pintores: John Frederick Kensett

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BIOGRAFIA  John Frederick Kensett

John Frederick Kensett (22 de marzo de 1816-14 de diciembre de 1872) fue un pintor y grabador estadounidense. Pintor de paisajes, perteneció a la segunda generación de la escuela del río Hudson y adoptó la técnica y los principios del luminismo.

Kensett estudió grabado con su padre Thomas y su tío Alfred Dagget mientras asistía a la Academia de Cheshire. Hasta 1838 trabajó como grabador en New Haven, luego decidió viajar a Europa con Asher Durand y John William Casilear para estudiar pintura. En Europa conoció a Benjamin Champney, con quien trabajó; juntos recorrieron a lo largo y ancho del Viejo Continente dibujando, tomando notas y pintando. Durante estos viajes, Kensett descubrió una afinidad particular con la pintura de paisaje holandesa de 1600, y luego regresaron a América en 1847. Kensett abrió su estudio en Nueva York e hizo una serie de viajes tanto al noreste, especialmente en la costa, como a las Montañas Rocosas de Colorado, intercalándolas con algunos retornos a Europa. Sus pinturas mostraban los paisajes de Nueva Inglaterra, el estado de Nueva York y su costa. Perteneció a la segunda generación de la escuela del río Hudson y, más tarde, al actual luminista, así como a David Johnson, Sanford Robinson Gifford, Fitz Hugh Lane, Jasper Francis Cropsey y Martin Johnson Heade. Fue considerado un pariente cercano, espiritual y estilístico de los impresionistas, debido a sus efectos de iluminación en la atmósfera. Su estilo, sin embargo, evolucionó gradualmente con el tiempo, pasando de la forma tradicional de la «escuela del río Hudson» al estilo más refinado del luminismo, que adoptó plenamente especialmente en los últimos años. En 1851 pintó un inmenso lienzo que representa el Monte Washington visto desde el Valle de Conway. Esta obra se convirtió en un icono del «arte de la Montaña Blanca» , se reprodujo en grabados en muchas copias y tuvo una gran difusión. Fue comprado por la American Art Union. Durante su vida Kensett fue ampliamente apreciado y elogiado, y también disfrutó de éxito financiero que a menudo utilizó para ayudar a otros artistas.

La conquista del imperio inca

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Un inmejorable libro de Historia.  Entrevistas y primer capítulo :

https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/plata-sangre-conquista-imperio-inca-guerras-civiles-peru/

Plata y sangre. La conquista del Imperio inca y las guerras civiles del Perú

Antonio Espino López

La conquista del Imperio inca a manos de un puñado de españoles sigue fascinando por lo que tiene de empresa quijotesca y desmedida. ¿Cómo pudieron Pizarro, Almagro y poco más de un centenar de hombres someter al Estado más poderoso y mejor organizado de América, capaz de poner en pie de guerra a millares de guerreros, y que había conquistado uno tras otro, implacablemente, a sus vecinos? En Plata y sangre. La conquista del Imperio inca y las guerras civiles del Perú, Antonio Espino, catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, responde a la cuestión con brillantez, en una narración vibrante que aúna el descubrimiento de un mundo ignoto con el análisis de cómo las innovaciones militares que se estaban desarrollando en Europa se adaptaron al nuevo continente.

Unas innovaciones que, además, iban sin solución de continuidad a emplearse en la negra tarea de matarse unos españoles a otros, ante la mirada impertérrita y la colaboración forzosa de unos indígenas cuyo mundo se tambaleaba. Si la conquista fascina, su envés son las guerras civiles que diezmaron a la primera generación de conquistadores del Perú. La ambición, el orgullo y la desmesura, combustibles de unos hombres que se sentían sin límite, estallaron en una vorágine cainita, y cuadros de piqueros y arcabuceros remedaron sobre los cerros andinos las sangrientas batallas de la revolución militar europea. Un ejército desplegado en el campo de batalla no deja de ser un compendio de las características, cualidades, defectos, virtudes y limitaciones de la sociedad que lo organiza y de los hombres que lo componen. Hombres como Pedro de Valdivia, curtido en Italia y conquistador de Chile, Gonzalo Pizarro, que acarició romper con España y coronarse rey, o Francisco de Carvajal, el Demonio de los Andes. Todos ellos encontraron en el Perú mucha plata, sí, pero también mucha sangre.

STABAT MATER

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Stabat Mater Composers: Pergolesi, Palestrina, Vivaldi, Boccherini, Bononcini, Pärt Artists: Angharad Gruffydd Jones & Lawrence Zazzo, Choir of Clare College Cambridge & Timothy Brown, Holland Boys Choir, Netherlands Bach Collegium, Pieter Jan Leusink & Sytse Buwalda, Camerata Ligure, Alessandro Stradella Consort & Estevan Velardi, Le Nuove Musiche, Krijn Koetsveld, Wendy Roobol, Hugo Naessens & Falco van Loon Stream this album here: https://brilliant-classics.lnk.to/Sta…

 

Tracklist: Composer: Giovanni Battista Pergolesi Artists: Angharad Gruffydd Jones & Lawrence Zazzo Stabat mater in F Minor, P.77: 0:00:00 I. Stabat mater dolorosa 0:03:50 II. Cujus animam gememtem 0:05:48 III. O quam tristis et afflicta 0:08:01 IV. Quae moerabat et dolebat 0:10:05 V. Quis est homo qui non fleret 0:12:47 VI. Vidit suum dulcem natum 0:15:50 VII. Eja Mater, fons amoris 0:18:20 VIII. Fac, ut ardeat cor meum 0:20:32 IX. Sancta mater, istud agas 0:25:55 Fac, ut portem Christi mortem 0:29:40 XI. Inflammatus et accensus 0:31:39 XII. Quando corpus morietur Composer: Giovanni Pierluigi da Palestrina Artists: Choir of Clare College Cambridge & Timothy Brown 0:35:31 Stabat mater Composer: Antonio Vivaldi Artists: Holland Boys Choir, Netherlands Bach Collegium, Pieter Jan Leusink & Sytse Buwalda Stabat mater, RV 621: 0:46:59 I. Stabat mater 0:49:55 II. Cujus animam 0:51:38 III. O quam tristis 0:53:37 IV. Quis est homo 0:56:33 V. Quis non posset 0:58:13 VI. Pro peccatis 1:00:12 VII. Eja mater 1:03:00 VIII. Fac, ut ardeat 1:04:46 IX. Amen Composer: Antonio Maria Bononcini Artists: Camerata Ligure, Alessandro Stradella Consort & Estevan Velardi Stabat mater in C Minor: 1:05:45 I. Stabat mater. Largo chorus 1:08:40 II. O quam tristis. Andante soprano 1:10:48 III. Quis est homo. Andante soprano, alto 1:13:55 IV. Pro peccatis. Adagio alto 1:17:22 V. Eja Mater. Cantabile alto 1:22:16 VI. Sancta mater. Tempo giusto chorus 1:24:19 VII. Fac me vere tecum stare. Sostenuto alto 1:29:36 VIII. Juxta crucem. Andante bass 1:32:05 IX. Virgo virginum. Tempo giusto chorus 1:35:09 X. Fac, ut portem. Vivace tenor 1:36:53 XI. Fac me plagis vulnerary. Adagio alto, tenor, chorus 1:38:11 XII. Inflammatus alto, tenor, chorus 1:39:58 XIII. Fac me cruce custodiri. Tempo giusto bass 1:41:49 XIV. Fac me cruce custodiri. Affettuoso soprano 1:43:23 XV. Quando corpus. Largo e pianissimo chorus 1:43:56 XVI. Paradisi Gloria. Adagio soprano, alto, tenor, bass, chorus Composer: Luigi Boccherini Artists: Ensemble Symposium & Francesca Boncompagni Stabat mater G. 532: 1:46:06 I. Stabat mater 1:51:06 II. Cujus animam 1:53:24 III. Quae moerebat 1:56:06 IV. Quis est homo 1:57:24 V. Pro peccatis 2:00:24 VI. Eja mater 2:04:13 VII. Tui nati vulnerati 2:10:59 VIII. Virgo virginum 2:15:18 IX. Fac, ut portem 2:20:07 X. Fac me plagis 2:22:21 XI. Quando corpus Composer: Arvo Pärt Artists: Le Nuove Musiche, Krijn Koetsveld, Wendy Roobol, Hugo Naessens & Falco van Loon 2:26:05 Stabat mater

 

The Best of Liszt: https://brilliant-classics.lnk.to/Pla… The Best of Bach: https://brilliant-classics.lnk.to/Bes… Most Popular Piano Music: https://brilliant-classics.lnk.to/Mos… Beautiful Classical Music: https://brilliant-classics.lnk.to/Bea… Classical Music For Dinnertime: https://brilliant-classics.lnk.to/Cla…

Historia militar de la conquista de Mexico

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Un libro destacable, historia pura. Primer capitulo y entrevistas:

https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/vencer-o-morir-una-historia-militar-de-la-conquista-de-mexico-espino/

Vencer o morir. Una historia militar de la conquista de México – 2.ª edición

Antonio Espino López

Hace cinco siglos, el 13 de agosto de 1521, caía Tenochtitlán, la otrora esplendorosa capital del Imperio azteca y ahora tan devastada como sus habitantes, exterminados por la guerra, el hambre y la viruela. Un mundo, el de Moctezuma y Cuauhtémoc, el de Huitzilopochtli y el Tezcatlipoca, se extinguía, y otro, el de Cortés y Malinche, el de Cristo y la Virgen de Guadalupe, nacía. Un hito en la historia universal, que supuso un bocado de león en la conquista española de América y que marcó el nacimiento del país mestizo que es México. Un hito doloroso, pero que cinco siglos después sigue asombrando: ¿cómo pudieron Cortés y su puñado de españoles, prácticamente incomunicados, en medio de un mundo que les era totalmente ajeno y extraño, conquistar un Imperio que se enseñoreaba sobre una vasta parte de lo que hoy es México? ¿Cómo pudieron escapar en la Noche Triste y vencer a los guerreros águila y jaguar en Otumba? Antonio Espino, catedrático de Historia Moderna en la Universitat Autónoma de Barcelona, y que respondió a una pregunta similar en Plata y sangre. La conquista del Imperio inca y las guerras civiles del Perú, aborda en Vencer o morir. Una historia militar de la conquista de México la aventura de Hernán Cortés y su reducida pero extraordinaria hueste, para resaltar la poderosa personalidad del líder hispano y el papel de las armas y mentalidad europeas en contraposición con las de sus enemigos mexicas, pero evidenciando también la importancia de las alianzas tejidas con los indígenas, sin cuyo concurso la conquista habría sido imposible. Un visión renovada presentada desde el prisma de la nueva historia militar, que analiza un periodo tan fascinante como complejo libre de prejuicios y tópicos con la intención de dotar al lector de instrumentos lo más objetivos posibles para que pueda formarse su propia opinión de cómo se produjo y significó la conquista de México.  

BACH oratorio de pascua

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Maravilloso Bach, prueba musical de la presencia de Dios

Prueba de la existencia de Dios

Oster-Oratorium BWV 249
Kommet, eilat und laufet
Traducción al Español
Oratorio de Pascua BWV 249 – Venid, apresuraos, corred

Domingo de Pascua
Primera audición: 1º de abril de 1725
Texto: poeta desconocido, quizás Christian Friedrich Henrici (Picander)
Solistas: SCTB. Coro. Trompetas I-III, timbales, flauta traversa, flautas I/II, oboes I/II, oboe d’amore, violines I/II, viola, fagot y continuo
Personajes: María, la madre de Santiago (soprano), María Magdalena (contralto), Pedro (tenor), Juan (bajo).

Texto original en alemán

Traducción al Español

1

Sinfonia

1

Sinfonía

Trompetas I-III, timbales, oboes I/II, violines I/II, viola, fagot y continuo

2

Adagio

2

Adagio

Oboe I, violines I/II, viola, fagot y continuo

3

Aria (Duetto) T B e Chor

3

Aria [dúo de tenor y bajo] y coro [s, c, t, b]

Trompetas I-III, timbales, oboes I/II, violines I/II, viola, fagot y continuo

Kommt, eilet und laufet, ihr flüchtigen Füße,
Erreichet die Höhle, die Jesum bedeckt!
Lachen und Scherzen
Begleitet die Herzen,
Denn unser Heil ist auferweckt.

¡Venid, apresuraos, corred, veloces pies,
llegad a la gruta que guarda a Jesús!
¡Risas y gozo
llenen nuestros corazones,
pues el Salvador resucitó!

4

Recitativo A S T B

4

Recitativo [contralto, soprano, tenor y bajo]

Fagot y continuo

Alt:
O kalter Männer Sinn!
Wo ist die Liebe hin,
Die ihr dem Heiland schuldig seid?

Contralto:
¡Hombres de frío corazón!
¿En dónde está el amor
que debéis al Salvador?

Sopran:
Ein schwaches Weib muss euch beschämen!

Soprano:
¡Una débil mujer os avergüenza!

Tenor:
Ach, ein betrübtes Grämen

Tenor:
Ah, una triste aflicción

Bass:
Und banges Herzeleid

Bajo:
y temerosa angustia,

Tenor, Bass:
Hat mit gesalznen Tränen
Und wehmutsvollem Sehnen
Ihm eine Salbung zugedacht,

Tenor y bajo:
con saladas lágrimas
y melancólica añoranza,
le habían destinado una unción,

Sopran, Alt:
Die ihr, wie wir, umsonst gemacht.

Soprano y contralto:
que en vano hemos preparado.

5

Aria S

5

Aria [soprano]

Flauta traversa o violín solo, fagot y continuo

Seele, deine Spezereien
Sollen nicht mehr Myrrhen sein.
Denn allein
Mit dem Lorbeerkranze prangen,
Stillt dein ängstliches Verlangen.

Alma, tus aromas
ya no serán de mirra,
que solo
adornan la corona de laurel
y alivian tu angustioso anhelo.

6

Recitativo T B A

6

Recitativo [tenor, bajo y contralto]

Fagot y continuo

Tenor:
Hier ist die Gruft

Tenor:
He aquí la cripta,

Bass:
Und hier der Stein,
Der solche zugedeckt.
Wo aber wird mein Heiland sein?

Bajo:
y aquí está la piedra
que la cerraba.
¿Pero en dónde estará mi Salvador?

Alt:
Er ist vom Tode auferweckt!
Wir trafen einen Engel an,
Der hat uns solches kundgetan.

Contralto:
¡Ha resucitado de la muerte!
Hemos encontrado a un ángel
que nos lo ha contado.

Tenor:
Hier seh ich mit Vergnügen
Das Schweißtuch abgewickelt liegen.

Tenor:
Veo aquí, con gozo,
el sudario doblado.

7

Aria T

7

Aria [tenor]

Flautas dulces I/II, violines I/II, fagot y continuo

Sanfte soll mein Todeskummer,
Nur ein Schlummer,
Jesu, durch dein Schweißtuch sein.
Ja, das wird mich dort erfrischen
Und die Zähren meiner Pein
Von den Wangen tröstlich wischen.

Suave será mi muerte,
solo un sueño,
Jesús, por tu sudario.
Sí, él me confortará,
y las lágrimas de mi dolor
enjugará, consolador, de mis mejillas.

8

Recitativo S A

8

Recitativo [soprano y contralto]

Fagot y continuo

Indessen seufzen wir
Mit brennender Begier:
Ach, könnt es doch nur bald geschehen,
Den Heiland selbst zu sehen!

Mientras tanto suspiramos
con ardiente anhelo:
¡Ah, si fuera pronto,
para ver al mismo Salvador!

9

Aria A

9

Aria [contralto]

Oboe d’amore, violines I/II, viola, fagot y continuo

Saget, saget mir geschwinde,
Saget, wo ich Jesum finde,
Welchen meine Seele liebt!
Komm doch, komm, umfasse mich;
Denn mein Herz ist ohne dich
Ganz verwaiset und betrübt.

¡Decid, decidme presto,
decid, dónde encontraré a Jesús,
al que mi alma ama!
Ven, pues, ven, abrázame;
pues sin ti mi corazón
está huérfano y triste.

10

Recitativo B

10

Recitativo [bajo]

Fagot y continuo

Wir sind erfreut,
Dass unser Jesus wieder lebt,
Und unser Herz,
So erst in Traurigkeit zerflossen und geschwebt
Vergisst den Schmerz
Und sinnt auf Freudenlieder;
Denn unser Heiland lebet wieder.

Estamos alegres
porque nuestro Jesús vive,
y nuestro corazón,
antes deshecho y suspenso en la tristeza,
olvida ahora el dolor
y piensa en canciones de alegría,
pues nuestro Salvador vive de nuevo.

11

Coro

11

Coro [s, c, t, b]

Trompetas I-III, timbales, oboes I/II, violines I/II, viola, fagot y continuo

Preis und Dank
Bleibe, Herr, dein Lobgesang.
Höll und Teufel sind bezwungen,
Ihre Pforten sind zerstört.
Jauchzet, ihr erlösten Zungen,
Dass man es im Himmel hört.
Eröffnet, ihr Himmel, die prächtigen Bogen,
Der Löwe von Juda kommt siegend gezogen!

De gloria y agradecimiento
sea, Señor, el canto en tu alabanza.
El infierno y el demonio han sido dominados
y sus puertas destruidas.
Exultad, lenguas redimidas,
que se oiga en el cielo.
¡Abre, Cielo, los soberbios arcos,
que el león de Judá llega vencedor!

fuente:

https://www.bach-cantatas.com/Texts/BWV249-Spa7.htm

Villancicos 6 Sor Juana

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SAN PEDRO APÓSTOL, 1683

Villancicos que se cantaron en la S. I. Catedral de Méjico, en los Maitines del gloriosísimo Príncipe de la Iglesia, el Señor San Pedro, año de 1683, en que se imprimieron.

PRIMERO NOCTURNO

VILLANCICO I

EXAMINAR DE PRELADO
a Pedro, Jesús procura,
para que el mérito ostente
antes que a la Silla suba.
Si sabe quién dicen que es,
es la primera pregunta:
que es, para juzgar, prudencia,
saber lo que todos juzgan.
Lo segundo, su sentir,
10 para que por él se induzca
si hace dictamen estable
entre tantas conjeturas.
De estos puntos sabe bien;
pero, porque no presuma
que el acierto de uno es
regla que a todos ajusta,
le permite que le niegue,
para que más se confunda:
que para una perfección,
20 le examina en una culpa.
Llora, y vuélvele a su gracia:
para que en ambas fortunas,
ni pecador desconfíe,
ni Santo de sí presuma.
Estribillo
¡Éste sí que es Examen,
en quien ayudan
al mérito presente
pasadas culpas!

VILLANCICO II

TAN SIN NÚMERO, DE PEDRO
son las maravillas altas,
que aunque todas son sabidas,
nunca son todas contadas.
Que tuvo Santidad mucha
se sabe, pero no cuánta;
y saberla y no entenderla,
es lo mismo que ignorarla.
Que es Cabeza de la Iglesia,
10 la misma Iglesia lo canta;
pero no saben los miembros
lo que la Cabeza alcanza.
Sabemos que es el Clavero
de todo el Divino Alcázar,
y como no se ve el Reino,
no se sabe lo que manda.
Como hay potestad suprema
en sus Llaves soberanas,
pueden siempre obedecerla,
20 pero nunca mensurarla.
En fin, su graduación tanto
de todo discurso pasa,
que es el mejor aplaudirla
el no saber ponderarla.
Estribillo
¡Vengan a aplaudir, vengan
todas las almas,
en virtudes sabidas,
las ignoradas,
de un tan gran Santo,
30 que la Fe solamente
puede alcanzarlo!

VILLANCICO III

PARA CANTAR CON DECORO
las maravillas que caben
de Pedro en el gran Tesoro,
todos dirán lo que saben,
y yo sólo lo que ignoro.
Porque copiar perfecciones,
imposibles de pintarlas,
con tan errados borrones,
si alguno puede expresarlas,
10 será sólo en negaciones.
La Nobleza, en quien empieza
del mundo el primero grado,
no tuvo para él Alteza,
y entró en el Apostolado
porque no tuvo Nobleza.
No de ser Rico blasona,
que es lo que todo lo abarca;
y es mérito que se abona
tanto, el dejar una Barca,
20 como hollar una Corona.
Solo entre todos negó
a su Maestro sagrado;
mas de manera lloró,
que con su llanto bañado,
más limpio que antes quedó.
Y en fin, lo que causa el llanto
es que hasta el Solio mayor
a que se levantó tanto,
haber sido pecador
30 le sirvió como el ser Santo.
Estribillo
¡Serafines alados
alegres canten
las grandezas de Pedro,
pues ellos saben
con Angélicas voces
sólo alabarle;
que acá, nosotros,
lo que no fué, alabarle
podemos sólo!

SEGUNDO NOCTURNO

VILLANCICO IV

CLARO PASTOR DIVINO,
que humildemente grave,
quien humilde te mira,
Soberano te aplaude;
angular Fundamento,
en cuyo eterno jaspe
asientan de la Iglesia
los muros de diamante;
Piedra herida a los golpes
10 del dolor penetrante,
desatando tu yelo
en dos puros raudales;
Pescador tan dichoso,
que en un punto te hallaste,
de dueño de una barca,
Piloto de una Nave;
soberano Clavero
de aquellas sacras Llaves,
que al pecado las cierras
20 y a la virtud las abres:
pues tu Sacro Maestro
dispuso, por honrarte,
que sin tu pasaporte
ninguno al Cielo pase,
Estribillo
¡duélete de nosotros,
Pastor amante;
y al ganadillo errante,
haz que pase ligero
de los pastos humanos
30 a los eternos!

VILLANCICO V

¡OH PASTOR, QUE HAS PERDIDO
al que tu pecho adora!
Llora, llora:
y deja, dolorido,
en lágrimas deshecho
el rostro, el corazón, el alma, el pecho.
Si el arrepentimiento
tu corazón oprime,
gime, gime:
10 lastime tu lamento
y doloroso anhelo
a la tierra, a la mar, al aire, al Cielo.
Si de suerte mejoras,
las lágrimas te valgan;
salgan, salgan
todas las que atesoras:
aneguen tus pesares
los ríos, los arroyos, fuentes, mares.
Y pues tu pena rara
20 lágrimas sólo borran,
corran, corran:
y dejen en tu cara
y en todas tus facciones,
señales, rayas, surcos, impresiones.
Y si a dar tiernas voces
el mal te necesita,
grita, grita:
y tus penas atroces
oigan, y tus querellas,
30 los luceros, el sol, luna y estrellas.
El curso ya empezado
tus lágrimas no acaben:
laven, laven
la mancha del pecado,
hasta que estés glorioso,
limpio, resplandeciente, puro, hermoso.
Estribillo
Llora, llora, mi Pedro,
que aquese llanto,
más que diez mil tesoros
40 es estimado.
Llora: que aquesa flaqueza
tiene grande fortaleza,
pues al Cielo ha conquistado.
¡Llora, llora, mi Pedro,
que aquese llanto,
más que diez mil tesoros
es estimado!

VILLANCICO VI

PESCADOR AMANTE,
que, por tu Maestro,
dejando tus redes,
dejas tu sustento:
cuyas redes son
cadenas de hierro
a tanto nadante
libre prisionero;
tú, que a aquese horrible
10 Monstruo verdinegro,
con una barquilla
le pisas el cuello,
espera, aún no vayas,
no dejes tan presto,
a los peces libres,
al mar con sosiego.
Pero si mejoras
la suerte, midiendo
el seno anchuroso
20 de Mar más inmenso,
bien haces: acude
a mayor empeño,
y tu pesca sea
todo el Universo.
Estribillo
¡Barquero, barquero,
que te llevan las aguas los remos!

TERCERO NOCTURNO

VILLANCICO VII

HOY DE PEDRO SE CANTAN LAS GLORIAS,
al dulce, al doliente, al métrico son
de suspiros que forman conceptos,
de dolor que es lira, de llanto que es voz.
Desatado en raudales el pecho,
en fuentes perennes vierte el corazón,
e inundando en cristales sus penas,
anega con llanto lo que antes negó.
Ya no fía el dolor a la lengua,
10 porque teme que ella cometa traición,
y encubriendo las penas del pecho,
mudando las voces, trueque la intención.
Por perjura, a perpetuo silencio
la boca condena, que se perjuró;
y mejores testigos los ojos,
desmienten y lavan, a un tiempo, su error.
Finas perlas le bordan el pecho,
quedando más rico con la contrición:
cada pena, le alcanza una gloria;
20 cada lágrima, impetra un perdón.
Providencia Divina permite,
altamente sabia, que yerre el Pastor,
porque estudie en el propio delito
lecciones de ajena conmiseración.
Estribillo
¡Oíd su dolor,
templad su rigor,
decid a su Amor
que, si quiere que temple su llanto,
le ciegue los ojos, o alivie el dolor!

VILLANCICO VIII.—ENSALADILLA

Introducción
COMO ES DÍA DE VIGILIA
la víspera de San Pedro,
sólo con una Ensalada
hacer colación podemos.
No estará muy sazonada,
porque por venirme presto
a los Maitines, no pude
echarle mucho aderezo.
Y hétele, que entro en la Iglesia
10 y lo primero que encuentro
es un Seis, que no es más que uno,
y uno que vale por ciento:
que, porque le dé la Iglesia
Capellanía a su tiempo,
por poner cuello en su voz,
esto cantó, voz en cuello.

SAN JUAN DE LIMA

En el mar se anega Pedro,
a donde salió a pescar.
¡Ay, que le llevan las olas!
20 ¡Ay, Dios! ¿Si lo volverán?
Nadie tema que se anegue
por borrascoso que está,
porque ya toda la tierra
sabe que es hombre a la mar.
Los peces, huyendo de él,
todo se les va en nadar:
mas juzgo que de sus redes
nadie se podrá escapar.
Atar y desatar sabe
30 con primor tan singular,
que Dios nos libre de que él
no nos quiera desatar.
Prosigue la Introducción
Otro, viendo que la voz
del que cantaba, aplaudían,
quiso alentarse, apretado
del verdugo de la envidia.
Y por no saber un tono,
quiso hacer con bizarría
plaza, con un Cardador
40 que deprendió en una esquina.

CARDADOR

A San Pedro canto,
tengan atención,
porque es de la carda,
por el Cardador.
Ninguno se admire,
puesto que es Pastor,
que carde la lana
el que la esquilmó.
Tan hecho a ello estaba,
50 que a cierto garzón
le quitó una oreja
en vez de vellón.
Pensó quedar rico
en una prisión;
y yendo por lana,
sin ella volvió.
Prosigue la Introducción
Viendo aquesto, otro mayor,
que ya algún latín sabía
y que al Arte de Montano
60 enlazaba el de Nebrija,
hizo con sencilla voz
una pregunta latina,
a que le respondió el Coro
en lenguas de su armonía.
Coplas
—Quare lachrymosum,
rogo, video, et flentem,
illum qui Caelorum
Claves potens tenet?
—Quia sapit amare,
70 coepit amare flere.
—Quare ille, cui Christus
osculavit pedes,
maculas peccati
lachrymis absterget?
—Quia sapit amare,
coepit amare flere.
—Quare maestum video,
quem vidi potentem
et fortem, in Horto,
80 turbis se praebere?
—Quia sapit amare,
coepit amare flere.
—Quare ille qui dixit:
Nam, si me oportuerit
mori tecum, moriar,
antequam te negem?
—Quia sapit amare,
coepit amare flere.

Garcilaso Sonetos

233

SONETOS

I

Cuando me paro a contemplar mi estado,

y a ver los pasos por do me ha traído,

hallo, según por do anduve perdido,

que a mayor mal pudiera haber llegado;

mas cuando del camino estó olvidado

a tanto mal no sé por dó he venido;

se que me acabo, y mas he yo sentido

ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabare, que me entregue sin arte

a quien sabrá perderme y acabarme

si ella quisiere, y aun sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme

la suya, que 10 estando de mi parte,

pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

II

En fin, a vuestras manos he venido,

do sé que he de morir tan apretado,

que aun aliviar con quejas mi cuidado,

como remedio, me es ya defendido.

Mi vida no sé en qué se ha sostenido,

si no es en haber sido yo guardado

para que sólo en mi fuese probado

cuánto corta una espada en un rendido.

Mis lágrimas han sido derramadas

donde la sequedad y la aspereza

dieron mal fruto dellas y mi suerte.

Basten las que por vos tengo lloradas.

No os venguéis más de mí con mi flaqueza;

allá os vengad, señora, con mi muerte.

III

La mar en medio y tierras he dejado

de cuanto bien, cuitado, yo tenía;

yéndome alejando cada día,

gentes, costumbres, lenguas he pasado.

Ya de volver estoy desconfiado;

pienso remedios en mi fantasía,

y el que más cierto espero es aquel día

que acabará la vida y el cuidado.

De cualquier mal pudiera socorrerme

con veros yo, señora, o esperallo,

si esperallo pudiera sin perdello.

Mas de no veros ya para valerme,

si no es morir, ningún remedio hallo;

y si esto lo es, tampoco podré habello.

IV

Un rato se levanta mi esperanza.

Tan cansada de haberse levantado

torna a caer, que deja, mal mi grado,

libre el lugar a la desconfianza.

¿Quién sufrirá tan áspera mudanza

del bien al mal? ¡Oh, corazón cansado!

esfuerza en la miseria de tu estado,

que tras fortuna suele haber bonanza.

Yo mismo emprenderé a fuerza de brazos

romper un monte, que otro no rompiera,

de mil inconvenientes muy espeso.

Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,

quitarme de Ir a veros, como quiera,

desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.

V

Escrito está en mi alma vuestro gesto,

y cuanto yo escrebir de vos deseo;

vos sola lo escrebistes, yo lo leo

tan solo, que aunque de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma misma os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir y por vos muero.

VI

Por ásperos caminos he llegado

a parte que de miedo no me muevo;

y si a mudarme o dar un paso pruebo,

allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy, que con la muerte al lado

busco de mi vivir consejo nuevo;

y conozco el mejor y el peor apruebo,

o por costumbre mala o por mi hado.

Por otra parte, el breve tiempo mío,

y el errado proceso de mis años,

en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien ya no porfío,

la cierta muerte, fin de tantos daños,

me hacen descuidar de mi remedio.

VII

No pierda más quien ha tanto perdido;

bástete, amor, lo que ha por mí pasado;

válgame agora haber jamás probado

a defenderme de lo que has querido.

Tu templo y sus paredes he vestido

de mis mojadas ropas, y adornado,

como acontece a quien ha ya escapado

libre de la tormenta en que se vido.

Yo había jurado nunca más meterme,

a poder mío y a mi consentimiento,

en otro tal peligro, como vano.

Mas del que viene no podré valerme;

y en esto no voy contra el juramento;

que no es como los otros ni en mi mano.

VIII

De aquella vista pura y ecelente

salen espirtus vivos y encendidos,

y siendo por mis ojos recebidos,

me pasan hasta donde el mal se siente.

Encuéntranse al camino fácilmente,

con los míos, que de tal calor movidos

salen fuera de mí como perdidos,

llamados de aquel bien que está presente.

Ausente, en la memoria la imagino;

mis espirtus, pensando que la vían,

se mueven y se encienden sin medida;

mas no hallando fácil el camino,

que los suyos entrando derretían,

revientan por salir do no hay salida.

IX

Señora mía, si de vos estoy ausente

en esta vida turo y no me muero,

paréceme que ofendo a lo que os quiero,

y al bien de que gozaba en ser presente

Tras éste, luego siento otro acidente,

que es ver que si de vida desespero,

yo pierdo cuanto bien de vos espero,

y así ando en lo que siento diferente.

En esta diferencia mis sentidos

están en vuestra ausencia y en porfía.

No sé ya qué hacerme en mal tamaño.

Nunca entre sí los veo tan reñidos.

De tal arte pelean noche y día,

que sólo se conciertan en mi daño.

X

¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas,

dulces y alegres, cuando Dios quería!

Juntas estáis en la memoria mía,

y con ella en mi muerte conjuradas.

¿Quién me dijera, cuando en las pasadas

horas en tanto bien por vos me vía,

que me habíades de ser en algún día

con tan grave dolor representadas?

Pues en un hora junto me llevastes

todo el bien que por términos me distes,

llevadme junto al mal que me dejastes.

Si no, sospecharé que me pusistes

en tantos bienes, porque deseastes

verme morir entre memorias tristes.

XI

Hermosas ninfas, que en el río metidas,

contentas habitáis en las moradas

de relucientes piedras fabricadas

y en colunas de vidrio sostenidas;

agora estáis labrando embebecidas,

o tejiendo las telas delicadas;

agora unas con otras apartadas,

contándoos los amores y las vidas;

dejad un rato la labor, alzando

vuestras rubias cabezas a mirarme,

y no os detendréis mucho según ando;

que o no podréis de lástima escucharme,

o convertido en agua aquí llorando,

podréis allá de espacio consolarme.

XII

Si para refrenar este deseo

loco, imposible, vano, temeroso,

y guarecer de un mal tan peligroso,

que es darme a entender yo lo que no creo,

no me aprovecha verme cual me veo,

o muy aventurado o muy medroso,

en tanta confusión, que nunca oso

fiar el mal de mí que lo poseo,

¿qué me ha de aprovechar ver la pintura

de aquel que con las alas derretidas

cayendo, fama y nombre al mar ha dado,

y la del que su fuego y su locura

llora entre aquellas plantas conocidas,

apenas en el agua resfriado?

XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,

y en luengos ramos vueltos se mostraban;

en verdes hojas vi que se tornaban

los cabellos que al oro escurecían.

De áspera corteza se cubrían

los tiernos miembros, que aún bullendo estaban;

los blancos pies en tierra se hincaban;

y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fué la causa de tal daño,

a fuerza de llorar, crecer hacía

el árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado, oh mal tamaño!

¡Que con lloralla cresca cada día

la causa y la razón por que lloraba!

XIV

Como la tierna madre que el doliente

hijo le está con lágrimas pidiendo

alguna cosa, de la cual comiendo,

sabe que ha de doblarse el mal que siente,

y aquel piadoso amor no le consiente

que considere el daño que haciendo

lo que le pide hace, va corriendo,

y dobla el mal, y aplaca el acidente,

así a mi enfermo y loco pensamiento,

que en su daño os me pide, yo querría

quitar este moral mantenimiento.

Mas pídemelo, y llora cada día

tanto, que cuanto quiere le consiento,

olvidando su muerte y aun la mía.

XV

Si quejas y lamentos pueden tanto,

que el curso refrenaron de los ríos,

y en los diversos montes y sombríos

los árboles movieron con su canto;

si convirtieron a escuchar su llanto

las fieras tigres y peñascos fríos;

si, en fin, con menos casos que los míos

bajaron a los reinos del espanto,

¿por qué no ablandará mi trabajosa

vida, en miseria y lágrimas pasadas,

un corazón conmigo endurecido?

Con más piedad debría ser escuchada

la voz del que se llora por perdido

que la del que perdió y llora otra cosa.

XVI

No las francesas armas odïosas,

ni contra puestas del airado pecho,

ni en los guardados muros con pertrecho

los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas,

ni aquel fiero ruido contrahecho

de aquel que para Júpiter fué hecho

por manos de Vulcano artificiosas,

pudieron, aunque más yo me ofrecía

a los peligros de la dura guerra,

quitar una hora sola de mi hado.

Mas infición de aire en solo un día

me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado,

Parténope, tan lejos de mi tierra.

XVII

Pensando que el camino iba derecho,

vine a parar en tanta desventura,

que Imaginar no puedo, aun con locura,

algo de que esté un rato satisfecho.

El ancho campo me parece estrecho;

la noche clara para mí es escura;

la dulce compañía, amarga y dura,

y duro campo de batalla el lecho.

Del sueño, si hay alguno, aquella parte

sola que es ser imagen de la muerte

se aviene con el alma fatigada.

En fin, que como quiera, estoy de arte,

que juzgo ya por hora menos fuerte,

aunque en ella me vi, la que es pasada.

XVIII

Si a vuestra voluntad yo soy de cera,

y por sol tengo sólo vuestra vista,

la cual a quien no inflama o no conquista

con su mirar, es de sentido fuera;

de do viene una cosa, que si fuera

menos veces de mi probada y vista,

según parece que a razón resista,

a mi sentido mismo no creyera,

y es, que yo soy de lejos inflamado

de vuestra ardiente vista, y encendido

tanto, que en vida me sostengo apenas.

Mas si de cerca soy acometido

de vuestros ojos, luego siento, helado,

cuajárseme la sangre por las venas.

XIX

Julio, después que me partí llorando

de quien jamás mi pensamiento parte,

y dejé de mi alma aquella parte

que al cuerpo vida y fuerza estaba dando,

de mi bien a mí mismo voy tomando

estrecha cuenta, y siento de tal arte

faltarme todo el bien, que temo en parte

que ha de faltarme el aire sospirando;

y con este temor, mi lengua prueba

a razonar con vos ¡oh dulce amigo!

del amarga memoria de aquel día

en que yo comencé como testigo

a poder dar del alma vuestra nueva,

y a sabella de vos del alma mía.

XX

Con tal fuerza y vigor son concertados

para mi perdición los duros vientos,

que cortaron mis tiernos pensamientos

luego que sobre mí fueron mostrados.

El mal es que me quedan los cuidados

en salvo destos acontecimientos,

que son duros, y tienen fundamentos

en todos mis sentidos bien echados.

Aunque por otra parte no me duelo,

ya que el bien me dejó con su partida,

del grave mal que en mí está de contino;

antes con él me abrazo y me consuelo;

porque en proceso de tan dura vida

atajaré la guerra del camino.

XXI

Clarísimo Marqués, en quien derrama

el cielo cuanto bien conoce el mundo;

si al gran valor en que el sujeto fundo,

y al claro resplandor de vuestra llama

arribaré mi pluma, y do la llama

la voz de vuestra nombre alto y profundo,

seréis vos solo eterno y sin segundo,

y por vos inmortal quien tanto os ama.

Cuanto del largo cielo se desea,

cuanto sobre la tierra se procura,

todo se halla en vos de parte en parte;

y, en fin, de sólo vos formó natura

una estraña y no vista al mundo idea,

y hizo igual al pensamiento el arte.

XXII

Con ansia estrema de mirar qué tiene

vuestro pecho escondido allá en su centro,

y ver si a lo de fuera lo de dentro

en apariencia y ser igual conviene,

en él puse la vista; mas detiene

de vuestra hermosura el duro encuentro

mis ojos, y no pasan tan adentro,

que miren lo que el alma en si contiene.

Y así, se quedan tristes en la puerta

hecha por mi dolor, con esa mano,

que aun a su mismo pecho no perdona;

donde vi claro mi esperanza muerta,

y el golpe que os hizo amor en vano

non esservi passato oltra la gonna.

XXIII

En tanto que de rosa y azucena

se muestra la color en vuestro gesto,

y que vuestro mirar ardiente, honesto,

enciende al corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena,

del oro se escogió, con vuelo presto,

por el hermoso cuello blanco, enhiesto,

el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera

el dulce fruto, antes que el tiempo airado

cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,

todo lo mudará la edad ligera,

por no hacer mudanza en su costumbre.

XIV

Ilustre honor del nombre de Cardona,

décima moradora de Parnaso,

a Tansilo, a Minturno, al culto Taso

sujeto noble de inmortal corona;

si en medio del camino no abandona

la fuerza y el espirtu a vuestro Laso,

por vos me llevará mi osado paso

a la cumbre difícil de Helicona.

Podré llevar entonces sin trabajo

con dulce son que el curso al agua enfrena,

por un camino hasta agora enjuto,

el patrio celebrado y rico Tajo,

que del valor de su luciente arena

a vuestro nombre pague el gran tributo.

XXV

¡Oh hado esecutivo en mis dolores,

cómo sentí tus leyes rigurosas!

Cortaste el árbol con manos dañosas,

y esparciste por tierra fruta y flores.

En poco espacio yacen mis amores

y toda la esperanza de mis cosas,

tornadas en cenizas desdeñosas,

y sordas a mis quejas y clamores.

Las lágrimas que en esta sepultura

se vierten hoy en día y se vertieron

recibe, aunque sin fruto allá te sean,

hasta que aquella eterna noche escura,

me cierre aquestos ojos que te vieron,

dejándome con otros que te vean.

XXVI

Echado está por tierra el fundamento

que mi vivir cansado sostenía.

¡Oh cuánto bien se acaba en solo un día!

¡Oh cuántas esperanzas lleva el viento!

¡Oh cuán ocioso está mi pensamiento

cuando se ocupa en bien de cosa mía!

A mi esperanza, así como a baldía,

mil veces la castiga mi tormento.

Las más veces me entrego, otras resisto

con tal furor, con una fuerza nueva,

que un monte puesto encima rompería.

Aqueste es el deseo que me lleva

a que desee tomar a ver un día

a quien fuera mejor nunca haber visto.

XXVII

Amor, amor, un hábito vestí,

el cual de nuestro paño fué cortado;

al vestir ancho fué mas apretado

y estrecho cuando estuvo sobre mí.

Después acá de lo que consentí,

tal arrepentimiento me ha tomado,

que pruebo alguna vez, de congojado,

a romper esto en que yo me metí.

Mas ¿quién podrá deste hábito librarse,

teniendo tan contraria su natura,

que con él ha venido a conformarse?

Si alguna parte queda por ventura

de mi razón, por mí no osa mostrarse,

que en tal contradición no está segura.

XXVIII

Boscán, vengado estáis, con mengua mía,

de mi rigor pasado y mi aspereza,

con que reheprenderos la terneza

de vuestro blando corazón solía.

Agora me castigo cada día

de tal salvatiquez y tal torpeza;

mas es a tiempo que de mi bajeza

correrme y castigarme bien podría.

Sabed que en mi perfecta edad y armado

con mis ojos abiertos me he rendido

al niño que sabéis, ciego y desnudo.

De tan hermoso fuego consumido

nunca fué corazón. Si preguntado

soy lo demás, en lo demás soy mudo.

XXIX

Pasando el mar Leandro el animoso,

con amoroso fuego todo ardiendo,

esforzó el viento, y fuese embraveciendo

el agua con un ímpetu furioso.

Vencido del trabajo presuroso,

contrastar a las ondas no pudiendo,

y más del bien que allí perdía muriendo,

que de su propia vida congojoso,

como pudo esforzó su voz cansada,

y a las ondas habló desta manera,

mas nunca fué la voz dellas oída:

—Ondas, pues no os escusa que yo muera,

dejadme allá llegar, y a la tornada

vuestro furor esecutá en mi vida.—

XXX

Sospechas, que en mi triste fantasía

puestas, hacéis la guerra a mi sentido,

volviendo y revolviendo el afligido

pecho, con dura mano, noche y día;

ya se acabó la resistencia mía

y la fuerza del alma; ya rendido

vencer de vos me dejo, arrepentido

de haberos contrastado en tal porfía.

Llevadme a aquel lugar tan espantable,

do por no ver la muerte allí esculpida,

cerrados hasta aquí tuve los ojos.

Las armas pongo ya, que concedida

no es tan larga defensa al miserable;

colgad en vuestro carro mis despojos.

XXXI

Dentro de mi alma fué de mí engendrado

un dulce amor, y de mi sentimiento

tan aprobado fué su nacimiento

como de un solo hijo deseado;

mas luego dél nació quien ha estragado

del todo el amoroso pensamiento;

que en áspero rigor y en gran tormento

los primeros deleites ha trocado.

¡Oh crudo nieto, que das vida al padre

y matas al abuelo! ¿por qué creces

tan disconforme a aquel de que has nacido?

¡Oh celoso temor! ¿a quién pareces?

¡Que la envidia, tu propia y fiera madre,

se espanta en ver el mostro que ha parido!

XXXII

Estoy continuo en lágrimas bañado,

rompiendo el aire siempre con sospiros;

y más me duele nunca osar deciros

que he llegado por vos a tal estado,

que viéndome do estoy y lo que he andado

por el camino estrecho de seguiros,

si me quiero tornar para huiros,

desmayo viendo atrás lo que he dejado;

si a subir pruebo, en la difícil cumbre,

a cada paso espántanme en la vía

ejemplos tristes de los que han caído.

Y sobre todo, fáltame la lumbre

de la esperanza, con que andar solía

por la escura región de vuestro olvido.

XXXIII

Mario, el ingrato amor, como testigo

de mi fe pura y de mi gran firmeza,

mostrando en mí su vil naturaleza,

que es hacer más ofensa al más amigo;

teniendo miedo que si escribo o digo

su condición, abajo su grandeza,

no bastando su fuerza a mi crueza,

ha esforzado la mano a mi enemigo.

Y así, en la parte que la diestra mano

gobierna, y en aquella que declara

el conceto del alma, fui herido.

Mas yo haré que aquesta ofensa, cara

le cueste al ofensor, que ya estoy sano,

libre, desesperado y ofendido.

XXXIV

Gracias al cielo doy que ya del cuello

del todo el grave yugo he sacudido,

y que del viento el mar embravecido

veré desde la tierra sin temello.

Veré colgada de un sutil cabello

la vida del amante embebecido

en su error, y en su engaño adormecido,

sordo a las voces que le avisan dello.

Alegrárame el mal de los mortales;

mas no es mi corazón tan inhumano

en aqueste mi error como parece,

porque yo huelgo, como huelga el sano,

no de ver a los otros en los males,

sino de ver que dellos él carece.

XXXV

Boscán, las armas y el furor de Marte,

que con su propia sangre el africano

suelo regando, hacen que el romano

imperio reverdesca en esta parte,

han reducido a la memoria el arte

y el antiguo valor italïano,

por cuya fuerza y valerosa mano

Africa se aterró de parte a parte.

Aquí donde el romano encendimiento,

donde el fuego y la llama licenciosa

sólo el nombre dejaron a Cartago,

vuelve y revuelve amor un pensamiento,

hiere y enciende el alma temerosa,

y en llanto y en ceniza me deshago.

XXXVI

A la entrada de un valle, en un desierto,

do nadie atravesaba ni se vía,

vi que con estrañeza un can hacía

estremos de dolor con desconcierto;

ahora suelta el llanto al cielo abierto,

ora va rastreando por la vía;

camina, vuelve, para, y todavía

quedaba desmayado como muerto.

Y fué que se apartó de su presencia

su amo, y no le hallaba, y esto siente;

mirad hasta dó llega el mal de ausencia.

Movióme a compasión ver su acidente;

díjele lastimado: “Ten paciencia,

que yo alcanzo razón, y estoy ausente.”

XXXVII

Mi lengua va por do el dolor la guía;

ya yo con mi dolor sin guía camino;

entrambos hemos de ir con puro tino;

cada uno va a parar do no quería;

yo, porque voy sin otra compañía,

sino la que me hace el desatino;

ella, porque la lleve aquel que vino

a hacella decir más que querría.

Y es para mí la ley tan desigual,

que aunque inocencia siempre en mí conoce

siempre yo pago el yerro ajeno y mío.

¿Qué culpa tengo yo del desvarío

de mi lengua, si estoy en tanto mal,

que el sufrimiento ya me desconoce?

XXXVIII

Siento el dolor menguarme poco a poco

no porque ser le sienta más sencillo,

mas fallece el sentir para sentillo,

después que de sentillo estoy tan loco.

Ni en sello pienso que en locura toco,

antes voy tan ufano con oíllo,

que no dejaré el sello y el sufrillo,

que si dejo de sello el seso apoco.

Todo me empece, el seso y la locura;

prívame éste de sí por ser tan mío;

mátame estotra por ser yo tan suyo.

Parecerá a la gente desvarío

preciarme deste mal, do me destruyo;

yo lo tengo por única ventura.

 

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados