Blas de Lezo

Hay hombres de una pieza, aunque la vida los haya deshecho en pedazos, aunque con quince años –niño apenas– les hayan aserrado una pierna, aunque una esquirla de un cañonazo les perfore un ojo y aunque una bala de mosquete les deje inútil la mano derecha. Injusto, pero muy propio de ese humor negro tan español, es llamar a alguien así «medio hombre», cuando con su entereza y sus actos demostró serlo con creces. En este libro profusamente ilustrado por los pinceles de consagrados artistas como Pablo Outeiral o Augusto Ferrer-Dalmau, una exhaustiva cartografía marca de la casa y una exquisita selección de imágenes de época, el reconocido experto en historia na val Guillermo Nicieza Forcelledo homenajea a Blas de Lezo y Olavarrieta, uno de los marinos de guerra más famosos de la historia de España, desde su infancia en Pasajes de San Pedro y su formación naval en la Marina Real francesa –donde tuvo su bautis mo de fuego y recibió su primera herida, en la batalla de Vélez-Málaga– hasta el cénit de su carrera en la imposible y heroica defensa de Cartagena de Indias. Con el nacimiento de la Real Armada española, se destacó durante el asedio de Barce lona como prometedor capitán de fragata. Su primer destino como capitán de mar y guerra le llevó al mar del Sur, en misiones contra la piratería inglesa en las costas del Perú. Regresó a la Península para participar en las denodadas reconquistas de Orán y Mazalquivir, para después defender brevemente la Carrera de Indias y ser de nuevo destinado a América, al reino de Nueva Granada, cuyo apostadero estaba en Cartage na. Allí, el ya teniente general Blas de Lezo hubo de dar batalla a la invasora escuadra británica de Edward Vernon, primero desde su navío insignia, el Galicia, y luego desde la propia ciudad. Sucesivos y encarnizados ataques chocaron contra la férrea defensa dirigida por Lezo y el virrey Sebastián de Eslava y, a la postre, los británicos hubieron de retirarse con el rabo entre las piernas. Las medallas conmemorativas que Vernon se había apresurado a encargar, anticipando una victoria que no fue, quedaron para quincalla. El precio, empero, fue alto para don Blas: enfermo de tifus, falleció apenas cinco meses después, y, defenestrado debido a sus rencillas con el virrey, fue desti tuido de forma póstuma. Sin embargo, la memoria de Cartagena rehabilitó pronto su figura, hasta la actualidad, honrado por los buques de la Armada española que llevan su nombre y por su recuerdo en el sentir popular. Cojo, tuerto y manco, pero de una pieza: Blas de Lezo, una vida al servicio de España.

Un libro imprescindible, muy bien publicado y facil de leer.

12 imperios mas grandes

Desde que las sociedades humanas se asentaron en comunidades permanentes, ha existido la ambición de unos grupos por dominar a otros. A lo largo de la historia, varios imperios lograron expandirse hasta abarcar millones de kilómetros cuadrados. Pero, ¿cuáles fueron realmente los más grandes?

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Según WorldAtlas, estos son los imperios más extensos que han existido, desde enormes confederaciones en las estepas de Asia hasta imperios coloniales que alcanzaron cada rincón del planeta.

Adaptado al español por Ana Sabin Paz, redactora en español para loveEXPLORING.

12º: El Imperio de Japón, 7,5 millones de kilómetros cuadrados

A principios del siglo XIX, Japón era una sociedad feudal gobernada por el shogunato Tokugawa, que aplicaba una política de fronteras cerradas que aislaba a Japón del resto del mundo. En 1853, esta política terminó abruptamente cuando cuatro barcos estadounidenses navegaron hacia la bahía de Tokio y obligaron a Japón a abrir negociaciones comerciales a punta de pistola.

Siglos de aislamiento habían dejado a Japón tecnológicamente y económicamente incapaz de competir con las grandes potencias mundiales. Algo tenía que cambiar, y en 1868 la Restauración Meiji sustituyó al decadente shogunato por el Imperio de Japón, un estado-nación constitucional que se modernizó e industrializó a un ritmo extraordinario.

Los señores feudales y los samuráis fueron reemplazados por burócratas, mientras que un sistema educativo universal fomentó la identidad nacional. Las ambiciones imperiales llevaron a la anexión de Taiwán en 1895 y Corea en 1910, mientras que la victoria contra Rusia en 1905 marcó el nuevo estatus de Japón como potencia mundial. El ejército se hizo cada vez más influyente, hasta el punto de poder anular a los líderes civiles.

Este nuevo Japón fue una pieza extraordinaria en la construcción de la nación, pero llegó de la mano de una cultura de feroz nacionalismo y militarismo. La Segunda Guerra Mundial vería al imperio confabularse con la Alemania nazi e intentar subyugar a China, lo que finalmente conduciría a su destrucción.

El Imperio de Japón alcanzó su mayor extensión durante la Segunda Guerra Mundial tras ocupar gran parte del sudeste asiático, pero el conflicto —todavía reciente en la memoria— dejó una profunda mancha en su reputación. Los terribles crímenes contra civiles en Corea y China (especialmente la infame masacre de Nankín), los campos de prisioneros de guerra notoriamente brutales y los suicidios masivos de soldados y civiles japoneses han proyectado largas sombras.

Después de la guerra, y bajo la ocupación estadounidense, Japón fue reescrito legalmente por segunda vez en un siglo. A esto le siguieron la desmilitarización, la democratización y una nueva constitución.

11º: El Imperio de Brasil, 8,2 millones de kilómetros cuadrados

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Si no conoces bien la geografía sudamericana, podrías mirar fácilmente un mapa del Imperio de Brasil y no darte cuenta de que era diferente del país actual. El imperio alcanzó su mayor extensión cuando fue declarado en 1822, ya que reclamó el actual país de Uruguay durante seis años antes de su independencia en 1828. El Imperio de Brasil, que se extendió íntegramente durante el siglo XIX, no fue un dominio particularmente longevo y solo tuvo dos emperadores: Pedro I y Pedro siglo II.

El imperio surgió en circunstancias inusuales. A principios del siglo XIX, Brasil había sido colonia de Portugal durante siglos, pero se convirtió en la sede inesperada de la dinastía y el imperio portugués cuando Dom Juan siglo VI trasladó a su familia y al gobierno a Río de Janeiro tras huir de una invasión de Portugal por parte de Napoleón. Juan siglo VI regresó más tarde a Portugal y nombró a su hijo y heredero Pedro regente de Brasil, pero Pedro se declaró prontamente emperador (en la foto) y libró una guerra exitosa para asegurar la independencia brasileña.

La agitación en Portugal provocó que Pedro I regresara a la madre patria, dejando a su hijo, Pedro siglo II (centro, arriba), para gobernar el enorme y dividido imperio. Un monarca reacio pero capaz, Pedro siglo II heredó un imperio al borde del colapso y lo convirtió hábilmente en una potencia emergente y estable en el transcurso de 58 años.

A pesar de su popularidad, fue destituido en un golpe militar en 1889, que sustituyó el imperio por una república. Hoy en día, la era imperial está empañada por su larga asociación con la esclavitud. Fue el último país de América en abolir esta práctica en 1888.

10º: El Imperio Xiongnu, 9,3 millones de kilómetros cuadrados

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El Imperio Xiongnu se formó en Mongolia a finales del siglo III a. C. y duró aproximadamente 300 años. A diferencia de sus contemporáneos en la antigua Grecia y Roma, los señores supremos de los Xiongnu construyeron un vasto imperio sin una burocracia central, ciudades o agricultura masiva.

En su lugar, los nómadas xiongnu gobernaron una confederación de diferentes grupos tribales a lo largo de casi 9 millones de kilómetros cuadrados de praderas y bosques. Eran guerreros formidables, y sus tropas de arqueros a caballo estaban entre los soldados más eficaces de su época.

La expansión de los xiongnu se debió en parte a la temprana metalurgia, un desarrollo tecnológico que dio a sus guerreros acceso a puntas de flecha, arreos para caballos y carros fuertes y duraderos. Se convirtieron en una amenaza tal que los gobernantes han de la vecina China a menudo decidieron que era mejor sobornarlos con tributos y alianzas matrimoniales que enfrentarse a una guerra prolongada. Los xiongnu llevaban consigo su riqueza en forma de valiosos artefactos, como esta pieza de oro con forma de caballo pastando.

El Imperio Xiongnu fue finalmente derrotado por los chinos y se desintegró en el siglo I d. C. El imperio ya se había fracturado en reinos más pequeños, y los asaltos de China al sur y de otros grupos al norte empujaron a los Xiongnu más profundamente hacia Asia Central.

Sean cuales sean las causas exactas de su declive, los nómadas xiongnu dejaron pocas pruebas para los arqueólogos más allá de las tumbas esparcidas por Mongolia, China y Rusia. Muchas aún no se han excavado y pueden aportar nuevos conocimientos sobre este pueblo tan poco conocido.

9º. La dinastía Yuan, 11,1 millones de kilómetros cuadrados

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La dinastía Yuan fue la primera dinastía gobernada por extranjeros en la historia de China, y surgió cuando China fue completamente conquistada por los ejércitos mongoles de Kublai Kan en 1279. Durante el reinado de Kublai, el enorme y poco manejable Imperio mongol se dividió en cuatro partes, y la mayor parte, incluida China, pasó a manos del nieto de Kublai, Temur Khan, a su muerte en 1294. Temur, que aparece aquí cazando, gobernó China desde Khanbaliq (actual Pekín) con el nombre chino de emperador Chengzong de Yuan.

Dado que la dinastía Yuan tuvo sus orígenes en el aún más grande Imperio mongol, no es de extrañar que la China de la era Yuan viera florecer el comercio a través de Asia Central como nunca antes. Los Yuan se enriquecieron con las exportaciones de finos textiles, cerámicas y obras de arte intrincadas como este adorno de jade para cinturón.

Los emperadores mejoraron la comunicación en su dominio construyendo nuevas carreteras y ampliando el Gran Canal, que serpenteaba 1609 kilómetros desde Pekín hasta Hangzhou. El explorador italiano Marco Polo visitó China en esta época e incluso sirvió en la corte de Kublai Kan.

Aunque los emperadores Yuan adoptaron algunas costumbres chinas, en el fondo siguieron siendo mongoles y nunca se asimilaron del todo. Los emperadores Yuan a menudo no se interesaban por los asuntos cotidianos del gobierno y la rebelión fomentada entre los burócratas chinos se encargaba de hacer todo el trabajo.

Una serie de revueltas a mediados del siglo XIV condujo al derrocamiento del último emperador Yuan en 1368, aunque la dinastía dejó un largo legado. Aún se conservan muchos monumentos Yuan, como la Torre del Tambor y la Torre de la Campana de Pekín, que se muestran aquí.

7º: El califato omeya, 11,3 millones de kilómetros cuadrados

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El califato omeya fue el segundo califato establecido tras la muerte del profeta Mahoma y una fuerza extremadamente importante en la configuración del mundo islámico primitivo. Fue fundado después de que Mu’awiyah arrebatara el control a Ali, yerno de Mahoma, y estableciera un imperio en torno a su nueva capital, Damasco, año 661 d. C.

Siguieron las conquistas y, a principios del siglo VIII, el califato se había transformado en un imperio multiétnico que incluía el norte de África y España. A los cristianos y judíos se les permitía practicar sus religiones a cambio de un impuesto adicional.

La era omeya fue un periodo crítico en el desarrollo del arte y la arquitectura islámicos. Elementos de los estilos de construcción bizantino y persa se fusionaron con nuevas formas para influir en impresionantes monumentos nuevos, como la Cúpula de la Roca en Jerusalén y la Gran Mezquita de Damasco (en la foto). Ambos edificios se construyeron sobre antiguos lugares de culto judíos y cristianos, aunque a menudo se reclutaba a artesanos judíos y cristianos para construirlos.

Una dura derrota a manos de los bizantinos en 717 contribuyó a sembrar las semillas del colapso omeya. Las críticas a la dinastía gobernante aumentaron y estallaron rebeliones abiertas a lo largo de la década de 740.

Los omeyas construyeron apresuradamente castillos en el desierto para protegerse, como este de Qasr al-Hammam al-Sar’h, pero tras una serie de reveses militares, el último califa omeya fue asesinado año 750. La mayoría de los miembros de la dinastía omeya fueron masacrados tras el derrocamiento, pero una rama de la familia sobrevivió como gobernantes de un reino muy reducido en España.

7º: El califato abasí, 11,2 millones de kilómetros cuadrados

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El califato abasí sucedió a los omeyas tras derrotarlos en la batalla del Zab, y estamparon su autoridad en el mundo islámico trasladando la capital a su base de poder en Bagdad, en Mesopotamia (actual Irak). El imperio que heredaron ya no incluía el noroeste de África ni España, pero los abasíes compensaron estas pérdidas expandiéndose hacia el este. El califato abasí alcanzó su apogeo a principios del siglo IX, cuando el califa Al-Ma’mun encargó este globo terráqueo finamente decorado para celebrar sus conquistas.

Los abasíes supervisaron un floreciente panorama intelectual conocido como la Edad de Oro islámica. Eruditos de todo el imperio acudían en masa a la Casa de la Sabiduría, una biblioteca patrocinada por el Estado en Bagdad.

Los escribas tradujeron al árabe textos antiguos romanos, griegos y persas y perfeccionaron su capacidad para registrar nuevos descubrimientos. Los médicos musulmanes investigaron nuevas formas de tratar las dolencias, mientras que los científicos profundizaron en la física, la química y la astronomía, utilizando inventos como este astrolabio del siglo IX para trazar con precisión el cielo.

Tras 500 años de dominio, un debilitado califato abasí se enfrentó a un nuevo e implacable enemigo cuando los ejércitos mongoles surgieron de Asia Central, inicialmente bajo el mando de Gengis Kan. Tras desafiar obstinadamente las amenazas mongolas, Bagdad fue saqueada en 1258 por un poderoso ejército mongol que prácticamente arrasó la ciudad, masacrando al califa y a sus súbditos con una brutalidad desenfrenada. En Bagdad sobreviven pocas reliquias de la era abasí, aunque el complejo académico de la madraza de al-Mustaqlim (en la foto) conserva sus distintivas bóvedas y arcos abasíes de ladrillo cocido.

6º. El segundo Imperio Colonial Francés, 11,8 millones de kilómetros cuadrados

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Francia tuvo dos intentos fallidos de construir un imperio. Sus posesiones en América del Norte ya se habían perdido cuando los líderes franceses comenzaron un reinicio colonial en el siglo XIX.

La segunda vez, los franceses se concentraron en la expansión hacia África, Indochina (el actual Sudeste Asiático) y el Pacífico Sur. Redoblaron sus esfuerzos en la década de 1870 tras la desastrosa guerra franco-prusiana, y el Imperio francés alcanzó su punto álgido entre las dos guerras mundiales, cuando Francia se apoderó de partes de lo que hoy son Siria, Líbano, Camerún y Togo.

Mientras que el primer Imperio colonial francés vio cómo los colonos acudían en masa a tierras relativamente poco desarrolladas, el segundo grupo de colonias se centró en naciones ya bien establecidas.

Los franceses construyeron edificios de estilo europeo como la Ópera de Hanói, la capital de Vietnam, que se muestra aquí en una postal de principios del siglo XX. Pero este intercambio cultural no fue equitativo. Francia despojó a sus colonias de sus recursos naturales y se apoderó de muchos tesoros, como las joyas reales de Madagascar, las máscaras rituales de Senegal y las esculturas de Angkor Wat en Camboya.

Francia perdió el control directo sobre grandes franjas de su imperio durante la Segunda Guerra Mundial, y muchos súbditos coloniales se resistieron a la reafirmación de la autoridad francesa en 1945. La Guerra de Independencia de Argelia y las atrocidades que la acompañaron provocaron el colapso del gobierno francés en 1958, mientras que la batalla por el futuro de Indochina se convirtió en un sustituto de las superpotencias de la Guerra Fría y condujo a la Guerra de Vietnam. En África Occidental, donde este edificio colonial se desmorona ahora, los últimos vestigios del Imperio francés declararon su independencia sin apenas resistencia por parte de París.

5º. El Imperio español, 13,8 millones de kilómetros cuadrados

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El viaje de Cristóbal Colón a través del Atlántico en 1492 dio inicio a la Era de los Descubrimientos e inauguró el Imperio español. La expansión española en el Nuevo Mundo llegó a punta de pistola, un arma que los habitantes indígenas de América no tenían forma de contrarrestar.

Los conquistadores españoles obligaron a someterse a innumerables líderes nativos, incluidos los de las civilizaciones azteca e inca, mientras que las enfermedades europeas asolaban a sus poblaciones. Pronto, la mayor parte del Nuevo Mundo quedó bajo control español, como muestra este mapa de Sudamérica de 1582.

Los españoles extrajeron grandes riquezas de sus colonias, y flotas de tesoros navegaron a través del Atlántico con bodegas llenas de oro. Estos barcos eran objetivos tentadores para naciones hostiles y piratas, y no todos los barcos regresaban a España.

El Nuestra Señora de las Mercedes regresaba de las colonias en 1804 cuando una sola bala de cañón británica golpeó la bodega del barco y condenó a 250 españoles y 500.000 monedas de oro a una tumba acuática (todo ello en un momento en que no había guerra entre las 2 naciones en un acto vergonzoso, hay quien lo llama el Pearl Harbour español). Desde entonces, el tesoro ha sido recuperado y se exhibe en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena, España.

El Imperio español se derrumbó como un castillo de naipes después de que los ejércitos de Napoleón Bonaparte invadieran España a principios del siglo XIX. El imperio ya se enfrentaba a enormes problemas, y sus posesiones sudamericanas se independizaron paulatinamente de Madrid a lo largo de las décadas de 1810 y 1820.

Pero el legado del dominio español es largo. El español es el idioma dominante en América Central y del Sur, el catolicismo es la fe dominante y casi la mitad de la población de América del Sur es de ascendencia europea. Miles de iglesias y catedrales de la época colonial siguen en pie, muchos dentro del patrimonio de la humanidad.

4º. La dinastía Qing, 14,8 millones de kilómetros cuadrados

China ya había estado gobernada por emperadores durante casi 2.000 años cuando el pueblo manchú invadió desde el noreste y derrocó a la dinastía Ming, capturando Pekín en 1644. La transferencia de poder al gobernante manchú, el emperador Shunzhi de cinco años, inició una nueva era bajo la dinastía Qing.

Shunzhi y sus sucesores se dispusieron a expandir su dominio a Mongolia Exterior, Tíbet y Xinjiang. El Imperio Qing alcanzó su mayor extensión en 1760 tras una serie de conquistas militares bajo el emperador Qianlong, de una longevidad extraordinaria.

En las zonas que históricamente formaban parte de China, los emperadores Qing continuaron gobernando utilizando la burocracia estatal establecida desde hacía mucho tiempo, formada por funcionarios instruidos que tenían que aprobar exámenes antes de poder unirse al gobierno. Las zonas recién conquistadas se controlaban por separado a través de gobernantes locales a los que se concedía cierto grado de libertad.

Para mantener separados los dos sistemas, se restringió la migración entre la antigua China y los nuevos territorios. En su apogeo, la dinastía Qing controlaba un vasto y rico imperio.

El emperador Qianlong murió en 1799 y sus sucesores se enfrentaron a nuevos enemigos externos en el nuevo siglo. Las potencias coloniales estaban construyendo imperios desde el otro lado del mundo y tenían ambiciones de expandirse hacia China.

Obligaron a los Qing a firmar una serie de tratados humillantes y desiguales, que contribuyeron a provocar una serie de levantamientos que terminaron con la abdicación del emperador Puyi, de seis años, en 1912. La Ciudad Prohibida, que se muestra aquí, ya no era un palacio real, sino una reliquia vacía de la China imperial, que nunca volvería a ser ocupada por un emperador.

3º. El Imperio ruso, 23 millones de kilómetros cuadrados

El Imperio ruso fue proclamado en 1721 por Pedro el Grande, el zar que transformó a Rusia de una potencia regional en un imperio a expensas de Suecia en el norte y el Imperio otomano en el sur. Después de eso, los rusos comenzaron una larga travesía hacia el este, conquistando nuevas tierras en Siberia y cruzando el estrecho de Bering hacia América del Norte (como se muestra en este mapa de 1775). En su apogeo a finales del siglo XIX, el Imperio ruso abarcaba aproximadamente una sexta parte de toda la tierra del planeta y contaba con 125 millones de habitantes.

El Imperio ruso siempre fue un extraño entre las grandes potencias de Europa, y no solo por su geografía. Los zares se consideraban iguales a sus homólogos de Gran Bretaña y Francia, pero se puede decir que fueron los últimos monarcas absolutos de Europa.

La oposición fue purgada sin piedad, aunque algunos opositores se escaparon de la red. En 1881, unos revolucionarios mataron al zar Alejandro siglo II cuando su carruaje pasaba por las calles de San Petersburgo. La Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada se construyó en el lugar para honrar su memoria.

Los primeros años del siglo XX vieron una creciente oposición a la autocracia, y los fracasos rusos en la Primera Guerra Mundial ayudaron a desencadenar dos revoluciones en 1917. El gobierno bolchevique resultante trasladó la capital a Moscú y transformó el Imperio ruso en una unión de repúblicas socialistas.

El último zar, Nicolás siglo II, fue llevado a la fuerza al desierto y ejecutado junto con su familia. Su residencia favorita, el Palacio de Alejandro, cayó en mal estado, aunque recientemente ha sido restaurado y convertido en un museo estatal.

2º: El Imperio mongol, 24,2 millones de kilómetros cuadrados

El Imperio mongol, el mayor imperio contiguo que el mundo haya visto jamás, se extendía desde Europa, al oeste, hasta el mar de Japón, al este, y desde el círculo polar ártico hasta el subcontinente indio. El imperio alcanzó su máxima extensión en 1279, cuando Kublai Kan completó la conquista de China. En aquel entonces, los famosos y eficientes jinetes mensajeros mongoles, que supuestamente podían recorrer unos 321 kilómetros al día, tardaban más de un mes en viajar de un extremo a otro del imperio.

El repentino ascenso de los mongoles comenzó cuando un señor de la guerra llamado Temujin unió a las tribus nómadas de la meseta de Mongolia y adoptó un nuevo nombre: Gengis Kan. Su supremacía militar se debió a sus ejércitos extremadamente móviles, formados por guerreros a caballo que eran letales con arcos y flechas.

Los enemigos que no se sometían eran aniquilados con extrema brutalidad, y la despiadada reputación de los mongoles pronto los precedió. Muchos reinos más pequeños optaron por rendirse antes que enfrentarse al poder de la horda mongola.

El Imperio mongol comenzó a resquebrajarse tras la muerte de su cuarto Gran Khan, Mongke, en 1259. Diferentes facciones se disputaban el control y, aunque el nieto de Gengis, Kublai, gobernó técnicamente como Gran Khan hasta su muerte en 1294, el imperio ya se estaba desmoronando.

El imperio nunca volvería a unirse bajo un solo gobernante, y Karakorum, la gran capital del Imperio mongol durante solo 50 años, pronto cayó en mal estado. Ahora es el sitio del Monasterio de Erdene Zuu (en la foto) en Mongolia central.

1º: El Imperio británico, 35,4 millones de kilómetros cuadrados

Los victorianos estaban orgullosos del Imperio británico, y muchos escritores victorianos describieron su dominio global como una fuerza modernizadora que transmitía los valores británicos por todo el mundo. La realidad era a menudo muy diferente, y cuando se elaboró este mapa en 1886, Gran Bretaña seguía anexionando territorio a un ritmo acelerado.

Durante las tres décadas siguientes, el Imperio británico tomó el control de grandes extensiones de África y alcanzó su apogeo en 1920. En ese momento, abarcaba alrededor de una cuarta parte del planeta, el imperio más grande que el mundo haya visto jamás.

El Imperio Británico se construyó sobre la supremacía marítima en alta mar. Gran Bretaña utilizó el poder de la Marina Real para hacerse con el control de nuevas tierras y crear una red comercial global lucrativa, a menudo a expensas de los habitantes de esas tierras. Gran Bretaña se enriqueció en parte extrayendo recursos naturales y apoderándose de valiosos tesoros como los Bronces de Benín, saqueados por las tropas británicas cuando arrasaron el palacio real de Benín en 1897.

La Segunda Guerra Mundial, que llevó a Gran Bretaña a la bancarrota a pesar de su victoria, supuso el principio del fin del imperio británico. La India se independizó en 1947 tras la famosa campaña de desobediencia civil no violenta de Mahatma Gandhi, y en 1967 más de 20 antiguos territorios británicos eran independientes. Hoy en día, lugares como la Residencia Británica en Lucknow, India, que en su día fue el hogar del Alto Comisionado Británico, son un recuerdo desmoronado de una época pasada de control imperial.

Barbieri Barberillo de Lavapies

Excelente representación de una zarzuela genial, que siga asi:

El barberillo de Lavapiés from 1874 is a zarzuela masterpiece by Francisco Barbieri. This cheerful game of cat and mouse with the authorities is fueled by irresistible Spanish dance rhythms and music reminiscent of Rossini and Verdi. In this classic 19th-century zarzuela, still relatively unknown outside Spain, social and political tensions are vented through folklore and humour. For his acclaimed new production for Theater Basel, Christof Loy devotes himself to the best-known work of this genre and brings it to the stage with a Spanish cast and in the original language. The zarzuela celebrates the cleverness of common people who triumph over powerful elites through wit rather than force, with lashings of charm, irresistible dance numbers and gentle social commentary. Full performance streamed on OperaVision from 16 January 2026 CET: https://operavision.eu/performance/el… CAST Lamparilla David Oller Paloma Carmen Artaza Estrella Cristina Toledo Don Luis de Haro Santiago Sánchez Don Juan de Peralta Alejandro Baliñas Vieites Don Pedro de Monforte Joselu López Lope / Guitarist Marcelino Echeverría Vendedora Marta Bauza Two students Gabriel Courvoisier Teddy Métriau Dancers Iván Amaya Giuseppe Bencivenga Laura Garcìa Aguilera Pascu Ortí Davide Pillera Giulia Tornarolli Amparo Uhlmann Chiara Viscido Orchestra Basel Symphony Orchestra Chorus Theater Basel Chorus Extras Theater Basel Extras Music Francisco Asenjo Barbieri Text Luis Mariano de Larra Director Christof Loy Conductor José Miguel Pérez-Sierra

El barberillo de Lavapiés es una de las obras más alegres y emblemáticas del repertorio lírico español. Con música de Francisco Asenjo Barbieri y libreto de Luis Mariano de Larra, ha perdurado en el tiempo como un símbolo del espíritu castizo y del teatro musical madrileño. Se trata de una obra cumbre de nuestra historia musical, paradigma del madrileñismo y del teatro lírico hispano. 
En esta nueva producción, el director de escena Alfredo Sanzol potencia el tono cómico y aventurero de la obra, sin perder de vista su búsqueda constante de belleza. Para Sanzol, la comedia es una herramienta liberadora que permite abordar los conflictos de la vida con profundidad y ligereza a la vez. Así, la historia de Lamparilla y Paloma —dos personajes populares y entrañables— se entrelaza con las intrigas amorosas de la Marquesita Estrella y don Luis, todo ello enmarcado en un contexto político de transición entre los gobiernos de Grimaldi y Floridablanca. La dirección musical corre a cargo de José Miguel Pérez-Sierra, quien destaca la riqueza de esta partitura como una de las cimas del género zarzuelístico. La colaboración entre Barbieri y Larra da lugar a una obra que respira Madrid por todos sus poros: un Madrid dieciochesco en lo argumental, decimonónico en lo musical, pero con una frescura atemporal que sigue vigente hoy. Seguir en:

https://cultura.cervantes.es/leeds/es/el-barberillo-de-lavapi%c3%a9s/180019

Romería de San Eugenio en los alrededores de El Pardo. Año de 1770 reinando Carlos III. Popular jolgorio festivo y en él Lamparilla, un pícaro y avispado barbero, y su novia Paloma, una costurera de corte y rasga. Paralelamente la nobleza y políticos, conspiran en dos bandos: La Marquesita y Don Juan pretenden derrocar a Grimaldi y dar el poder al Conde de Floridablanca. Por otro lado, Don Luis de Haro – novio de La Marquesita – asentado en la línea de Grimaldi, confunde la conspiración con la posible infidelidad de La Marquesita al verla con Don Juan. Los guardias walonas recorren la ciudad en busca de los conspiradores. Paloma con el fin de salvar a su amiga La Marquesita y a Don Juan, involucra en este emborllo a Lamparilla, de modo que consigue engañar a los guardias walonas. Esta acción convierte a Lamparilla en el héroe del barrio. Ha conseguido liberarse de la prisión, lo cual da pie a pavonearse de sus hazañas. El peligro no ha desaparecido y La Marquesita tiene que esconderse en la buhardilla – taller de costura – de Paloma. Deshecho el equivoco conspiración-infidelidad, Luis se refugia en el taller. Todos se preparan para huir de Madrid disfrazados de majos y majas montados en la tartana, fingiendo con el canto un viaje de placer, no obstante, los guardias walonas están al acecho y los descubren….     

“El barberillo de Lavapiés” consiguió unir al afamado compositor Asenjo Barbieri (1823 – 1894) con el dramaturgo y novelista Luis Mariano de Larra (1830 – 1901). El resultado fue una partitura brillante y un libreto apasionado, bien estructurado y con buena chispa de ingenio. El estreno fue en el Teatro de la Zarzuela en 1874 con gran éxito, y a partir de entonces es un título que no falta en las compañías de repertorio, repitiendo siempre el éxito. Por otro lado, no es fácil su representación pues pertenece a la llamada zarzuela grande, la cual exige coros, variedad de tesituras – soprano, mezzosoprano, 2 tenores, barítono, bajo –, grupos de baile, una generosa orquesta sinfónica y diversos espacios escénicos.

El libreto se posiciona en un intento de unir dos estilos que se encontraron a finales del siglo XIX: la zarzuela grande y el sainete de gran éxito a través de género chico. El barberillo participa de esas dos tendencias. Tiene toda la pretensión de la zarzuela grande, vincular la historia argumental a la intriga política y salpicarla de elementos saineteros casticistas.

RECUPERAR LA TONADILLA ESCÉNICA DEL S. XVIII

A nivel musical Barbieri recupera la tonadilla escénica de finales del s. XVIII, la cual fue una marca Barbieri desde sus primeras composiciones, pero aquí la estiliza. La partitura contiene 16 números musicales que se reparten entre la pareja popular Lamparilla (tenor) y Paloma (mezzosoprano), y el mundo aristocrático de La Marquesita (soprano), Don Luis de Haro (tenor) y Don Juan (barítono).  Lamparilla-Paloma se expresan musicalmente a través de seguidillas, jotas, tiranas y caleseras. La Marquesita, Don Luis y Don Juan prefieren el lenguaje italianizante, tras el cual se vislumbra el vals, el minueto o el rigodón. Amén de todo esto, los coros son un puntal importante y reiterativo. Entre las piezas más emblemáticas de la partitura están la «Canción de Paloma», la «Canción de Lamparilla» y la «Jota de los estudiantes». Cabe resaltar el bolero de Paloma y La Marquesita, el cual une pueblo y aristocracia a nivel musical y escénico.

A nivel vocal la partitura es muy exigente, así como rompe los cánones tradicionales de las parejas de enamorados: los personajes serios y los cómicos. Los primeros eran interpretados por los calificados como tiple y tenor; para los segundos se escribía una tesitura de menor exigencia vocal, y se les denominaba tiple cómica y tenor cómico. En la partitura original no hay esta distinción, sino que se habla de dos tiples y dos tenores con tesituras similares en cuanto a la exigencia vocal. A lo largo de la historia de la zarzuela las dos tiples han evolucionado. Paloma ha pasado a ser mezzosoprano o soprano dramática, y La Marquesita se ha llevado hacia la soprano ligera.

Esta zarzuela se ha considerado como la representante del casticismo madrileño y de la manolería, no solamente por su composición musical y argumental, sino porque hay referencias a barrios La Paloma, Toledo, Avemaría, la Fe e Iglesia de San Lorenzo, sedes de muchos ambientes del género chico. Otro elemento por el que fascina la obra es por su vestuario de majos y majas que nos trasladan a los tapices de Goya. En:

https://madridteatro.net/el-barberillo-de-lavapies-drao-tll/

Sibelius Sinfonia 2

El compositor finés Jean Sibelius es considerado como un símbolo de su país, y él mismo era consciente de esa proyección. Colaboró en la creación de la identidad de Finlandia en periodos de turbulencia, y de sus tierras y leyendas obtuvo inspiración para una parte importante de su obra. La Segunda sinfonía llegó a ser considerada (no por la intención del compositor) como un símbolo de oposición al Imperio ruso, y apodada tiempo después la Sinfonía ‘de la Liberación’.

Por Ricardo Tejedor Sánchez

El símbolo de Finlandia

https://www.melomanodigital.com/la-segunda-sinfonia-op-43-de-jean-sibelius/

Alvaro de Bazan, el invicto

Don Álvaro de Bazán, el Invicto, fue, acaso, el mejor marino de la historia. Y la hipérbole no es tal. No sostenemos esta consideración por haberse criado sobre la cubierta de las naos de su padre en la Armada del Mar de Poniente y vencer a una escuadra corsaria francesa en la ría de Muros siendo poco menos que un niño, no. Ni tampoco por, durante décadas, proteger diligentemente las Flotas de Indias. Tampoco por socorrer Orán y Mazalquivir y conquistar el Peñón de Vélez de la Gomera a los temibles corsarios de Berbería y salvaguardar la isla de Malta del yugo del Gran Turco. Ni siquiera por conseguir la victoria en una de las mayores batallas combatidas sobre las olas, la más alta ocasión que vieron los siglos, Lepanto. Solo con esta hoja de servicios, don Álvaro de Bazán entraría con laureles en el panteón de los más grandes marinos, pero si podemos aseverar su lugar en la cúspide es porque revolucionó la manera de entender la guerra naval en el siglo XVI. Fue él quien desarrolló el galeón, que dio a la Monarquía Hispánica la superioridad marítima cerca de dos siglos, y quien tanto influyó en la doctrina anfibia española, que permitió anexionar Portugal y las islas Terceras. Don Álvaro innovó también en la táctica de galeras para conseguir expulsar a las poderosas armadas del sultán del Mediterráneo occidental. En el V centenario de su nacimiento, el libro Álvaro de Bazán. El Invicto, de la pluma del consagrado especialista en historia naval Guillermo Nicieza y acompañado por un espectacular aparato gráfico en el que destacan ilustraciones y mapas marca de la casa, rinde homenaje al genio táctico y consejero naval más clarividente de su tiempo, que, además, nunca pidió nada para sí mismo. Al contrario: puso su fortuna familiar en riesgo, repetidamente, para pagar tripulaciones y sufragar naves cuando el rey no tenía un ducado; lideró peligrosos desembarcos cuando otros no se atrevieron a hacerlo; salvó la galera Real mientras otros huían y alzó la voz cuando se quiso desmembrar la Liga Santa. En su lecho de muerte, anciano y enfermo, lo único que pidió fue más tiempo para ver su gran empresa, la Jornada de Inglaterra, terminada. La Fortuna, sin embargo, no quiso concederle este último deseo, pues dispuso que muriera como vivió: invicto.

Un libro ilustrado estupendo muy recomendable. Importante marino para nuestra historia, no suficientemente conocido.
Así somos los españoles, que uno haya estado prácticamente al mando y capitaneando a nuestra Armada en una de las mayores batallas que han visto los tiempos y que cambió la historia de Europa para siempre, impidiendo el dominio del Mare Nostrum por el Temible Turco, apenas le vale para que le dediquen una pequeña calle cerca de Cuatro Caminos, más o menos detrás de lo que fuera el viejo Hospital de Maudes.

https://www.abc.es/cultura/libros/20150820/abci-alvaro-bazan-superheroe-lepanto-201508192007.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

Don Álvaro de Bazán, el héroe español que hizo escabechina a los turcos en Lepanto

Aunque el Almirante «oficial» de la Armada cristiana era Don Juan de Austria, sin él la gran victoria no se habría producido

Rabia: La historia cultural del virus más diabólico del mundo

Rabia: La historia cultural del virus más diabólico del mundo

Edición en Español  de Bill Wasik (Autor), Monica Murphy (Autor)


Un niño mordido por un murciélago; una dama victoriana que acaricia a su inofensivo perro faldero; un soldado sorprendido por un lobo rabioso en montañas remotas… relatos separados por siglos y geografías, pero unidos por el mismo desenlace: la muerte. La rabia es, todavía hoy, el virus más letal que conoce la humanidad. Con una tasa de mortalidad cercana al 100 %, no concede tregua una vez que alcanza el cerebro. Su verdadero poder, sin embargo, no reside solo en matar, sino en infundir terror. En esta obra, el periodista Bill Wasik, director editorial de The New York Times Magazine, y la veterinaria Monica Murphy trazan la biografía cultural y científica de un enemigo milenario. Desde los mitos de vampiros hasta las ficciones de zombis, de los experimentos heroicos de Pasteur a los actuales protocolos de emergencia sanitaria, Rabia explora cómo un virus microscópico ha modelado parte de nuestra cultura y nuestros miedos. Una obra maestra de divulgación que conecta la virología moderna con la antropología cultural y la historia de la ciencia, y que revela cómo un patógeno capaz de invadir el sistema nervioso también ha sabido propagarse con virulencia en la imaginación colectiva. En tiempos marcados por pandemias globales, Rabia ofrece claves esenciales para comprender cómo las enfermedades zoonóticas siguen influyendo en el destino humano. «Fascinante… más de dos milenios de mitos y descubrimientos científicos sobre la rabia y los animales que la transmiten». The Wall Street Journal «Un libro excepcionalmente bien escrito, lleno de sorpresas y suspense. Una obra inteligente, inquietante y extrañamente conmovedora». San Francisco Chronicle «Este libro no es para aprensivos. Sin embargo, aquellos fascinados por cómo los virus atacan, por la historia de la vacunación y por los esfuerzos de los médicos para salvar a los pacientes desesperadamente enfermos querrán leerlo». Scientific American «Entretenido, fascinante, informativo y, en algunos momentos, macabro; altamente recomendado». Library Journal.

Un libro excepcional

Antoniana Margarita, el libro que copio Descartes

Como es posible que este libro fundamental de la Historia de la Ciencia haya estado oculto y sin traducción del latin hasta el año 2000. Misterios y desidia de la ciencia español. Y mientras tanto los franceses presumen de Descartes, con miles de ediciones, de un señor que copió y plagió sin citarlo nunca….

De la unión de filosofía y medicina surgió la original forma de discurrir de Gómez Pereira, que rechazaba el criterio de autoridad de los viejos maestros antiguos y medievales y aplicaba la razón, la lógica y la experiencia. Por otra parte, para exponer sus ideas se servía a menudo de paradojas y silogismos que dejaban al descubierto los errores de aquellos a quienes cuestionaba, de modo que es posible afirmar que sus argumentaciones eran más negativas que positivas. Reivindicando su memoria y escritos en el Fray Gerundio de Campazas el padre Isla escribió quees de pública notoriedad en todos los estados de Minerva que este insigne hombre, seis años antes que hubiese en el mundo Bacon de Verulamio; más de ochenta antes de que naciese Descartes; treinta y ocho ante que Pedro Gasendo fuese bautizado en Champtercier; más de ciento antes que Isaac Newton hiciese los primeros puchericos en Volstrope, de la provincia de Lincoln; los mismos con corta diferencia antes que Guillermo Godofredo, barón de Leibniz, se dejase ver en Leipzig envuelto en las secundinas: digo padre mío fray Gerundio, que el susodicho Antonio Gómez Pereira, mucho tiempo antes que estos patriarcas de los filósofos neotéricos y a la papillota levantasen el grito contra los podridos huesos de Aristóteles […] ya nuestro español había hecho el proceso al pobre Estagirita. Había llamado a juicio sus principales máximas, principiotes y axiomas; habíalos examinado con rigor y con imparcialidad; y sin hacerle fuerza la quieta y pacífica posesión de tantos siglos, había reformado unos, corregido otros, desposeído a muchos y hecho solemne burla de no pocos.Padre Isla, Fray Gerundio de Campazas, t. I, II, cap. VI, 8

en wikipedia:
Gómez Pereira – Wikipedia, la enciclopedia libre

El título de «Antoniana Margarita» apenas dice nada al común de los mortales, pero este libro español del siglo XVI ha provocado acalorados debates de eruditos sobre si Descartes lo plagió en su obra fundamental y ha excitado la codicia de empedernidos bibliófilos.

El título completo de este tratado de 1554 de Gómez Pereira es «Antoniana Margarita. Una obra tan útil como necesaria para físicos, médicos y teólogos», o más bien habría que decir «Opus nempe physicis, medicis ac theologis non minus vtile quam necessarium», porque no se publicó en castellano hasta el año 2000 y había que ser muy ducho con el latín para atreverse siquiera a mencionarlo.

Toda una corriente de pensadores sostiene que ese libro puso las bases del pensamiento científico moderno e inspiró una de las obras fundamentales de la Historia de la Filosofía, «El discurso del método», de René Descartes (1637), por no decir algo menos decoroso para el autor francés, que incluso tuvo que defenderse en vida del reproche de haber fusilado las tesis del médico y humanista español.

El libro solo se publicó dos veces, por lo que poseer una copia estaba al alcance de muy pocos. De hecho, una de las mentes más enciclopédicas que ha dado España, Menéndez Pelayo, llegó a escribir de él: «Más estimaría poseer un ejemplar que ser rey de Celtiberia».

El intelectual montañés no hacía esa afirmación a la ligera, sino después de dedicarle todo un estudio a una obra que predica la duda como método científico y en la que Gómez Pereira acaba sentenciando: «Nosco me aliquid noscere: at quidquid noscit, est: ergo ego sum». Es decir: «Conozco que conozco algo. Todo lo que conoce existe; luego yo existo», frase más que parecida a la célebre cita de Descartes, escrita 83 años después: «Cogito ergo sum» («Pienso, luego existo»).

Leer en:
José María Rodríguez
El libro que quizá copió Descartes y que llevó a Negrín a engañar a un amigo

Nicole Holzenthal entrevista a José Luis Barreiro Barreiro, artífice (en el 2000) de la primera traducción en Español del libro de Gómez Pereira «Antoniana Margarita». Gómez Pereira, médico humanista del Renacimiento español, escribió una de las obras más importantes, pero también olvidada, de la historia de España. Pereira se adelanta en casi un siglo a algunas de las ideas que atribuimos a René Descartes (algunos piensan que el francés plagió al español), incluida la fórmula del «cogito». En este vídeo, Cima & Holzenthal trata de hacer llegar al gran público una primera aproximación a la figura de Pereira y su fascinante Antoniana Margarita (llamada así en honor de sus padres, Antonio y Margarita), sin pretender ni muchísimo menos agotar el tema. Queremos agradecer al Parador de Santiago de Compostela, «Hostal de los Reyes Católicos», habernos permitido realizar la grabación en sus instalaciones.

Gómez Pereira y la «Antoniana Margarita»
Rafael Llavona (Universidad Complutense)
Javier Bandrés (Universidad de Vigo)
Personajes para una historia de la psicología en España, 1995


El Renacimiento y los médicos-filósofos

En el panorama del Renacimiento español ocupa un lugar destacado el grupo de los llamados médicos-filósofos, eminentemente representados por Gómez Pereira, Juan Huarte de San Juan, Miguel Sabuco y Francisco Vallés. Constituyen los rasgos más sobresalientes de estos cuatro autores su formación en dos de las universidades españolas de más prestigio en el siglo XVI, Salamanca y Alcalá, así como su amplio conocimiento de las doctrinas de los médicos y filósofos naturalistas de la antigüedad, a cuyas fuentes tienen acceso directo. En la dinámica de su pensamiento se conjugan la puesta en contingencia del argumento de autoridad junto a la revisión de la tradición antigua y escolástico-medieval con una reflexión propia que se basa en los datos de observación, analizados con una independencia cuyo techo sólo queda limitado por las cuestiones siempre problemáticas de la fe y la interpretación de las escrituras.

Abandonando los círculos académicos y ejercitando activamente su profesión, moldean, en contacto con la experiencia clínica y, aun en casos, a través del análisis experimental, un cuerpo de pensamiento en el que el hombre ocupa un lugar central y que anticipa temas que, con el tiempo, constituirán núcleos de atención preferente en el pensamiento europeo.

Tomando como punto de partida los datos de la fisiología humana, mecanismos cerebrales y flujo nervioso, tratan de definir la constitución del sujeto, la unión psico-física así como las diferencias específicas que separan al hombre del resto de los animales.

Pereira en su tiempo

Gómez Pereira nace en 1500 en Medina del Campo, que, con Amberes, era uno de los principales centros comerciales de la Europa de aquel tiempo. Estudió Medicina en la Universidad de Salamanca, importante centro intelectual que veía peligrar su hegemonía cultural a principios del siglo XVI por el empuje de la recientemente [80] fundada Universidad Complutense. Para contrarrestar esta amenaza, la Universidad de Salamanca emprende un proceso de renovación tomando como punto de referencia a la Universidad de París. Se adopta un método pedagógico basado en la intervención activa del alumno, conocido en la época como modus parisiensis. Se amplía asimismo la oferta educativa incorporando jóvenes profesores españoles de la Universidad de París que aportan su enfoque filosófico nominalista, en contraste con la tradicional orientación realista de la Universidad. Gómez Pereira fue profundamente influido por uno de estos profesores, Juan Martínez Guijarro, más tarde cardenal Silíceo, que accede a la cátedra de Lógica en 1517 y cinco años más tarde pasa a ocupar la de Filosofía Natural. Silíceo había sido discípulo en París de Juan de Celaya y de Juan Dullaert. A través de ellos conoció las obras de los físicos del Merton College de Oxford, que en el siglo XIV habían realizado importantes investigaciones sobre el movimiento de los cuerpos, velocidades y fenómenos de aceleración. A su llegada a Salamanca, Silíceo hizo editar y utilizaba en sus cursos el Liber Calculationum del físico mertoniano Richard Swineshead. Las ideas de los físicos de Oxford inspirarán el enfoque teórico del modelo de conducta animal de Pereira.

Gómez Pereira vivió y ejerció la Medicina en Medina del Campo. Se movió en el ambiente de la burguesía y su prestigio profesional hizo que fuera llamado a la corte para atender a Carlos de Austria, el polémico y malogrado heredero de Felipe Il. Su obra fundamental es la conocida como Antoniana Margarita (Medina del Campo, 1554). En 1558 publicó una obra de carácter específicamente médico titulada Novae Veraeque Medicinae Experimentis et Evidentibus Rationibus Comprobatae prima pars per Gometium Pereiram Medicum, en la que se presenta una nueva teoría sobre el origen de la fiebre. Pereira murió probablemente después de 1558, sin que se conozcan las circunstancias y el lugar de su fallecimiento.

La Antoniana Margarita: Pereira y sus fuentes

El título completo de esta obra es Antoniana Margarita, opus nempe Physicis, Medicis ac Theologis non minus utile quam necessarium per Gometium Pereiram, medicum Methinae Duelli, quae Hispanorum lingua Medina del Campo apellatur, nunc primum in lucem aeditum. Anno M.D.LIIII, decima quarta die Mensis Augusti. El curioso título de Antoniana Margarita, con el que se la conoce, obedece a estar dedicada a los padres de Pereira, llamados Antonio y Margarita. La obra, como se ve, fue publicada originalmente en 1554. La segunda y última edición data de 1749. Según Nicolás Antonio (1783) se publicó también en Frankfurt en 1620, pero no se conoce ningún ejemplar ni prueba concluyente de tal edición.

En 1554 la obra se componía de una introducción, en páginas sin numerar, un índice de materias y el texto de la obra sin paginar y con dos columnas numeradas en cada hoja. Este texto se componía de Antoniana Margarita (columnas 1-496), un comentario al libro tercero del De Anima de Aristóteles (columnas 497-574), [81] una tercera parte sin título dedicada al estatuto ontológico de la intelección y la sensación (columnas 575-608) y un ensayo sobre el tema de la inmortalidad del espíritu (columnas 609-832). A partir del año siguiente los ejemplares incluyen un apéndice con las objeciones presentadas por Miguel de Palacios, catedrático de Teología de la Universidad de Salamanca y la correspondiente respuesta de Pereira a tales objeciones. La edición de 1749 conserva esta estructura eliminando erratas anteriores. El texto de Pereira sigue apareciendo en columnas, pero las páginas están ya numeradas. Las objeciones y la respuesta aparecen a continuación en páginas numeradas y sin dividir en columnas. Las referencias que realizamos en este capítulo son a esta segunda edición: la primera cifra es la página, y la segunda, cuando la hay, se refiere a la columna…. []

El animal y la conducta mecánica

Su aportación más original es el diseño de un modelo mecánico de la conducta animal. Esta tarea es especialmente admirable si consideramos que Gómez Pereira no cae en la tentación de sobresimplificar la conducta animal para facilitar su comprensión, sino que afronta con audacia la explicación de la conducta atribuida a procesos cognitivos complejos como el aprendizaje, la memoria y el lenguaje.

Como hemos visto anteriormente, el movimiento era uno de los temas centrales en las obras de los físicos de Oxford que Pereira había estudiado en Salamanca. No es casual, por tanto, que Pereira estudie la cuestión de la conducta animal en el marco del problema físico del movimiento en la naturaleza…. []

La tradición interpretativa que parte de Bayle y Baillet será la que termine imponiéndose como valoración estándar de la obra del médico español. Bayle hace referencia por primera vez a la polémica sobre la originalidad de la obra de Descartes en un artículo aparecido en 1684 en la revista Nouvelles de la Republique des Lettres. En 1697 recogerá de nuevo, en el artículo «Pereira» de su Diccionario, sus opiniones sobre nuestro autor acompañándolas de las de Baillet (véase más adelante). En esencia, Bayle da por sentados los siguientes puntos. Pereira era amigo de paradojas y abusaba de la libertad de filosofar, cosa extraña, añade Bayle, «viniendo de un país donde peligra tanto la libertad del alma como en Turquía la del cuerpo». Fue el primer autor moderno que propuso la tesis del automatismo animal, pero no como resultado de ningún principio ni necesidad filosófica. Pereira ni tuvo seguidores, ni su libro despertó el suficiente interés como para que nadie se molestara ni en refutarle. Descartes, por tanto, no podía haberse inspirado en la obra de un autor prácticamente desconocido. A Pereira, además, se le habían adelantado varios autores de la antigüedad clásica. Bayle, junto a todas estas rotundas afirmaciones, confiesa que él sólo llegó a «ver» un ejemplar de la Antoniana Margarita en manos de Mr. Faure. Bayle pronto encontró eco en otro autor francés. Baillet (1691) se suma a la opinión de que Descartes llegó a la tesis del automatismo animal por necesidad de su sistema filosófico y añade, además, que esta tesis anidaba en el pensamiento del joven Descartes muchos años antes de que la hiciera pública en el Discours. Por estas mismas fechas (1689), el obispo de Avranches P. D. Huet –polemista hostil a Descartes– será el único autor que proteste afirmando que Descartes había «usurpado» a Pereira la idea del automatismo animal. A partir de ahora, la versión de Bayle va a ser repetida de manera estereotipada por Diccionarios y Enciclopedias: el Teatro Crítico Universal de Feijoo, el Diccionario de Calmet, la Historia de la Filosofía de Brucker, la ya citada Enciclopedia de Diderot y D’Alembert, la versión castellana del Diccionario de Moreri o el Diccionario de Chambers. … []

Lo anteriormente expuesto creemos que basta para mostrar lo débil de la valoración de la obra de Pereira que se impuso a partir del XVIII en Europa. Pereira no pasó inadvertido, fue comentado y criticado por algunas de las mejores cabezas del XVII y XVIII y, desde luego, los años de trabajo invertidos y la extensión de la Antoniana Margarita muestran que su tesis distaba mucho de ser una ocurrencia azarosa.

Descartes tenía motivos para querer desmarcarse de la sombra de Pereira. Al hilo de la cuestión del automatismo animal, Pereira se ocupa de problemas como el de la inmortalidad y la existencia del alma, y cree encontrar un argumento clave para demostrar la existencia de ésta: «me conozco conociendo algo, todo lo que conoce existe, luego existo» (Antoniana Margarita, columnas 573-574 en la ed. de 1554; pág. 277, col. 2 en la de 1749. Trad. de los autores).

Comoquiera que sea, Gómez Pereira tiene reservado un puesto en la historia de la psicología española por haber introducido una teoría de la conducta animal que representa un modelo parcial de la concepción mecanicista que se extenderá al ámbito global de la naturaleza con Galileo y Descartes. Esta concepción no es una creación exclusiva de la edad moderna, sino que hunde sus raíces en las teorías físicas medievales, entre las que destacan las desarrolladas en la Escuela de Oxford. La teoría de la conducta animal de Pereira supone un nexo de unión entre la cinemática medieval y la mecánica moderna cartesiana y nos ayuda a entender algunos de los factores que contribuyeron a transformar el pensamiento bajomedieval en la mentalidad moderna del Renacimiento.

Leer completo: Fuente:
Rafael Llavona + Javier Bandrés / Gómez Pereira y la Antoniana Margarita / 1995

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados