Granada y Federico

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Federico García Lorca: Impresiones

Granada ama lo diminuto. Y en general toda Andalucía. El lenguaje del pueblo pone los verbos en diminutivo. Nada tan incitante para la confidencia y el amor. Pero los diminutivos de Sevilla y los diminutivos de Málaga son ciudades en las encrucijadas del agua, ciudades con sed de aventura que se escapan al mar. Granada, quieta y fina, ceñida por sus sierras y definitivamente anclada, busca a sí misma sus horizontes, se recrea en sus pequeñas joyas y ofrece en su lenguaje diminutivo soso, su diminutivo sin ritmo y casi sin gracia, si se compara con el baile fonético de Málaga y Sevilla, pero cordial, doméstico, entrañable. Diminutivo asustado como un pájaro, que abre secretas cámaras de sentimiento y revela el más definido matiz de la ciudad.

El diminutivo no tiene más misión que la de limitar, ceñir, traer a la habitación y poner en nuestra mano los objetos o ideas de gran perspectiva.

Se limita el tiempo, el espacio, el mar, la luna, las distancias, y hasta lo prodigioso: la acción.

No queremos que el mundo sea tan grande ni el mar tan hondo. Hay necesidad de limitar, de domesticar los términos inmensos.

Granada no puede salir de su casa. No es como las otras ciudades que están a la orilla del mar o de los grandes ríos, que viajan y vuelven enriquecidas con lo que han visto. Granada, solitaria y pura, se achica, ciñe su alma extraordinaria y no tiene más salida que su alto puesto natural de estrellas. Por eso, porque no tiene sed de aventuras, se dobla sobre sí misma y usa del diminutivo para recoger su imaginación, como recoge su cuerpo para evitar el vuelo excesivo y armonizar sobriamente sus arquitecturas interiores con las vivas arquitecturas de la ciudad.

Por eso la estética genuinamente granadina es la estética del diminutivo, la estética de las cosas diminutas.

Las creaciones justas de Granada son el camarín y el mirador de bellas y reducidas proporciones. Así como el jardín pequeño y la estatua chica.

Lo que se llaman escuelas granadinas son núcleos de artistas que trabajan con primor obras de pequeño tamaño. No quiere esto decir que limiten su actividad a esta clase de trabajo; pero, desde luego, es lo más característico de sus personalidades.

Se puede afirmar que las escuelas de Granada y sus más genuinas representantes son preciosistas. La tradición del arabesco de la Alhambra, complicado y de pequeño ámbito, pesa en todos los grandes artistas de aquella tierra. El pequeño palacio de la Alhambra, palacio que la fantasía andaluza vio mirando con los gemelos al revés, ha sido siempre el eje estético de la ciudad. Parece que Granada no se ha enterado de que en ella se levantan el palacio de Carlos V y la dibujada catedral. No hay tradición cesárea ni tradición de haz de columnas. Granada todavía se asusta de su gran torre fría y se mete en sus antiguos camarines, con una maceta de arrayán y un chorro de agua helada, para labrar en dura madera pequeñas torres de marfil.

La tradición renacentista, con tener en la urbe bellas muestras de su actividad, se despega, se escapa o, burlándose de las proporciones que impone la época, construye la inverosímil torrecilla de Santa Ana: torre diminuta, más para palomas que para campanas, hecha con todo el garbo y la gracia antigua de Granada.

En los años en que renace el arco del triunfo, labra Alonso Cano sus virgencitas, preciosos ejemplares de virtud y de intimidad. Cuando el castellano es apto para describir los elementos de la Naturaleza y flexible hasta el punto de estar dispuesto para las más agudas construcciones místicas, tiene Fray Luis de Granada delectaciones descriptivas de cosas y objetos pequeñísimos.

Es Fray Luis quien, en la Introducción al símbolo de la fe, habla de cómo resplandece más la sabiduría y providencia de Dios en las cosas pequeñas que en las grandes. Humilde y preciosista, hombre de rincón y maestro de miradas, como todos los buenos granadinos.

En la época en que Góngora lanza su proclama de poesía pura y abstracta, recogida con avidez por los espíritus más líricos de su tiempo, no podía Granada permanecer inactiva en la lucha que definía una vez más el mapa literario de España. Soto de Rojas abraza la estrecha y difícil regla gongorina; pero, mientras el sutil cordobés juega con mares, selvas y elementos de la Naturaleza, Soto de Rojas se encierra en su Jardín para descubrir surtidores, dalias, jilgueros y aires suaves. Aires moriscos, medio italianos, que mueven todavía sus ramas, frutos y boscajes de su poema.

En suma: su característica es el preciosismo granadino. Ordena su naturaleza con un instinto de interior doméstico. Huye de los grandes elementos de la Naturaleza, y prefiere las guirnaldas y los cestos de frutas que hace con sus propias manos. Así pasó siempre en Granada. Por debajo de la impresión renacentista, la sangre indígena daba sus frutos virginales.

La estética de las cosas pequeñas ha sido nuestro fruto más castizo, la nota distinta y el más delicado juego de nuestros artistas. Y no es obra de paciencia, sino obra de tiempo; no obra de trabajo, sino obra de pura virtud y amor. Esto no podía suceder en otra ciudad. Pero sí en Granada.

Granada es una ciudad de ocio, una ciudad para la contemplación y la fantasía, una ciudad donde el enamorado escribe mejor que en ninguna otra parte el nombre de su amor en el suelo. Las horas son allí más largas y sabrosas que en ninguna otra ciudad de España. Tiene crepúsculos complicados de luces constantemente inéditas que parece no terminarán nunca.

Sostenemos con los amigos largas conversaciones en medio de sus calles.

Vive con la fantasía. Está llena de iniciativas, pero falta de acción.

Sólo en la ciudad de ocios y tranquilidades puede haber exquisitos catadores de aguas, de temperaturas y de crepúsculos, como los hay en Granada.

El granadino está rodeado de la naturaleza más espléndida, pero no va a ella. Los paisajes son extraordinarios; pero el granadino prefiere mirarlos desde su ventana. Le asustan los elementos y desprecia el vulgo voceador, que no es de ninguna parte. Como es hombre de fantasía, no es, naturalmente, hombre de valor. Prefiere el aire suave y frío de su nieve al viento terrible y áspero que se oye en Ronda, por ejemplo, y está dispuesto a poner su alma en diminutivo y traer al mundo dentro de su cuarto. Sabiamente se da cuenta de que así puede comprender mejor. Renuncia a la aventura, a los viajes, a las curiosidades exteriores; las más veces renuncia al lujo, a los vestidos, a la urbe.

Desprecia todo esto y engalana su jardín. Se retira consigo mismo. Es hombre de pocos amigos. (¿No es proverbial en Andalucía la reserva de Granada?)

De esta manera mira y se fija amorosamente en los objetos que lo rodean. Además, no tiene prisa. Quizá por esta mecánica los artistas de Granada se hayan deleitado en labrar cosas pequeñas o describir mundos de pequeño ámbito. Se me puede decir que éstas son las condiciones más aptas para producir una filosofía. Pero una filosofía necesita una constancia y un equilibrio matemático, bastante difícil en Granada. Granada es apta para el sueño y el ensueño. Por todas partes limita con lo inefable. Y hay mucha diferencia entre soñar y pensar, aunque las actitudes sean gemelas. Granada será siempre más plástica que filosófica. Más lírica que dramática. La sustancia entrañable de su personalidad se esconde en los interiores de sus casas y de su paisaje. Su voz es una voz que baja de un miradorcillo o sube de una ventana oscura. Voz impersonal, aguda, llena de una inefable melancolía aristocrática. Pero ¿quién la canta? ¿De dónde ha salido esa voz delgada, noche y día al mismo tiempo?

Para oírla hay necesidad de entrar en los pequeños camarines, rincones y esquinas de la ciudad. Hay que vivir su interior sin gente y su soledad ceñida. Y lo más admirable: hay que hurgar y explorar nuestra propia intimidad y secreto, es decir, hay que adoptar una actitud definidamente lírica.

Hay necesidad de empobrecerse un poquito, de olvidar nuestro nombre, de renunciar a eso que han llamado las gentes personalidad.

Todo lo contrario que Sevilla. Sevilla es el hombre y su complejo sensual y sentimental. Es la intriga política y el arco de triunfo. Don Pedro y Don Juan. Está llena de elemento humano, y su voz arranca lágrimas, porque todos la entienden. Granada es como la narración de lo que ya pasó en Sevilla.

Hay un vacío de cosa definitivamente acabada.

Comprendiendo el alma íntima y recatada de la ciudad, alma de interior y jardín pequeño, se explica también la estética de muchos de nuestros artistas más representativos y sus característicos procedimientos.

Todo tiene por fuerza un dulce aire doméstico; pero, verdaderamente, ¿quién penetra esta intimidad? Por eso, cuando en el siglo XVII un poeta granadino, don Pedro Soto de Rojas, de vuelta de Madrid, lleno de pesadumbre y desengaños, escribe en la portada de un libro suyo estas palabras: «Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos», hace, a mi modo de ver, la más exacta definición de Granada: Paraíso cerrado para muchos.

pintores: Sorolla

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1 RESUMEN

Joaquín Sorolla y Bastida, pintor español vinculado al Impresionismo, nace en Valencia en 1863, cuando el movimiento en Francia estaba en pleno apogeo. Sus pinturas por tanto son tardías, pero en ellas reúne las principales características impresionistas como el gusto por el aire libre, la búsqueda de lo momentáneo, de lo fugaz, la captación de los efectos de la luz, la ausencia del negro y de los contornos y las pinceladas pequeñas y sueltas.

2 Biografia

3 OBRAS:

Vendiendo Melones (1980) (Museo Carmen Thyssen Málaga)

Los guitarristas, costumbres valencianas (1899).

La fuente, Buñol (1890-1895).

El pillo de playa (1891).

Trata de blancas (1894).

Aún dicen que el pescado es caro (1894).

Retrato de Benito Pérez Galdós (1894).

Madre (1895).

Cosiendo la vela (1896).

Una investigación (1897).

La comida en la barca (1898).

Cordeleros de Jávea (1898).

Triste herencia (1899)

Desnudo de mujer de 1902, pintado durante su etapa de culminación.

Paseo por la playa, 1909.

Noria, Jávea (1900).

Retrato de Beruete (1902).

Mar y rocas de San Esteban, Asturias (1903).

Las tres velas (1903).

A la sombra de la barca, Valencia (1903-1904).

Autorretrato (1904).

Mis hijos (1904).

El niño de la barquita (1904).

El Pescador (1904).

Nadadores, Jávea (1905).

Rocas de Jávea y el bote blanco (1905). Museo Carmen Thyssen de Málaga

Retrato de Santiago Ramón y Cajal (1906).

Instantánea, Biarritz (1906).

María Guerrero (1906).

Tormenta sobre Peñalara, Segovia (1906).

María convaleciente (1907).

Aldeanos Leoneses (1907).

Saltando a la comba, La Granja (1907).

Fuente del Alcázar de Sevilla (1908).

Pescadora con su hijo, Valencia (1908).

Reflejos de una fuente (1908).

Paseo a orillas del mar (1909).

El baño del caballo (1909).

Chicos en la playa (1910).

Clotilde con traje de noche (1910).

Bajo el toldo, plaza de Zarauz (1910).

Jardines de Carlos V, Alcázar de Sevilla (1910).

Jardín de los Adarves, Alhambra de Granada (1910).

VER TODAS SUS PINTURAS

higinio: fabulas 5

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XLVI. ERECTEO

1. Erecteo, hijo de Pandíon, tuvo cuatro hijas[349], que juraron entre sí que si una de ellas moría, las demás se darían muerte.
2. Por este tiempo Eumolpo, hijo de Neptuno, llegó a Atenas con intención de atacarla, porque decía que la tierra ática había sido de su padre.
3. Cuando éste con su ejército fue vencido y muerto a manos de los atenienses, Neptuno exigió que una de las hijas de Erecteo le fuera sacrificada, a fin de que éste no se regodeara con la muerte de su hijo.
4. Y así, una vez inmolada Ctonia[350], una de las hijas, las demás se dieron muerte en virtud de la palabra dada. El propio Erecteo fue fulminado por Júpiter a instancias de Neptuno.
XLVII. HIPÓLITO
1. Fedra, hija de Minos, esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro Hipólito. Como no pudo atraerlo a sus deseos, envió a su marido unas tablillas inscritas[351], que decían que ella había sido violada por Hipólito, y ella misma se quitó la vida ahorcándose.
2. Y Teseo, oído el suceso, ordenó a su hijo salir fuera de las murallas y pidió a su padre Neptuno la muerte para Hipólito. Así pues, cuando éste guiaba su tiro de caballos, de repente surgió un toro del mar, por cuyo mugido los caballos, encabritados[352], desgarraron a Hipólito y le quitaron la vida.

XLVIII. LOS REYES DE LOS ATENIENSES[353]

Cécrope, hijo de Tierra; Céfalo, hijo de Deíon; Egeo, hijo de Pandíon[354]; Pandíon, hijo de Erictonio; Teseo, hijo de Egeo; Erictonio, hijo de Vulcano; Erecteo, hijo de Pandíon; Demofonte, hijo de Teseo.
XLIX. ESCULAPIO

1. Se dice que Esculapio, hijo de Apolo, devolvió la vida a Glauco, hijo de Minos, y también[355] a Hipólito; y por ello Júpiter lo fulminó.
2. Apolo, dado que no podía dañar a Júpiter, mató a los que habían forjado los rayos, esto es, a los Ciclopes[356]. Por este hecho Apolo fue entregado en servidumbre a Admeto, rey de Tesalia.
L. ADMETO
1. Después de haber requerido muchos en matrimonio a Alcestis, hija de Pelias, y tras haber rechazado éste a muchos pretendientes, les impuso una prueba: se la daría a quien unciera unas bestias salvajes a un carro. Y éste se la llevaría en ellas cuando quisiera[357].
2. Así pues, Admeto pidió a Apolo que le prestara ayuda. Apolo, habiendo sido tratado generosamente por aquél cuando se puso a su servicio[358], le proporcionó uncidos un jabalí y un león merced a los cuales Admeto condujo a Alcestis al carro[359].

LI. ALCESTIS
1. Muchos pretendientes habían requerido en matrimonio a Alcestis, hija de Pelias y de Anaxibia, hija de Biante. Pelias, tratando de evitar sus propuestas, los fue rechazando y les impuso una prueba: se la daría a quien unciera unas bestias salvajes a un carro y se llevara a Alcestis en el carro.
2. Así pues, Admeto pidió a Apolo que le prestara ayuda. El dios, puesto que había sido tratado generosamente por él mientras estuvo a su servicio, le entregó uncidos un jabalí y un león con los que Admeto se llevó a Alcestis.
3. También recibió de Apolo el privilegio de que otro muriera voluntariamente en su lugar. Al no haber querido morir por él ni su padre ni su madre, su esposa Alcestis se ofreció y murió por él, reemplazándole en la muerte. Después Hércules la rescató de los Infiernos.
LII. EGINA

1. Júpiter, queriendo violar a Egina, hija de Asopo, y temiendo a Juno, se la llevó a la isla de Delos[360] y la dejó encinta. De esta unión nació Éaco.
2. Cuando Juno se enteró de esto, envió una serpiente al agua, que la envenenó, y moría todo aquel que bebía de ella.
3. Habiendo perdido Éaco a sus compañeros, y no pudiendo permanecer allí por la escasez de hombres, mientras observaba unas hormigas, pidió a Júpiter que le diera hombres para su defensa. Entonces Júpiter transformó a las hormigas en hombres, que fueron denominados «mirmidones» porque en griego hormigas se dice myrmices.
4. La isla tomó entonces el nombre de Egina.
LIII. ASTERIA

1. Júpiter amaba a Asteria, hija de un Titán[361], pero ella lo desdeñaba; entonces fue transformada por él en el ave «ortigia», que nosotros llamamos codorniz[362], y la arrojó al mar. Y de ella surgió una isla que se denominó Ortigia.
2. Esta isla iba a la deriva. Hacia allí fue llevada más tarde Latona por el viento Aquilón por orden de Júpiter, cuando la perseguía Pitón[363]. Y allí, agarrándose a un olivo[364], Latona dio a luz a Apolo y a Diana[365]. Esta isla fue llamada posteriormente Delos.
LIV. TETIS
1. Respecto a la Nereida Tetis hubo un vaticinio, según el cual quien naciera de ella sería más poderoso que su padre[366].
2. Como nadie conocía este presagio salvo Prometeo, y Júpiter quería acostarse con ella, aquél le prometió a Júpiter que lo prevendría si lo liberaba de las cadenas. Y así, comprometida su palabra, advirtió[367] a Júpiter que no se acostara con Tetis, no fuera que si nacía uno más fuerte, expulsara a Júpiter del trono, como también él mismo había hecho con Saturno.
3. Y así, Tetis fue dada en matrimonio a Peleo, hijo de Éaco. Y Hércules fue enviado para matar el águila que le roía el corazón a Prometeo. Una vez muerta, Prometeo fue liberado del monte Cáucaso al cabo de treinta mil años.

LV. TITIO
Puesto que Latona se había acostado con Júpiter, Juno ordenó a Titio, hijo de Tierra[368], de enorme tamaño, que violara a Latona. Después de intentarlo, fue fulminado por Júpiter[369]. Se dice que yace en los Infiernos tendido, que ocupa nueve yugadas[370], y que una serpiente[371] se encuentra apostada junto a él para devorarle el hígado, que vuelve a crecerle con la luna[372].
LVI. BUSIRIS
Como la esterilidad se adueñara de Egipto durante el reinado de Busiris, hijo de Neptuno, y Egipto se hubiera agostado completamente por una pertinaz sequía de nueve años, aquél mandó llamar de Grecia a unos augures. Trasio[373], hijo del hermano de Pigmalión, mostró a Busiris que si inmolaba a un extranjero vendrían las lluvias, y él mismo —con su propio sacrificio— demostró la veracidad de sus promesas[374].
LVII. ESTENEBEA
1. Cuando Belerofontes llegó desterrado al palacio del rey Preto para hospedarse, Estenebea, esposa del rey, se enamoró de él. Como Belerofontes no quiso acostarse con ella, ésta mintió a su marido diciendo que había sido forzada por él[375].
2. Pero Preto, escuchado el caso, inscribió en unas tablillas acerca de este asunto y envió a Belerofontes a presencia del rey Yóbates, padre de Estenebea. Una vez leídas, no quiso matar él a tal varón, sino que lo envió para que diera muerte a la Quimera[376]. Se decía que ésta, de triple cuerpo, exhalaba llamaradas por su boca.
3. Esto es: la parte delantera, león; la trasera, serpiente; y la intermedia, la propia Quimera[377].
4. Mató a ésta a lomos de Pégaso, y se dice que cayó en los campos Aleyos[378], por lo que también se comenta que se dislocó las caderas.
5. Pero el rey, alabando sus virtudes, le dio a su otra hija en matrimonio. Estenebea, oído el hecho, se suicidó[379].
LVIII. ESMIRNA[380]

1. Esmirna era hija de Cíniras, rey de los asirios[381], y de Cencreide. Su madre Cencreide habló con demasiada soberbia al haber antepuesto la belleza de su hija a la de Venus. Venus, buscando el castigo de la madre, inoculó en Esmirna un execrable amor hasta el punto de que ésta se enamorara de su padre.
2. La nodriza intervino para que ella no se quitara la vida ahorcándose y, sin saberlo el padre, Esmirna yació con él por mediación de la nodriza[382]. Concibió de éste y, para que no se hiciera público, azuzada por la vergüenza, se ocultó en el bosque.
3. Más tarde Venus se compadeció de ella y la transformó en árbol, del que destila la mirra. De ésta nació Adonis, que fue víctima también de los castigos que Venus había infligido a su madre.
LIX. FILIS
1. Se dice que Demofonte, hijo de Teseo, llegó a Tracia para hospedarse en casa de Filis, y que ésta se enamoró de él. Queriendo éste regresar a su patria, le dio palabra de que había de volver junto a ella.
2. No habiendo llegado éste el día convenido, se dice que Filis corrió a lo largo de ese día nueve veces hasta la costa, que por esta circunstancia se llama en griego «Nueve Caminos[383]». Filis, por añoranza de Demofonte, exhaló el espíritu[384].
3. Sus padres le erigieron un túmulo, y allí surgieron árboles que lloran la muerte de Filis en una determinada época en que sus hojas se secan y marchitan. A partir de su nombre las hojas han sido llamadas en griego phylla[385].
LX. SÍSIFO Y SALMONEO
1. Sísifo y Salmoneo, hijos de Éolo, se profesaron mutua enemistad. Sísifo preguntó a Apolo cómo podría matar a su enemigo, esto es, a su hermano. Recibió como respuesta que si procreaba hijos a partir de la violación de Tiro, hija de su hermano Salmoneo, ellos serían los vengadores.
2. Habiendo cumplido Sísifo esto, nacieron dos hijos, a los que su madre Tiro asesinó, una vez oído el oráculo.
3. Pero al enterarse Sísifo Ahora se dice que él, por su impiedad, hace rodar en los Infiernos monte arriba una roca empujándola con sus hombros. Cuando ha logrado llevarla hasta la cumbre, de nuevo cae rodando hacia abajo tras él[386].
LXI. SALMONEO

Como Salmoneo, hijo de Éolo, hermano de Sísifo, tratara de imitar los truenos y rayos de Júpiter, y montándose en una cuadriga lanzara teas encendidas contra el pueblo y los ciudadanos[387], a causa de ello fue fulminado por Júpiter[388].

LXII. IXÍON

Ixíon, hijo de Leonteo[389], intentó violar a Juno. Ésta, por orden de Júpiter, puso en su lugar una nube. Ixíon creyó que se trataba de la imagen de Juno. De ella nacieron los Centauros. Pero Mercurio, por orden de Júpiter, amarró fuertemente a Ixíon a una rueda en los Infiernos, y se dice que todavía permanece allí girando[390].
LXIII. DÁNAE
1. Dánae era hija de Acrisio y de Aganipe. A éste[391] se le había profetizado que el hijo que ella diese a luz había de matar a Acrisio. Temeroso de ello, Acrisio la emparedó entre muros de piedra, pero Júpiter, convertido en lluvia de oro, yació con Dánae. De esta unión nació Perseo.
2. Por haber sido violada, su padre la encerró en un arca junto con Perseo, y la arrojó al mar.
3. Por voluntad de Júpiter, el arca fue arrastrada hasta la isla de Serifos. Un pescador, Dictis, la encontró y, una vez abierta (el arca), vio a una mujer con el niño, a quienes condujo ante el rey Polidectes, que se casó con ella e hizo criar a Perseo en el templo de Minerva[392].
4. Cuando Acrisio se enteró de que vivían con Polidectes, marchó a reclamarlos. Al llegar allí, Polidectes intercedió en favor de ellos, y Perseo dio palabra a Acrisio, su abuelo, de que él nunca lo mataría.
5. Estando retenido Acrisio por culpa de un temporal, Polidectes murió. Al rendirle un homenaje mediante unos juegos fúnebres, Perseo lanzó el disco que el viento desvió hacia la cabeza de Acrisio, y lo mató.
6. Así, lo que no quiso por propia voluntad, sucedió por la de los dioses. Enterrado Acrisio, Perseo partió para Argos y tomó posesión del reino de su abuelo[393].
LXIV. ANDRÓMEDA
1. Casíope[394] antepuso la belleza de su hija Andrómeda a la de las Nereidas. Por ello Neptuno exigió que Andrómeda, hija de Cefeo, fuera expuesta a un monstruo marino.
2. Una vez expuesta, se dice que Perseo, volando con las sandalias aladas de Mercurio, llegó allí y la liberó del peligro. Al querer llevársela, su padre Cefeo, y con él Agénor, a quien había sido prometida[395], quisieron matar en secreto a Perseo.
3. Él, conocido el hecho, les mostró la cabeza de la Górgona y todos fueron transformados de hombres en roca. Perseo regresó a su patria con Andrómeda.
4. A Polidectes, (cuando) percibió el gran valor que tenía Perseo, se le llenó el corazón de temor y quiso matarlo mediante un engaño. Conocida esta maquinación, Perseo le mostró la cabeza de la Górgona, y Polidectes fue transformado de hombre en piedra[396].
LXV. ALCÍONE
Ceix, hijo de Héspero o Lucífero, y de Filónide, había perecido en un naufragio. Su esposa Alcíone, hija de Éolo y de Egíale, por amor se precipitó al mar. Por la misericordia de los dioses, los dos fueron transformados en aves, que son llamadas alciones. A lo largo de siete días, durante la estación invernal, estas aves forman el nido, ponen los huevos, y tienen sus polluelos en el mar. El mar está tranquilo durante estos días, que los marineros llaman «días alcionios[397]».

LXVI. LAYO
1. Layo, hijo de Lábdaco, había obtenido de Apolo el vaticinio de que debía guardarse de la muerte a manos de su propio hijo[398]. De este modo, su esposa Yocasta, hija de Meneceo, después de darlo a luz, mandó que fuera expuesto.
2. Peribea, esposa del rey Pólibo, mientras lavaba la ropa a la orilla del mar, recogió a este niño, que había sido abandonado[399]. Al enterarse Pólibo, puesto que ellos no tenían descendencia, lo criaron como a un hijo suyo y, porque tenía los pies horadados, lo llamaron Edipo[400].
LXVII. EDIPO
1. Cuando Edipo, hijo de Layo y de Yocasta, llegó a la edad viril, era el más fuerte entre los demás, y los de su edad le echaron en cara —por envidia— que era hijo adoptivo de Pólibo, ya que Pólibo era tan apacible y él tan descarado. Edipo se dio cuenta de que no se lo reprochaban en balde.
2. Y así partió a Delfos para consultar acerca de (sus propios padres. Entretanto a Layo[401]) unos prodigios le mostraban que le acechaba la muerte a manos de su hijo.
3. Al dirigirse éste a Delfos, Edipo se cruzó con él en el camino. Unos guardias que escoltaban a aquél, mandaron a Edipo que dejara vía libre al rey, pero Edipo no hizo caso. El rey espoleó contra él a los caballos, y una rueda le aplastó un pie a Edipo. Entonces éste, encolerizado, forzó a bajar del carro a su padre, sin saber que lo era, y lo mató.
4. Muerto Layo, Creonte, hijo de Meneceo, ocupó el trono. Entretanto, fue enviada a Beoda la Esfinge[402], hija de Tifón, que devastaba los campos de los tebanos. Esta impuso al rey Creonte la siguiente prueba: si alguien lograba interpretar el enigma que proponía, ella se iría de allí; pero si, por el contrario, no resolvía el enigma propuesto, ella lo devoraría, y no de otro modo saldría del territorio.
5. El rey, oída la condición, la proclamó por toda Grecia. A quien resolviera el enigma de la Esfinge, prometió que le daría el reino y a su hermana Yocasta en matrimonio. Habiendo venido muchos por deseo del reino, y habiendo sido devorados por la Esfinge, se presentó Edipo, hijo de Layo, e interpretó el enigma[403]. La Esfinge se despeñó.
6. Edipo recibió el reino paterno y como esposa, sin él saberlo[404], a su madre Yocasta, de la que procreó a Etéocles y Polinices, a Antigona e Ismene. Entretanto sobrevino en Tebas una gran esterilidad y escasez de cosechas[405] por los crímenes de Edipo. Interrogado Tiresias por qué era Tebas afligida de este modo, respondió que si sobrevivía alguien del linaje del Dragón y moría por la patria, la liberaría de la peste. Entonces Meneceo, padre de Yocasta, se precipitó desde la muralla[406].
7. Mientras esto sucedía en Tebas, murió Pólibo en Corinto. Al enterarse, Edipo comenzó a sentir gran pesadumbre pensando que su padre había muerto. Peribea le desveló su adopción[407]. Igualmente el anciano Menetes, quien lo había expuesto, reconoció por las cicatrices de los pies y de los tobillos que Edipo era el hijo de Layo.
8. Cuando Edipo escuchó esto, tras ver que quien había perpetrado tantos crímenes nefandos era él, arrancó las fíbulas del vestido de su madre y se privó de la vista. Entregó el reino a sus hijos[408] para que gobernasen en años altemos, y abandonó Tebas con su hija Antigona como lazarillo.
LXVIII. POLINICES
1. Polinices, hijo de Edipo, habiéndose cumplido un año, reclamó el reino a su hermano Etéocles. Éste no quiso cederlo. Por ello Polinices se presentó con la ayuda del rey Adrasto en compañía de siete caudillos[409] para asaltar Tebas.
2. Allí Capaneo, por haber dicho que tomaría Tebas incluso contra la voluntad de Júpiter, fue fulminado por un rayo mientras ascendía por el muro[410]. Anfiarao fue tragado por la tierra. Etéocles y Polinices, luchando entre sí, se mataron el uno al otro.
3. Cuando les estaban siendo tributadas las honras fúnebres en Tebas, aunque el viento era impetuoso, sin embargo, el humo nunca se elevaba en una única dirección, sino que se repartía en dos[411].
4. Mientras los demás asaltaban Tebas, y los tebanos desconfiaban de sus fuerzas, el adivino Tiresias, hijo de Everes, advirtió que si perecía alguien procedente de la estirpe del Dragón, la ciudad sería liberada de esta destrucción. Al darse cuenta Meneceo de que él era el único que podía conseguir la salvación de los ciudadanos, se precipitó desde la muralla. Los tebanos obtuvieron la victoria.
A[412]
Polinices, hijo de Edipo habiendo transcurrido un año, reclamó el reino a su hermano Etéocles con la ayuda de Adrasto, hijo de Tálao, y con siete caudillos; y asaltaron Tebas. Entonces Adrasto huyó gracias a su caballo. Capaneo, por haber dicho que él se adueñaría de Tebas incluso contra la voluntad de Júpiter, fue fulminado por Júpiter mientras escalaba la muralla. A Anfiarao con su cuadriga se lo tragó la tierra. Etéocles y Polinices, luchando entre sí, se mataron mutuamente. Mientras a éstos se les tributaban honras fúnebres comunes en Tebas, el humo se dividía en dos porque se habían matado el uno al otro. Los demás perecieron.
B
Polinices, hijo de Edipo, habiendo transcurrido un año, (reclamó) (el reino) paterno (a su her)mano Etéocles. Éste (no) quiso ce(derlo). (Polinices) se presentó (para asaltar Tebas). Allí Capaneo, porque dijo que él había de tomar (Tebas) incluso contra (la voluntad de Júpiter), fue abatido por un rayo mientras esc(alaba) la muralla. A Anfiarao (se lo tragó la tierra. Etéocles y Polinices), luchando entre sí, se mataran) el uno al otro. (A éstos, mientras en Tebas) se les tributaban honras fúnebres, aunque el viento era impetuoso, (sin embargo, el humo nunca se) volvía hacia una sola parte, sino que se (dispersaba) en dos (partes). (Los demás, como) asaltaran Tebas, y un tebano (…)
LXIX. ADRASTO
1. Adrasto, hijo de Tálao y de Eurínome, recibió de Apolo el vaticinio de que él daría a sus hijas Argía y Deípila en matrimonio a un jabalí y a un león.
2. Por aquel mismo tiempo Polinices, hijo de Edipo, expulsado por su hermano Etéocles, se presentó ante Adrasto. Casi a la vez llegó Tideo, hijo de Eneo y de la cautiva Peribea, expulsado por su padre por haber matado a su hermano Menalipo en una cacería[413].
3. Habiendo anunciado unos criados a Adrasto que dos jóvenes habían llegado con vestimenta desconocida (pues uno iba cubierto con la piel de un jabalí y el otro con la piel de un león), en ese momento Adrasto —acordándose de su vaticinio— mandó que fueran conducidos a su presencia y les preguntó por qué se habían presentado así, con aquel atuendo, en sus dominios.
4. Polinices le manifestó a Adrasto que él había llegado de Tebas y que, por esa razón, se había cubierto con una piel de león, porque Hércules descendía de linaje tebano, y llevaba consigo las señales de su raza. Tideo, por su parte, aseguró que era hijo de Eneo, que descendía de Calidón y que por ello estaba cubierto con una piel de jabalí, evocando al jabalí de Calidón.
5. Entonces el rey, acordándose del vaticinio, a Polinices le concedió a su hija mayor, Argía, de la que nació Tersandro; a Tideo le otorgó a Deípila, la menor, de la que nació Diomedes, que luchó en Troya.
6. Pero Polinices pidió a Adrasto que le preparase un ejército para recobrar de su hermano el reino paterno. Adrasto no sólo le concedió un ejército, sino que incluso él mismo se alistó con otros (seis) caudillos, porque siete eran las puertas que cerraban Tebas.
7. En efecto, Anfión, que había ceñido Tebas con una muralla, había establecido siete puertas con el nombre de sus siete hijas. Éstas fueron Tera, Cleodoxe, Astínome, Asticratía, Quíade, Ogigia y Cloris.
A
Adrasto, hijo de Tálao, tuvo (como hijas a Deípile[414] y Argí)a. Apolo le había vaticinado que (él) había de dar (a sus hijas a un jabalí y a un león). Tideo, hijo de Eneo, (enviado al exilio por su padre por)que (había matado) a su hermano Menalipo en el transcurso de una cacería, vino ante Adrasto cubierto (por una piel de jabalí). Por el mismo tiem(po también Polinices, hijo de Edipo), como (hubiera sido expulsado) del reino por su hermano Etéocles, se presentó cubierto (por una piel de le)ón. Cuando Adrasto los vio, acordándose del vaticinio, entregó a Argía en (matrimo)nio a Polinices, y (a Deípila a Tideo).

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados