tipo restrictivo, en la que la pérdida de peso se logra con dieta o ejercicio intenso, y tipo atracones/purgas, en la que hay episodios de ingesta excesiva de comida que luego se acompañan de vótimo provocado o uso incorrecto de laxantes, diuréticos o enemas.

    Este problema afecta al 0,1-1,5% de la población, siendo mayor la prevalencia en mujeres que en varones (9 frente a 1), y se da sobre todo entre los 15 y 25 años, especialmente en la adolescencia.

Constituye uno de los problemas de salud mental más preocupante por su tendencia a cronificarse, el deterioro que conlleva de la salud física (afecta al metabolismo óseo y hormonal, al sistema cardíaco, piel, sistema inmune, etc.) y psicológica (síntomas depresivos, evitación de relaciones sociales, irritabilidad, insomnio, etc.), y por la potencial mortalidad asociada al trastorno, que es de las más altas de todos los problemas mentales.

¿Qué causa la anorexia nerviosa?

     La anorexia nerviosa se considera un trastorno multifactorial al participar en ella diversos factores biológicos, psicológicos y socioculturales, que actúan aumentando la vulnerabilidad de la persona a padecer este problema o contribuyendo a desencadenar o mantener la enfermedad.

La predisposición a padecer anorexia es mayor en los familiares de primer grado de personas que sufrieron este problema, aunque no se han identificado de forma consistente genes específicos que aumenten el riesgo de anorexia.

Los factores psicológicos implicados en la anorexia tienen que ver tanto con experiencias vividas (p.ej., haber sido objeto de burlas por su peso o figura, experiencias de maltrato o abuso sexual, etc.) como con características de personalidad (p.ej., tendencia al perfeccionismo, baja autoestima sobre todo en relación al propio cuerpo, pensamiento obsesivo y rígidos, etc.).

A nivel familiar, existen mecanismos por los que la dinámica familiar puede ejercer una influencia negativa. Por ejemplo, la presencia de burlas, bromas o desaprobación del cuerpo, peso o la forma de comer del hijo o hija, ya que esto lleva a insatisfacción con la propia imagen que es uno de los factores de riesgo de desarrollo de la anorexia. También se destaca el tener padres, en especial una madre, muy preocupada por su figura y que sigue dietas muy estrictas para controlar su peso.

Por último, los factores socioculturales más influyentes parecen ser la presión del grupo de amigas (o amigos) y la idealización de la delgadez, en la que los estándares de cuerpo imposible que transmite la moda y los medios de comunicación tienen una responsabilidad importante.

¿Cómo abordar la anorexia nerviosa?

     Diferentes enfoques de tratamiento psicológico y farmacológico han intentado tratar la anorexia. El uso de fármacos está expresamente desaconsejado como tratamiento único o principal ya que no se logran beneficios en los síntomas principales del problema ni ganancia de peso (por ejemplo, puede consultarse la guía del National Institute for Health and Care Excellence).

   Dentro de las intervenciones psicológicas, hay distintas formas de psicoterapia individual, grupal o familiar que han ofrecido buenos resultados pero deben investigarse más antes de considerarse la mejor opción de tratamiento.  Así, la Terapia Cognitivo-Conductual trabaja la realimentación gradual y educación nutricional, modifica la insatisfacción corporal y las creencias irracionales y dota a la persona de diversas estrategias de afrontamiento para sus dificultades.

La Terapia Centrada en el Yo, enseña entre otros aspectos a diferenciar entre estados emocionales y necesidades corporales, o la Terapia Cognitiva Individual aumenta la flexibilidad del pensamiento, y  pueden ser de utilidad para adolescentes con menor nivel de psicopatología y/o cuando no es posible una terapia familiar. La Terapia Familiar Sistémica modifica la dinámica de la familia que se asume que está a la base del problema.

   No obstante, en la actualidad, tanto la American Psychological Association, como diferentes guías de Práctica Basada en la Evidencia, tales como las del NICE, Cochrane y National Guideline Clearinghouse, coinciden en recomendar con el máximo nivel de garantías (nivel 1) la Terapia Conductual Familiar para el abordaje de la anorexia nerviosa tanto en niños como en adolescentes. Este tratamiento es muy eficaz y además disminuye notablemente la necesidad de hospitalización de las pacientes.

La Terapia Conductual Familiar fue desarrollada en el Hospital Maudsley de Londres en la década de 1980 con el objetivo de impedir la hospitalización de las adolescentes y ayudar a los padres en sus esfuerzos para apoyar a sus hijas. La Terapia Conductual Familiar que se recomienda actualmente es una adaptación de este enfoque basado en el modelo original de Londres (el manual en el que se presenta el tratamiento fue publicado por J. Lock y D. Le Grange, 2013).

Desde esta orientación, se considera que los padres constituyen un recurso esencial para el tratamiento eficaz de la anorexia. No se buscan dinámicas familiares alteradas que estén a la base del problema, y que generan dolorosos sentimientos de culpa en los padres como sucede con otros enfoques y tampoco se culpa a la hija o hijo. Se adopta una postura agnóstica y se intenta “externalizar” el problema, es decir separar sus causas tanto del paciente como de su familia, para que la energía se centre en explorar el impacto de la anorexia en la paciente y en su familia, y en buscar soluciones.

La intervención se lleva a cabo de forma ambulatoria en tres fases, que implican entre 15-20 sesiones de tratamiento, a lo largo de aproximadamente 12 meses.

1ª Fase. Tiene como objetivo principal la recuperación del peso y del estado nutricional de la paciente a un nivel saludable (se dedican las diez primeras sesiones). El terapeuta conciencia sobre las consecuencias de la malnutrición severa (las posibles complicaciones físicas deben ser abordadas por un médico) y evalúa el patrón típico de interacción familiar y sus hábitos alimenticios proporcionando pautas sobre hábitos de alimentación sanos.

Para ello el terapeuta está presente en alguna comida familiar con el objetivo de identificar áreas problemáticas (p.ej., emociones negativas, ira, evitación de determinados alimentos, etc.), así como para ayudar a los padres a desarrollar estrategias óptimas para poder alimentar a su hija.

Gran parte de esta primera fase se ocupa en entrenar a los padres, para que tengan éxito en la recuperación de peso de su hija, expresando su apoyo y empatía hacia la adolescente, y reparando los vínculos de unión con sus hermanos que también tienen un rol de apoyo y protección ante la tarea asignada a los padres de realimentar a la paciente.

2º Fase. Cuando la paciente haya aumentado el consumo de alimentos y con ello su peso, se producen cambios positivos en el estado anímico de la familia que señalan la posibilidad de comenzar la segunda fase. Esta fase tiene el objetivo de formar a los padres para que ayuden a su hija o hijo a tener más control sobre lo que come. Para ello deben de tener en cuenta la edad y el momento evolutivo a fin de adaptar el estilo de crianza a las nuevas necesidades de la adolescente. En esta fase se trabajaran todos los problemas de relación familiar que puedan existir (aproximadamente unas 5 sesiones).

3º Fase. Cuanto la adolescente es capaz de mantener un peso por encima del 95% de su peso ideal por su propia cuenta, puede empezarse la tercera fase. Esta fase se centra en el impacto que la anorexia ha tenido sobre la capacidad de la adolescente de establecer una identidad saludable y sobre su desarrollo psicosocial abordando cualquier disfunción previa o adquirida a consecuencia del problema.

Esto implica una revisión de las cuestiones centrales de la adolescencia, e incluye apoyar a la adolescente para que aumente su autonomía personal, ayudar a que se establezcan fronteras adecuadas entre la paciente y sus padres, y a que estos últimos reorganicen su vida de pareja que ha podido verse afectada por tener que centrarse en la anorexia.

Si uno de tus seres queridos, o tu misma, sufres anorexia, pide ayuda. Con el tratamiento adecuado este tipo de dificultades se supera.

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