Medios de comunicación difunden la publicación del monográfico “Todas íbamos a ser reinas. Poetas hispanoamericanas del siglo XX”, coordinado por Milena Rodríguez (Ínsula, 2018)

Agencias de prensa y diversos medios de comunicación, nacionales e internacionales, como Europa PressLa VanguardiaThe World NewsOn Cuba MagazineIdeal de Granada, El Independiente de GranadaGranada Hoy, difunden la publicación del monográfico “‘Todas íbamos a ser reinas’. Poetas hispanoamericanas del siglo XX” (Ínsula, Nº 853-854, enero-febrero, 2018), coordinado por Milena Rodríguez.

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http://www.lavanguardia.com/local/sevilla/20180227/441128898803/un-monografico-coordinado-por-la-ugr-advierte-de-la-falta-de-reconocimiento-de-las-poetas-hispanoamericanas.html

http://www.europapress.es/andalucia/noticia-monografico-coordinado-ugr-advierte-falta-reconocimiento-poetas-hispanoamericanas-20180227175719.html

https://theworldnews.net/cu-news/todas-ibamos-a-ser-reinas

https://oncubamagazine.com/noticia/todas-ibamos-reinas/

http://www.ideal.es/miugr/ibamos-reinas-monografico-20180227121057-nt.html

PUBLICACIÓN DEL MONOGRÁFICO “TODAS ÍBAMOS A SER REINAS. POETAS HISPANOAMERICANAS DEL SIGLO XX” (ÍNSULA, 2018)

 Publicación del monográfico “‘Todas íbamos a ser reinas. Poetas hispanoamericanas del siglo XX” (Ínsula. Revista de Letras y Ciencias Humanas, Nº 853-854, enero-febrero, 2018). Coordinación e introducción de Milena Rodríguez Gutiérrez

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https://www.insula.es/revista/todas-ibamos-ser-reinas-poetas-hispanoamericanas-del-siglo-xx

COLUMNA GRANADA HOY, EL CIUDADANO ILUSTRE, 22-2-17

EL CIUDADANO ILUSTRE, Granada Hoy, 22-2-17

El título de esta columna es el del espléndido filme argentino, dirigido por Mariano Cohn y Gastón Duprat, galardonado recientemente con el Goya a la Mejor película iberoamericana; cinta que aún no ha sido estrenada en Granada (¿lo será algún día?). Una película que un granadino amante del buen cine solo tuvo oportunidad de ver en el envidiable cine Albéniz, ubicado en pleno casco histórico de Málaga, con versión original y varias películas de estreno fuera del circuito comercial; hecho impensable en Granada.

El ciudadano ilustre, además de homenaje a Borges (el argentino universal al que no le concedieron el Nobel por razones, sabemos, políticas), supone, en cierto modo, una actualización de ese viejo tema que insiste en Argentina (y en Latinoamérica, ¿y en España?), que tan bien retrató Sarmiento en Facundo: el choque entre civilización y barbarie, llevado al ámbito de la literatura a través de una comedia de humor negro.

El protagonista (magnífico el actor Oscar Martínez) es un escritor argentino que vive en Barcelona y acaba de recibir el Premio Nobel y que vuelve de visita a su pueblo, Salas, en la Argentina profunda, donde acaban de nombrarlo Ciudadano Ilustre. En su vuelta, termina comprobando, fehacientemente, por qué se fue de allí cuarenta años antes y por qué no había querido regresar. Se parece un poco a Granada esa Salas profunda, donde mandan los caciques, las apariencias, el mal gusto, los favores, la ignorancia y el ferviente deseo de tener un Premio Nobel propio, para colocarlo como quien pone un búcaro de adorno en su vida. (Ponga un Nobel en su casa, siempre que el Nobel esté dispuesto a hacer todo lo que diga el dueño de la casa).

El “ciudadano ilustre” termina pateado en su pueblo, que parece todavía enredado en la misma barbarie de cuarenta años atrás. Al contrario que la civilizada y culta Europa, Salas es incapaz de comprender (o tolerar) las contradicciones, vanidades, neurosis, y los principios, del gran escritor, que se marcha de allí con la frente marchita.

Un Nobel no basta para sacar de la barbarie a los que están en ella. Por muy ilustre y honesto que sea. Al contrario, la barbarie lo alcanzará a él, si tiene la mala fortuna de encontrarse demasiado cerca. La película nos deja el consuelo de ese joven escritor, inocente empleado de hotel, ajeno a la barbarie que lo rodea, e inmerso, tanto como su ilustre compatriota, en la literatura, en lo mejor de ella.

http://www.granadahoy.com/opinion/articulos/ciudadano-ilustre_0_1111389204.html

COLUMNA GRANADA HOY, EL OTRO, 8-2-17

EL OTRO, Granada Hoy, 8-2-17 

HA muerto Tzvetan Todorov, el filósofo búlgaro-francés que llegó del frío totalitario a Occidente y supo describir esa tremenda experiencia. Son muchos y brillantes los escritos de Todorov. Entre todos, me fijo hoy en uno, La conquista de América, su espléndida interpretación de los diarios de Colón y del descubrimiento del otro, encarnado en los indígenas. El problema del otro, se subtitula la edición en español, más sugerente en francés (la question de l’autre), donde la palabra original permite una mayor ambivalencia.

Para Todorov, en los diarios de Colón aparece por primera vez el descubrimiento del otro (con minúscula, especificarían los psicoanalistas, para subrayar que se alude al otro como semejante). Es decir, que Colón no solo descubre América, sino también eso que hoy llamamos la alteridad. Pero Colón, dirá Todorov, era un finalista y nunca consigue percibir realmente al otro. O sea, Colón no se guiaba por la experiencia, sino, como los Padres de la Iglesia, por una doctrina con unos presupuestos que no era necesario demostrar porque, escribe Todorov, “el sentido final está dado desde el principio”. Es decir, que fuera cual fuera la experiencia que tuviera ante sus ojos, a Colón no le era posible ver al otro: la doctrina le empañaba la vista. La alteridad, dice Todorov, se revela pero a la vez se niega.

Pero, paradójicamente, ese Colón que no logra percibir al otro, se llama a sí mismo “El Extranjero”, siendo ese “el término que más frecuentemente emplea para referirse a sí mismo” y añade el filósofo: “Y si tantos países han buscado el honor de ser su patria, es porque no tenía ninguna”.

El libro de Todorov permite múltiples conclusiones. Evidencia, por ejemplo, la ironía en el héroe colombino: El Extranjero que no puede ver al otro (tal vez así podría haberse subtitulado también el libro). Y, en su reflexión sobre el pasado, nos deja un saber que vale para el mundo actual. Como la circunstancia de que la hazaña del descubrimiento de América (la mayor innovación en su tiempo) haya sido realizada precisamente por un sin patria, por un Extranjero. Hecho que habría que conectar con que en Silicon Valley, el sitio de la innovación por excelencia, hayan salido masivamente a cuestionar el veto de Trump contra los inmigrantes. Y es que ya lo ha dicho la historia: los autores de hazañas colombinas, desde Colón y hasta Todorov, han sido, a menudo, otros, Extranjeros, sin patria.

http://www.granadahoy.com/opinion/articulos/BB3_0_1107189493.html

COLUMNA GRANADA HOY, PLAGIO, 30-12

PLAGIO, Granada Hoy, 29-12

EN los últimos meses, la Universidad española se ha visto sacudida por un gran escándalo. El Rector de la Universidad Rey Juan Carlos ha sido acusado de plagio por cinco profesores, una revista norteamericana ha retirado un artículo suyo por el mismo motivo y se han documentado en su contra numerosos casos de fraude académico y, todavía, siguen apareciendo más. El escándalo obedece a varios motivos. En primer lugar, al hecho en sí, suficientemente bochornoso. En segundo lugar, a la conducta del Rector, que sigue ahí, aferrado a su puesto. En tercer lugar, resulta escandalosa la actuación de la mencionada Universidad donde, salvo los desprotegidos estudiantes y honrosas excepciones del profesorado, nadie se atreve a pedir la dimisión del Jefe. Pero, sin duda, lo más escandaloso es la dejación de funciones de las autoridades competentes, el Ministerio y la Comunidad de Madrid, quienes, amparándose en la llamada autonomía universitaria, miran hacia otro lado, y toleran (no se sabe hasta cuándo) esta vergonzosa situación. Como si la autonomía universitaria implicara una licencia para hacer cualquier cosa, una especie de impunidad concedida graciosamente a unas instituciones públicas que, como otras, deberían rendir cuentas de sus actos ante las autoridades y ante la sociedad.

Y es que la corrupción, que tanto empieza a denunciarse en el ámbito político, no solo existe allí. Abunda también en otras zonas, como la vida universitaria o la cultural. En esos espacios hay igualmente corruptos y corrupciones, mafiosos de turno (turnos muy muy largos), falta de control, clientelismo desmedido, dejación de funciones y personas, demasiadas, que dirigen su vista hacia otro sitio sin querer ver.

Declaraba uno de los plagiados que en cualquier país serio, el Rector plagiario no habría durado ni dos días en su cargo. Me permito corregirlo. En cualquier país serio, no haría falta hablar de este asunto: la dimisión se habría producido de manera inmediata. De lo que se hablaría es de si un profesor acusado de plagio (sea o no Rector) puede seguir ejerciendo sus funciones.

Ojalá que cuando despertemos en 2017 el Rector de la Rey Juan Carlos no esté, todavía, allí. Y que a los plagiados y a los solitarios estudiantes de esa Universidad se hayan unido otras voces indignadas. Y, por supuesto, ojalá que no nos llegue tampoco un 2017 plagiado del lamentable 2016. Así que feliz, y original, año nuevo.

COLUMNA GRANADA HOY, Cuidado, 14-12

CUIDADO, Granada Hoy, 14-12

HACE algunas semanas, el muy viril líder de Podemos, Pablo Iglesias, hizo un llamado maternal para “feminizar la política”. En su femenina intervención, Iglesias declaró que en esta nueva sociedad lo más importante no era la presencia de las propias mujeres, sino copiar el modelo que ellas representan. Así, de lo que verdaderamente se trata, según Iglesias, es de transformar la sociedad en sociedad de los cuidados, donde hombres amorosos y “deconstruidos” imitan “aquello que hacían nuestras madres”.

Hace pocos días, y recién muerto el muy viril dictador Fidel Castro, las autoridades cubanas prohibieron la exhibición de la película Santa y Andrés en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de este año. El director de la película, Carlos Lechuga, obtuvo con el guion de ese filme el premio de la SGAE. La película, inspirada en la vida de Reinaldo Arenas, presenta, por primera vez dentro de la isla, a un disidente como protagonista, un escritor que vive en Cuba, pero al que no le permiten publicar y es vigilado y acosado por la Seguridad del Estado. El presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), Roberto Smith, ha justificado la censura con las siguientes palabras: “El ICAIC continuará cuidando la imagen de los símbolos patrios, de la propia Revolución y de nuestros héroes y mártires, tanto en el cine que apoyemos en su producción, como en la selección de las películas que se exhiban en nuestras pantallas”.

No sé por qué los cuidados que se toman en Cuba me han hecho recordar los propuestos por el líder podemita. Es cierto que en Cuba cuidan la Revolución (y a todos los cubanos) desde la actitud totalitaria del paternalismo más grosero, antiguo y tradicional. En cambio, el cuidado de Iglesias aparenta ser un cuidado otro, el cuidado femenino de un Estado maternal. Ya no la patria, sino la matria. Pero, en el fondo, el Estado postmoderno, trasvestido y performativo de Iglesias, ese Estado donde los hombres hacen de mujeres, pero donde no cuentan aquellas que no se parezcan a lo que el gran líder ha decretado que es una mujer, es un Estado tan totalitario y excluyente como el viejo y caduco del presidente del ICAIC.

Cuidado con esos líderes políticos tan empeñados en cuidarnos. Aunque declaren que no lo harán como padres, sino como madres cariñosas. Sólo traen el mismo falo totalitario de siempre. Aunque lo lleven disfrazado de dulce y amorosa teta.

COLUMNA Granada Hoy, LEVEDAD FREUDIANA, 30-11

LEVEDAD FREUDIANA, Granada Hoy, 30-11

 Entiendes la gran fiesta en Miami. Las celebraciones, la alegría, las risas, los gritos, el entusiasmo, los bailes, el ruido, los desfiles rumberos en la calle Ocho y en el restaurante Versailles. Y claro, el odio, las maldiciones, los epítetos, las descalificaciones y las malas palabras. Se entiende mejor lo que pasa en Miami si giras la cabeza y miras al otro lado, a La Habana, ciudad anti-gemela de Miami, donde el luto oficial y obligatorio ha prohibido la música y el ron y se han suspendido los conciertos y todo asomo de mínima fiesta durante nueve días. La Habana, ciudad donde solo hay loas pomposas y donde los cubanos lloran desconsoladamente en la televisión, hacen colas enormes para despedirse de una foto y discuten si resulta adecuado, en las actuales circunstancias, darse o no los buenos días (¿cómo pueden estos días ser buenos para alguien?). Un pueblo al que no han dejado ver el cadáver, al que no le han dicho exactamente de qué murió el que murió, y al que tampoco permiten acercarse a las cenizas sagradas.

Piensas que si La Habana es el teatro del yo totalitario de la isla, ese yo zombi que nada pregunta y nunca duda, Miami es el refugio del inconsciente cubano, un inconsciente, más que reprimido, repudiado, hostigado y expulsado. Un inconsciente que tiene que salir y manifestarse en otra parte, y que lo hace sin límites, desbordado.

Entiendes la fiesta, sin duda. La fiesta del inconsciente libre, desbordado y solitario. Pero han pasado sesenta años y sientes, no puedes evitar sentir, ese cansancio de la historia del que habla Gustavo Pérez Firmat. Extremo cansancio del yo totalitario, pero también del inconsciente desbordado y solo. Y aunque no vivas, ni quieras vivir, en el país del primero, tampoco puedes vivir en la tierra del segundo. Así que tomas tu copa de champagne con una alegría sosegada, con un poco de mesura. Y piensas en qué decir. Y te das cuenta de que lo mejor son esas frases cortas, brevísimas, minimalistas, de alivio, de suspiro casi; esas frases leves de alegría. Preferiblemente, con el sujeto ya omitido, es decir, ya empezado a olvidar. Como esas mini-oraciones que algunos ya han escrito. Algo así como el titular de Diario de Cuba: “Ya murió”. O, acaso, como ese graffiti de El Sexto, donde el sujeto que no está se convierte, con levísima ironía, prácticamente en un contrarrevolucionario; ese delicado, casi inocente: “Se fue”.

Contraficciones, autobiografía (Reseña de Ángeles Mora), Granada Hoy, 20-11

[Ángeles Mora. Ficciones para una autobiografía, Madrid, Bartleby, 2015 [Premio de la crítica y Premio Nacional de Poesía, 2016]

Hace algunos años, en 2001, Ángeles Mora publicó un hermoso poemario con un título muy sugerente: Contradicciones, pájaros, con el que obtuvo el Premio Ciudad de Melilla. Con su más reciente libro, Ficciones para una autobiografía, Ángeles Mora ha conseguido los dos reconocimientos más relevantes para un libro de poesía en España, el Premio Nacional de la Crítica y, hace pocos días, el Premio Nacional de Poesía. En este nuevo poemario, y ya desde su título, la autora vuelve a insistir, vuelve a colocar en primer plano el mismo elemento sobre el que llamaba la atención en 2001, las contradicciones (en plural), que constituyen uno de los ejes fundamentales que sostienen sus poemas más recientes y que, me atrevo a decir, suponen uno de los núcleos centrales de su poesía. Del mismo modo que antes se yuxtaponían contradicciones y pájaros, son, ahora, las ficciones las que se sitúan enfrente, al lado, o quizás bordeando la autobiografía. La infancia y el presente, el ayer y el hoy, van alternándose o contraponiéndose en el libro, para conformar unos poemas de los que surgen esas que quizás podríamos llamar las contraficciones de Ángeles Mora; es decir, unas ficciones que no sólo pretenden contradecir el concepto ‘natural’ de autobiografía, sino que se configuran llevando también, en sí mismas y como motor, la propia contradicción; unas ficciones, también, que, precisamente al estar construidas sobre las contradicciones, consiguen revelar las verdades de nuestra existencia, porque, como escribe la poeta: “La alegría más alta / siempre esconde una sombra / invisible, / agazapada, de tristeza” (Nubes).

Es, tal vez, el magnífico poema ¿Quién anda aquí? (“¿Quién vive aquí conmigo, / pero sin mí, / igual que si una sombra me habitara, / de mujer a mujer / sin que pueda tocarla / llenando de preguntas / mis largas noches de respuestas?”), uno de los que mejor pone en evidencia una contraficción que me parece central en el libro, la ficción (verdadera) del diálogo entre el yo y la otredad; poema que, como señala Juan Carlos Rodríguez en su excelente reseña sobre el libro (¿cómo escribir sobre este poemario después de que lo hiciera Juan Carlos Rodríguez?), supone un “diálogo con lo otro que nos habita”. En este poema, emerge, decía, la ficción (verdadera) del diálogo con la otredad, una otredad que se coloca en el ámbito de la existencia: la sombra que nos habita, pero también, y me gustaría subrayar este rasgo, en el ámbito de la propia escritura: “¿Quién va y viene sin ruido entre mis cosas, / penetra con sigilo / de noche en mis papeles / usurpando sus notas? / ¿Quién vierte la tinta que me roba el sueño?”. Es decir, el poema no sólo plantea la contradicción entre el yo y la otredad en sentido más general, sino también entre el escritor (la escritora) y su doble; doble que se escapa y que, más que responder, pregunta.

La contradicción (la contraficción) continúa manifestándose a lo largo de todo el poemario; la advertimos, así, en esa voz que nos dice que plancha en primavera “las camisas del invierno” (Planchando las camisas del invierno); o que se reencuentra “una vez ya perdida / en las sendas del bosque” (Contigo misma); o de quien se piensa peregrino “que no se queda quieto / ni va a ninguna parte” (Una forma de vida); o de quien declara: “he vuelto del viaje y sin embargo, no regresé del todo” (El hueco de lo vivido); o de quien invoca el tiempo pasado y dice de sí misma: “Y no eres tú, pero sí eres, la que aparece” (Con luz propia).

Me gustaría detenerme en otra de las contraficciones a las que aludí, de pasada, al mencionar el poema ¿Quién anda aquí? y que me parece también fundamental en este poemario; se trata de la contraficción entre ser mujer y ser escritora. Acaso esa ficción (verdadera) del deseo por la escritura, que se manifiesta desde la infancia en la voz poética, sea una de las que explican las contraficciones posteriores. Esa contraficción la muestra espléndidamente el poema Noche y día; en ese texto, la aparentemente contradictoria elección de la noche frente a la mañana, el día, su claridad y sus mandatos, está completamente condicionada, y justificada, por la condición femenina de la voz poética; y es que el día “femenino” supone para esa niña que la voz poética recuerda y/o construye, limpiar el polvo, hacer ganchillo, barrer; y sólo en la solitaria, sosegada noche, tiene la oportunidad de acercarse a los libros por leer, a los folios en blanco por escribir. La contradicción se nos revela, así, causada por el afuera. Podemos pensar entonces que las contradicciones en este poemario tienen un sentido doble; por un lado, son las que supone cualquier existencia, pero por otro, son también el resultado de elegir ser escritora cuando el día y sus medidas habían determinado otro destino. La misma contraficción aparece en otro poema, En el desván, donde, en el momento de la siesta, cuando todos duermen (esa parte nocturna del día), la niña puede escapar al desván y caer, como Alicia, “por laberintos escondidos de palabras sonoras” y guardar “sus borradores escondidos”. Y vuelve a surgir, de nuevo, con fuerza, en la adultez; así en Lugares de escritura, la voz poética nos dice que piensa sus versos “mientras lavo los platos (…) entre el jabón y el agua”.

Como antes decía, las ficciones (más si se plantean como contraficciones) acaban revelando verdades, conformando una autobiobrafía otra; más real, más auténtica. Esa autenticidad que Ángeles Mora no ha dejado de buscar en sus poemarios y que seguirá, seguro, buscando, como quien busca en sí misma (lo ha dicho la propia poeta) “las luces que más arden”.