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Conciertos para violín y orquesta: KV 207, KV 211, KV 216, KV 218 y KV 219

 

Tanta es la importancia que los historiadores de la música le dieron a Mozart como pianista que casi no se menciona que también fue un violinista de relevantes condiciones. Tan es así que varios de sus contemporáneos declararon categóricamente que merecía ser contado entre los mejores de su época.

Literalmente hablando, el compositor al servicio de cualquiera de las Cortes del Siglo XVIII era una fábrica de música que producía en cantidad y que necesariamente, en razón de la constante demanda, se veía obligado a descuidar la calidad. La mayoría de ellos se pasaban los años que duraba su siempre insegura ocupación recorriendo el mismo camino trillado, escribiendo rápidamente para llenar páginas y páginas de papel pautado sin preocuparse mayormente de que aquí o allá luciera alguna inquietud o una cierta dosis de inspiración. Sin embargo, algunos pocos compositores sinceros y verdaderamente geniales -Bach, Haydn y Mozart, los más notables- amontonaron una fantástica cantidad de obras maestras pese al clima tan poco favorable que reinaba en las Cortes.

Fue precisamente bajo el imperio de tales circunstancias que Mozart compuso sus primeros cinco conciertos para violín (tal vez fueron sus únicos cinco conciertos para violín, ya que otras dos obras similares cuya paternidad se le ha acreditado son de dudoso origen). Los cinco fueron escritos para que el mismo Mozart los diera a conocer en calidad de solista -aunque es probable que haya tenido que rendir tributo a los celos de su colega Brunetti, permitiéndole presentar uno o dos de ellos- y fueron creados en el breve lapso que fue de abril a diciembre de 1775 en medio de la agitación por componer nueva música para entretener el ocio cortesano.

Estas cinco obras son notables si se las considera como el producto de un compositor de edad madura, pero viéndolas como la creación de un joven de diecinueve años son sencillamente maravillosas. Indudablemente Mozart ya había compuesto música asombrosa a una edad más tierna todavía, pero en esos prodigios anteriores faltaba aún la realización total, la pujanza propia y la segura disciplina. Por otra parte, los conciertos para violín se nos presentan como pequeñas pero indiscutibles obras maestras, llenas de frescura imaginativa, moldeadas casi a la perfección y magistralmente controladas. Muchos musicólogos de mérito que han estudiado escrupulosamente cada una de las notas que Mozart escribió antes de los conciertos, ven en ellos la huella de su primer paso en la senda de la madurez creadora. Sobre este particular tal vez sea interesante señalar que son las primeras obras que aparecen en su catálogo cronológicamente y que han logrado un lugar permanente en el repertorio normal de los solistas.

 

compositores: jesus de Monasterio

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Jesús de Monasterio – Violin Concerto in B-minor (1859/1880)

 

Maestro de maestros. En la década de 1870 Jesús de Monasterio era una de las personalidades más influyentes de la música española. Se le consideraba, sin discusión, el violinista más importante del país junto a Pablo de Sarasate. Pero mientras Sarasate eligió una carrera de divo, siempre de gira alrededor del mundo, Monasterio dedicó la mayor parte de su tiempo a la docencia y a la promoción de la música en España. Los más destacados violinistas españoles de finales del siglo XIX y comienzos del XX se formaron bajo su tutela. Y no solo violinistas. También tuvo en sus clases a violoncelistas como Pau Casals o Juan Ruiz Casaux.

BIOGRAFIA

OBRAS importantes:

  • Fantasía original española (1853), para violín y orquesta.
  • Adiós a la Alhambra (1855), para violín y piano, inscrito dentro del movimiento alhambrista, pieza de virtuosismo violinístico para salón, con una bella línea melódica. También realiza una versión orquestal.
  • Grande Fantaisie Nationale (1855), para violín y orquesta.
  • Concierto en si menor para violín y orquesta (1859; 2.ª versión de 1880), con una estructura similar al Conciero para Violínde Mendelssohn y que se trata del único concierto para violín escrito en España en esa época, e incluso en todo el siglo. Está en la línea de los conciertos románticos de violín que componían los grandes virtuosos de aquellos tiempos, como Henri Vieuxtemps o Wieniawski, con una partición de violín solista de gran virtuosismo.
  • Marcha fúnebre y triunfal (1864).
  • Scherzo fantástico, compuesto en Madrid en noviembre de 1865, corregido en Potes en septiembre de 1866, y estrenado el 15 de marzo de 1868 por la Sociedad de Conciertos de Madrid, bajo la dirección de Barbieri. Según la Revista y Gaceta Musical (23-III-1868), el Scherzo “produjo viva sensación en el público, que hizo repetir la pieza, llamando al autor entre los más nutridos y prolongados aplausos” y Para Peña y Goñi, “tiene todo el sabor de una pieza clásica impregnada de la savia moderna, porque hay que decir, en honra del insigne artista, que no reconoce exclusivismos estéticos y adora lo bello donde quiera que lo halla”.
  • Melodía para orquesta (1872).
  • Melodía para violín o violonchelo y piano (1874), dedicada a su amigo Víctor Mirecki.
  • Estudio de concierto en si bemol (1875), para arpa, oboe, clarinete, trompa y orquesta de cuerda.
  • Sierra Morena (1877), para violín y orquesta.
  • Veinte estudios artísticos de concierto, por los que, el 21 de octubre de 1878, recibe, en la Exposición Universal de París, la Medalla de Plata dentro del apartado denominado «Organización y material de la segunda enseñanza».
  • Andantino expresivo (1881), para orquesta de cuerda.
  • Andante religioso, para orquesta de cuerda.

Biblioteca: Pedro de Osuna

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EL GRAN DUQUE DE OSUNA Y SU MARINA

Prólogo de Francisco Ledesma.

El Gran Duque de Osuna y su marina (1885) es una obra de su tiempo pero aún actual, gracias a la muy sólida erudición de su prosa viva y castiza. El prólogo, escrito para esta edición (la primera en ciento veinte años) por Francisco Ledesma, enmarca y sitúa a la perfección la trascendencia e interés de las empresas navales del Gran Duque de Osuna en el Nápoles del primer tercio del siglo XVII, historiadas por el también grande Cesáreo Fernández Duro.

Libro extraordinario, muy recomendable, de uno de esos episodios de nuestra historia tan frecuentes: admirables, ocultos y desconocidos y que hay que sacar mas a la luz

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Pedro El Grande, un «señor muy pequeño que era muy grande», según le describió Miguel de Cervantes, comprendió que para defenderse de los corsarios berberiscos que asolaban la Italia española solo servía una estrategia ofensiva. Frente a la inutilidad de las grandes flotas anuales, este atípico Duque de Osuna creó una flotilla privada durante su periodo como virrey de Sicilia y la empleó para atacar a los corsarios con sus propias armas. En sus bases. En su terreno…

A pesar de las críticas desde Madrid, la flota de Osuna cosechó grandes victorias en el Mediterráneo a principios del siglo XVII y fue creciendo en tamaño conforme arrebataban botines a los corsarios musulmanes. La lista de normas infringidas por el virrey solo era comparable a la de galeras apresadas, más de una treintena, y a la de los miles de esclavos cristianos liberados. Es por esta razón que, cuando el gran duque fue nombrado virrey de Nápoles, un reino clave para el Imperio español, el noble trasladó allí también su estrategia contra los piratas y sus barcos. Se justificó a la hora de continuar con el corso en que, a falta de medios de la Corona, ponía él los suyos, y en que no había peligro de atacar a mercaderes porque « en la Costa de Berbería no hay de esos», solo piratas.

Su nueva flota en Nápoles estuvo formada por las habituales galeras, típicas del Mediterráneo, y también por galeones, que empleó con audacia pese a ser más adecuados para el Atlántico. En total, 22 galeras y 20 galeones. La combinación de ambos tipos de nave permitió el control del Adriático y trasladó el hostigamiento hasta los dominios del Imperio turco, en ese momento volcado en sus campañas contra el Imperio safávida (Irán). Enésima demostración de lo que la batalla de Lepanto ya dejó intuir en su día: los turcos estaban perdiendo la batalla tecnológica respecto a la Europa cristiana.

Francisco de Ribera, un humilde capitán de galeones, se convirtió en leyenda en esos días por mostrar la superioridad de los barcos atlánticos y protagonizar en el cabo Celidonia una victoria que resulta inverosímil.Pedro El Grande conservó en el cargo de alférez al hidalgo y le confió al mando de un galeón de 36 cañones.

 

Desplegado en las aguas cercanas a Calabria, el alférez castellano acudió a patrullar la zona ante el aviso de velas corsarias. El galeón y una tartana, con 100 mosqueteros y 80 marineros a bordo, cayeron en la emboscada de dos galeras tunecinas, de 40 y 36 piezas de bronce, cuando perseguían a una nave sospechosa. Ribera resistió en su galeón más de cinco horas, sin que las galeras se atrevieran a abordarla y, llegada la noche, encendió fanal, lo que significaba que no tenía ninguna prisa. Cuando los enemigos se dieron por vencidos, la flota cristiana se refugió al norte de Sicilia; hizo dos presas corsarias que pasaban por allí y tras reponerse reanudó la persecución.

Francisco de Ribera buscó a sus asaltantes en la bahía que asienta la Goleta, que sigue siendo hoy la llave de la ciudad y del puerto de Túnez. Allí rindió, según Cesáreo Fernández Duro, a cuatro barcos corsarios, mató 37 turcos en ellos y rescató a 19 flamencos, antes de huir a causa del fuego desde la Goleta. En su huida perdió a uno de los cuatro barcos rendidos y, a tenor de los 42 cañonazos recibidos, casi se le hunde el suyo propio.

La temeraria acción en la Goleta asombró a Osuna, quien elogió al toledano por su arrojo «en este tiempo en que hay tan pocos de quien se pueda echar mano para esto». Le recompensó, además, con el empleo de capitán de una flota con otros barcos altos, esto es, diseñados más para el agitado Atlántico que para el sosegado Mediterráneo. La falta de remos podía ser una desventaja, pero la mayor potencia artillera de los galeones y su altura los convertía en castillos flotantes a ojos de las galeras, de gran longitud y poca altura.

La batalla del Cabo Celidonia

En el verano de 1616, la escuadra de Ribera –cinco galeones y un patache– se encontraba realizando actividades corsarias en torno a Chipre, cuando fue sorprendida por el grueso de la armada turca en el Cabo Celidonia. Patrullaba la zona ante la posibilidad de un ataque contra Calabria o Sicilia, y de repente se vieron acorralados por el enemigo.

El 14 de julio aparecieron ante el cabo 55 galeras con cerca de 275 cañones (la mayoría situados en la proa) y 12.000 efectivos a bordo. Sin perder la calma, el marino toledano se preparó para recibir al enemigo con disparos a distancia y para sacar ventaja de la mayor altura de los barcos atlánticos. Unió los seis barcos mediante cadenas para evitar que el viento aislara a alguno, mientras situó en vanguardia a su buque insignia, el Concepción, con 52 cañones.

La lucha comenzó a las nueve de la mañana y se alargó hasta el ocaso. La artillería de los galeones dejó a ocho galeras a punto de hundirse y otras muchas dañadas al final del primer día. El ataque se reanudó a la mañana siguiente, cuando, después de un consejo de guerra nocturno, los otomanos se lanzaron a la ofensiva con la obsesión de apresar la Concepción y la Almiranta, que eran con diferencia las que más daño les estaban causando. Otras 10 galeras quedaron escoradas durante esta acometida.

Así las cosas, la superioridad numérica de los turcos, que iban con sus mejores tropas de jenízaros embarcadas, renovó los ánimos. Después de una arenga a sus tripulaciones, los otomanos realizaron el asalto más crítico el día 16. La nave capitana de Ribera escupió fuego de mosquetes y cañones, como si fuera una fábrica de fuegos artificiales en llamas, para repeler el ataque turco. La intervención del galeón Santiago, defendiendo el flanco del buque insignia, infligió daños severos y dio la puntilla a los musulmanes.

A las tres de la tarde, la armada otomana arrojó la toalla con 1.200 jenízaros y 2.000 marineros y remeros muertos y 10 galeras hundidas y otras 23 inutilizadas. Por su parte, los españoles contaron solo 34 muertos y regresaron con todos los barcos a puerto, aunque dos de ellos con importantes daños.

A raíz de un triunfo que parecía imposible, Osuna recibió a Ribera como a un general romano acampado en el Campo de Marte. El toledano fue promovido a almirante por el Rey, que también lo recompensó concediéndole el hábito de la Orden de Santiago. Los galeones del virrey confirmaron la superioridad tecnológica europea en Celidonia.

Cine Mudo: el fantasma de la opera

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El Fantasma de la Ópera (1925) – Película Completa

 

El Fantasma de la Ópera (1925) – Cine Clásico Mudo – Película Completa – Adaptación de la novela de Gastón Leroux. Título original: The Phantom of the Opera (Estados Unidos – 1925) Dirigida por: Rupert Julian Protagonizada por: Lon Chaney, Sr., Mary Philbin, Norman Kerry, Arthur Edmund Carewe, Gibson Gowland, John St. Polis y Snitz Edwards.

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Biblioteca: Contra Armada

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 Gorrochategui Luis – Contra Armada

Libro fundamental para hacer justicia a nuestra historia. Parece mentira que no se haya hecho antes.

Durante el año transcurrido desde julio de 1588, cuando zarpa de España la Gran Armada, la famosa Invencible, y julio de 1589, cuando arriban a Inglaterra los restos de su réplica inglesa, la desconocida Contra Armada, se van a consumar dos de las mayores catástrofes navales de la historia.

A la primera de ellas se ha dedicado una enorme atención. A la segunda ninguna.

«Este libro presenta en toda su magnitud un acontecimiento celosamente ocultado
durante más de cuatro siglos»

https://contraarmada.com/

Muchas obras se han ocupado de estudiar la Armada Invencible y su impacto en la historia de Europa, pero hay un episodio relacionado, de magnitud incluso superior, que apenas es conocido: en 1589, un año después de lo sucedido con la Armada Invencible, Inglaterra lanza contra España una flota de superiores proporciones. Es la invencible inglesa, la llamada Contra Armada, una expedición oculta en la historia durante más de cuatro siglos.

Tras ser repelida en La Coruña por la tenaz resistencia que encumbrará a María Pita, la Contra Armada será rematada en Lisboa por tierra y mar, abocándose a una catástrofe que duplicó las pérdidas de la Armada Invencible. Una empresaque cambió el signo de la guerra, y permitió a España continuar dominando los océanos.

Este libro, basado en documentos inéditos de archivos españoles, reconstruye día a día, y por primera vez, el destino de aquella empresa. Y su autor, el historiador Luis Gorrochategui Santos, trata de arrojar luz a por qué dos episodios similares han recibido tratamientos tan dispares.

nmediatamente después del fracaso de la Gran Armada, Isabel I de Inglaterra preparó una flota de represalia de proporciones aún mayores que su antecesora.

Fue la Contra Armada. Su objetivo era aprovechar la debilidad de la marina española tras el descalabro de la Invencible, y asestar un demoledor golpe a España que abriese américa a la pretensiones de Isabel.

Para ello debía cumplir tres misiones.

La primera y fundamental era destruir, en Santander, la Gran Armada regresada, que estaba en urgente reparación. Conseguido esto dejaría a España huérfana de flota en el Atlántico europeo.

Entonces tendría el mar expedito para cumplir su segunda misión: conquistar Lisboa. Así convertiría a Portugal en país satélite de Inglaterra y penetraría en el imperio luso. Para ello conducía al Prior de Crato, pretendiente al trono luso que Felipe II acababa de heredar de su madre, Isabel de Portugal. Crato había firmado previamente unas rigurosas clausulas que, de cumplirse, transformaban a Portugal en un protectorado de Inglaterra.

Su tercera misión era apostarse en las Azores y capturar la flota de Indias. De este modo, Inglaterra sería la nueva dueña del Atlántico y se aprestaría a usurpar las rutas oceánicas españolas.

Fracasó en los tres frentes, fue derrotada en La Coruña y en Lisboa, y regresó con unas perdidas de 20.000 hombres y mas de 100 barcos … :

https://contraarmada.com/wp-content/uploads/2018/01/ABC-26-10-11.pdf

Luis Gorrochategui (La Coruña, 1960) se graduó en filosofía por la Universidad de Barcelona. Ha compaginado su labor docente con la investigación publicando La Guerra de la Sirena. Nueva perspectiva de María Pita (2002), Contra Armada. La mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra (Ministerio de Defensa 2011), La Rebelión de los PIGS. La verdad oculta de la crisis y el saqueo del sur de Europa (2013), English Armada. The Greatest Naval disaster in English History (2018), Las derrotas inglesas en el Río de la Plata 1806-1807.Victoria decisiva en Buenos Aires (2018), y numerosos artículos y colaboraciones. Actualmente es profesor de filosofía en el IES Francisco Aguiar, de Betanzos.

Cine Mudo: Nosferatu

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Nosferatu (1922) [Sub-Español]

 

Dirección: F.W. Murnau Guión: Henrik Galeen Fotografía: Fritz Arno Wagner Producción: Prana-Film GmbH País: Alemania

Largometraje de dominio público

 

Año 1838. En la ciudad de Wisborg viven felices el joven Hutter y su mujer Ellen, hasta que el oscuro agente inmobiliario Knock decide enviar a Hutter a Transilvania para cerrar un negocio con el conde Orlok. Se trata de la venta de una finca de Wisborg, que linda con la casa de Hutter. Durante el largo viaje, Hutter pernocta en una posada, donde ojea un viejo tratado sobre vampiros que encuentra en su habitación. Una vez en el castillo, es recibido por el siniestro conde. Al día siguiente, Hutter amanece con dos pequeñas marcas en el cuello, que interpreta como picaduras de mosquito. Una vez firmado el contrato, descubre que el conde es, en realidad, un vampiro. Al verle partir hacia su nuevo hogar, Hutter teme por Ellen. «Nosferatu» fue una libre adaptación de la novela de Bram Stoker «Drácula» a la que se cambió el nombre para no tener que pagar derechos de autor. La viuda de Stoker logró que se reconociese la autoría, y obtuvo una orden judicial para destruir los negativos y todas las copias de la película. Las copias distribuidas en el resto del mundo impidieron su total desaparición. (FILMAFFINITY)

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados