PRIMERO NOCTURNO
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VILLANCICO I
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Estribillo
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¡A LA FIESTA DEL CIELO! LAS VOCES CLARAS |
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una Reina celebran, Pura y sin falta. |
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¡Vengan, vengan, |
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a celebrarla por su buena estrella! |
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No se detengan, ¡vayan!, |
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que en su Concepción está para gracias. |
Coplas
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Con mucha gracia María, |
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siendo del género humano, |
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una Concepción estrena |
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tan nueva, que no ha pecado. |
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Allá en la Mente Divina |
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su puro esplendor intacto, |
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sin necesidad de absuelto, |
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fue éste un caso reservado. |
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Corriendo por todo el mundo |
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la culpa, estuvo el milagro |
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que macular no pudiese |
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a su Ser Inmaculado. |
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Astuto y desvanecido, |
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a sus plantas arrojado, |
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su honor puro a Lucifer |
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se le fue entonces por alto. |
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Corrientemente atrevido, |
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por hija de Adán, el Diablo |
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se la había jurado, puesto |
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que echó por tantos y cuantos. |
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Pero como no podía |
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en su Concepción tragarlo, |
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contra el bocado se estuvo |
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de Adán, sin probar bocado. |
VILLANCICO II
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Estribillo
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¡A LA CONCEPCIÓN, A LA CONCEPCIÓN! |
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No se detengan, que la fiesta es hoy. |
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¡Vayan, vayan, |
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que la Reina tiene harta gracia! |
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¡Lleguen, lleguen, |
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porque su fiesta es fiesta solemne! |
Redondillas
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Hoy con festiva alegría, |
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de virtud y gracia llena, |
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en su Concepción estrena |
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un Templo de Dios, María. |
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Venciendo al fiero Dragón |
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que a sus pies holló triunfante, |
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este milagro al instante |
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sucedió en la Concepción. |
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Victoriosa y sin desgracia, |
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como se deja entender, |
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fue el caso muy para ver |
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en Santa María de Gracia. |
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Si es Puerta en quien se hallará |
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franca la entrada del Cielo, |
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lo festivo de este anhelo |
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en Porta-Caeli será. |
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Contra el Dragón y sus redes, |
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en alta contemplación |
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cogen por la Concepción |
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los que hoy van a las Mercedes. |
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En sus aplausos divina, |
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después de tan gran batalla, |
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hoy, cuando contenta se halla, |
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es la fiesta de Regina. |
VILLANCICO III.—DIÁLOGO
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—¿QUIÉN ES AQUELLA AZUCENA |
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que pura entre todas brilla? |
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—Es, aunque Azucena sea, |
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de Dios una Maravilla. |
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—En su Concepción sin mancha |
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¿tuvo asomos de cautiva? |
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—Muy libre se concibió, |
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y fue en un Ave María. |
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—¿Pudo caer en la culpa |
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de Adán, de quien ella es hija? |
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—La cabeza se estrelló |
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sin haber dado caída. |
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—¿Con su pureza, el Demonio |
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tuvo alguna demasía? |
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—Aunque se precia de bravo, |
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jamás le echó la maldita. |
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—Porque campa de tremendo |
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¿su estrago la atemoriza? |
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—Puesta sobre su cabeza, |
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de él se le da lo que pisa. |
Estribillo
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—¿Quién es aquella Reina de tierra y Cielo? |
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—Es el Ave de gracia, por Dios eterno, |
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concebida sin mancha, |
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que está para glorias, que está para gracias, |
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y en un Instante |
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la libró Dios de culpa, para ser su Madre. |
SEGUNDO NOCTURNO
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VILLANCICO IV
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Coplas
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UN HERBOLARIO EXTRANJERO |
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que es todo Sabiduría, |
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para curar de venenos |
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muestra una Hierba bendita. |
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Él por su mano la planta, |
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que de ninguno la fía, |
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y porque salga con gracia |
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le bendice la semilla. |
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Hace con ella milagros |
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de curas tan peregrinas, |
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que es Hierba Sánalo-todo, |
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según a todo se aplica. |
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Dicen que es la Hierba-Buena |
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los que de espacio la miran; |
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pero Él por nombre le ha puesto |
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la Hierba Santa-María. |
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Otros, que es la Hierba-Santa |
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dicen, que sola se libra |
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de la infición que de Adán |
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nos hizo la manzanilla. |
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Otros, que es la Celidonia, |
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por lo que aclara la vista; |
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y otros dicen que es la Salvia, |
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porque la lengua habilita. |
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Otros, por su gran virtud, |
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que será Romero afirman; |
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y otros por la incorrupción, |
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dicen que es la Siempre-Viva. |
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Ella, aunque es como ninguna |
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y a ninguna parecida, |
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nace de la Mejor-Ana |
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y así a su lado se cría. |
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Es tan contra la ponzoña, |
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que la mordedura antigua |
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del más nocivo Dragón |
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en un punto se la quita. |
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Tal virtud secreta encierra, |
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que la Serpiente nociva |
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quiere rendirse a su fama |
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por no morir a su vista. |
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Todos los hombres la busquen, |
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pues todos la necesitan, |
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que aun de Ángeles la Ciudad |
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yerba de la Puebla cría. |
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Manuel es el Extranjero: |
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a Él vaya quien la codicia; |
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que también se da de gracia
La que en Gracia es Concebida. |
Estribillo
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Nadie tema ponzoña, de hoy más, Mortales, |
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pues con tal Contrayerba, ninguna es grande; |
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y aunque lo tenga en el seno, |
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ninguno tema el veneno: |
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que Ella es la dulce Trïaca |
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que todo el veneno saca |
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y cura de todos males. |
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¡Nadie tema ponzoña, Mortales! |
VILLANCICO V
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Coplas
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ENTRE LA ANTIGUA CIZAÑA |
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que el Enemigo del hombre |
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puso en el jardín del mundo |
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para marchitar sus flores, |
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el Hortelano Divino, |
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por ostentar sus primores, |
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en el más estéril cuadro |
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plantó la Rosa más noble. |
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De corrupción y de espinas |
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goza regias exenciones, |
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fragante Reina de tanta |
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república de colores. |
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A influjos del Sol se engendra, |
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porque su Criador dispone |
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que, aunque de la tierra nace, |
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nada de la tierra toque. |
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Y porque saliendo al prado |
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por maravilla del Orbe, |
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luces por hojas despliegue, |
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brille rayos por candores, |
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tan limpia, en fin, se concibe, |
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tan fuera del común orden, |
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que Naturaleza misma
en Ella, se desconoce. |
Estribillo
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¡Al jardín, Hortelanos, |
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al campo, Labradores, |
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y veréis en el campo, y entre las flores, |
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una Rosa sin recelo |
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de que la marchite el hielo |
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ni la abrasen los ardores! |
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Sin espinas de pecado |
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veréis que preside al prado, |
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sin mancilla, |
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tan hermosa, |
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que siendo del Cielo Rosa, |
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es del prado Maravilla. |
VILLANCICO VI.—JÁCARA
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Estribillo
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¡OIGAN, MIREN, ATIENDAN |
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lo que se canta, |
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que hoy la Música viene |
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de mucha gracia! |
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Pero hablando de veras |
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y en puridad, |
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en breve ha de decirles |
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una verdad. |
Coplas
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Antes que todas las cosas |
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érase una hermosa Niña |
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de los ojos del Criador, |
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graciosamente prevista. |
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Que habiendo de ser de un Dios |
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Humanado, Madre digna, |
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fue razón que ni un instante |
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se apartase de su vista. |
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Para ser de los Mortales |
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la defensa, fue escogida, |
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siendo la pura Azucena |
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de la hoja blanca y limpia. |
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Contra la Serpiente astuta |
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que ocasionó la rüina |
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de todo el género humano, |
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siempre estuvo prevenida; |
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siempre armada y vigilante; |
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y tanto, que al embestirla, |
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con linda gracia le dio |
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en la cabeza una herida. |
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Jamás pudo ni aun tocarla |
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la Sierpe; y así, corrida, |
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en escuchando su Nombre, |
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bramando se da a Patillas. |
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Para estas empresas, tanta |
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gracia Dios le comunica, |
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que siendo pura criatura, |
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Mujer parece Divina. |
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Sin la mancha de la culpa |
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se concibe, de Adán hija, |
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porque en un lunar no fuese |
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a su padre parecida. |
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Del tributo universal |
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el Sacro Poder la libra, |
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previendo que había de ser |
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nuestra Reina sin caída. |
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De Ésta, pues, a quien los fieles |
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invocan Madre benigna, |
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es la fiesta, y es el canto |
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de esta mi Jacarandina. |
TERCERO NOCTURNO
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VILLANCICO VII
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- MARÍA, EN SU CONCEPCIÓN,
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las sombras venciendo obscuras, |
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se forma de luces puras |
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bien ordenado Escuadrón. |
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2. De él huye el negro borrón; |
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- y viendo de María
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las puras luces bellas, |
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- queda la Noche fría,
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y la hace ver estrellas. |
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- ¡Triunfe el Día!
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- El Cielo, que venza ordena
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a la Sombra su arrebol, |
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- blanca Aurora, hermoso Sol
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y Luna de gracia llena. |
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- Déle a la Culpa la pena,
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destruyendo el negro horror; |
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muera la Sombra al valor |
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que tanta Luz encierra. |
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¡Al arma, guerra, guerra! |
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- Con luces de gracia y gloria
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consigue María victoria, |
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- y a su pureza el triunfo se da.
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- ¡Es verdad,
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porque vencer a la sombra |
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y al Dragón, que se asombra, |
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se debe a su claridad! |
Coplas
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Luciente divina Aurora |
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del que es de Justicia Sol, |
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contra la Noche se ostenta |
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María, en su Concepción. |
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Como Luna siempre llena |
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de puro, indemne candor, |
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a pesar de las tinieblas |
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sus luces manifestó, |
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pues, como el Sol escogida, |
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la lobreguez ahuyentó |
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de la culpa, y por la gracia |
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claro Día se formó. |
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Pertrechada se concibe |
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del limpio, claro esplendor |
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de la Luz indefectible, |
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con que a la sombra venció. |
VILLANCICO VIII
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(Entre un Negro y la Música Castellana.)
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—ACÁ TAMO TOLO |
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Zambio, lela, lela, |
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que tambié sabemo |
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cantaye las Leina. |
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—¿Quién es? — Un Negliyo. |
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— ¡Vaya, vaya fuera, |
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que en Fiesta de luces, |
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toda de purezas, |
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no es bien se permita |
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haya cosa negra! |
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—Aunque Neglo, blanco |
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somo, lela, lela, |
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que il alma rivota |
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blanca sá, no prieta. |
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—¡Diga, diga, diga! |
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—¡Zambio, lela, lela! |
Coplas
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—Cuche usé, cómo la rá |
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Rimoño la cantaleta: |
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¡Huye, husico ri tonina, |
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con su nalís ri trumpeta! |
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—¡Vaya, vaya, vaya! |
|
—¡Zambio, lela, lela! |
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—¡Válgati Riabro, Rimoño, |
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con su ojo ri culebra! |
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¿Quiriaba picá la Virgi? |
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¡Anda, tomá para heya! |
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— ¡Vaya, vaya, vaya! |
|
—¡Zambio, lela, lela! |
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Viní acá, perra cabaya: |
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¿su cabeza ri bayeta |
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y su cola ri machí, |
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pinsiaba la trivimenta? |
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—¡Vaya, vaya, vaya! |
|
—¡Zambio, lela, lela! |
|
—Vaya al infierno, Cambinga, |
|
ayá con su compañela |
|
que le mira calabralo, |
|
cómo yeva la cabeza. |
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—¡Vaya, vaya, vaya! |
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—¡Zambio, lela, lela, |
|
que tambié sabemo |
|
cantaye las Leina! |