
Así ocultó Inglaterra su mayor derrota naval: «Su historiografía está basada en construcciones ficticias»
El historiador Luis Gorrochategui ha impartido una magistral lección sobre el fracaso naval inglés de 1589: «La Contra Armada pierde más del doble de barcos y de hombres que la famosísima ‘invencible’»
Una derrota ocultada por la ficción
Tras el famoso «Quien tenga honra, que me siga» de María Pita, que derribó a un alférez que pretendía clavar la bandera de su regimiento en lo alto de la muralla y, tras atravesarlo con una lanza, le dio muerte, la defensa española se intensificó, logrando expulsar a los ingleses.
Pero no solo fracasaron en este ataque. En su desastrosa retirada de la Coruña, la Contra Armada, o lo que quedaba de ella, puso rumbo a Portugal con la esperanza de cumplir al menos uno de los tres puntos de la hoja de ruta marcada por la Reina. Allí, la expedición inglesa se vio hostigada por las fuerzas españolas, entre ellas las galeras mandadas por Alonso de Bazán, hermano del mejor marino de Felipe II, en un contexto de desorganización, enfermedades y falta de apoyos que acabaría por arruinar definitivamente la empresa.
De los 180 buques que partieron solo volvieron 102 y de los 27.667 hombres que salieron de Plymouth únicamente se presentaron a la paga 3.722: «La Contra Armada pierde más del doble de barcos y hombres que la famosísima ‘Invencible’. […] Esto convierte a la Contra Armada en la mayor catástrofe naval de la historia de Inglaterra», afirma Gorrochategui.
La historia de esta derrota «ha quedado absolutamente oculta, distorsionada, desaparecida, sepultada y sustituida por un relato fantástico», comentó el historiador en la conferencia. Consciente del gran desastre, Norreys advierte al consejero de la Reina de que había que disimular esta derrota como fuese. Por ello, desde Londres salen dos panfletos, uno para consumo interno y otro externo, donde se «sustituyen las operaciones militares por una relación fantástica» y que se convertirían en «la principal fuente de la historiografía inglesa y luego universal para reconstruir estas operaciones», sentencia.
«Así lo que va a conseguir es que la ‘Invencible’ se convierta en un fracaso», advierte. Pero lo cierto es que en el choque de 1588 «no hay ninguna gran batalla en la mar y la que hay, los ingleses tienen más que perder que los españoles». Aun así, la Armada Invencible se convierte en el inicio de la debacle del Imperio español y su fuerza naval, mientras que «la Contra Armada desaparece sin dejar rastro».
No obstante, Gorrochategui terminaba su intervención en un tono positivo y afirmaba que «esta leyenda negra está cayendo a trozos y está siendo sustituida por el verdadero relato acerca de lo acontecido». Si la batalla se ganó a base de cañonazos, esta batalla contra la leyenda negra se está ganando a base de «documentazos», en palabras del historiador, porque «la historiografía británica no resiste»: sus ficciones acaban por desmoronarse.
Tres combates en los que Francis Drake fracasó estrepitosamente frente a España
El corsario isabelino sufrió sonados y graves fracasos frente a la defensa del Imperio español, siendo los más estrepitosos sus derrotas en Santa Cruz de La Palma (1585), la Contraarmada (1589) y su última campaña en San Juan de Puerto Rico (1595)
Tres combates en los que Francis Drake fracasó estrepitosamente frente a España
Con la prepotencia que lo caracterizaba y su menosprecio al enemigo, pese a las derrotas sufridas, Drake se lanzó a la caza del galeón español, consciente de que este custodiaba tres millones de pesos de plata. La escasa guarnición de la ciudad, compuesta por 400 hombres, se vio reforzada por los 300 hombres del Nuestra Señora de Begoña y los 500 infantes de marina bajo el mando de Téllez de Guzmán, quien capitaneaba las fuerzas de auxilio.
Drake, Hawkins y su tripulación llegaron a San Juan de Puerto Rico el 22 de noviembre de 1595 con el propósito de apoderarse del ansiado tesoro y convertir la isla en un bastión inglés. Cansados y hambrientos, decidieron pasar la noche frente a la bahía, sin saber que se encontraban al alcance de varias baterías españolas, cuyos artilleros aguardaron cautelosos hasta bien entrada la madrugada para atacar por sorpresa.
En el momento en que Drake y sus oficiales se dispusieron a cenar, los soldados españoles abrieron fuego. Realizaron 28 disparos y uno de los proyectiles impactó en la cabina, causando la muerte de tres capitanes y un guardiamarina.
En aquel primer ataque, el pirata inglés también resultó herido. Ante el caos provocado por el fuego español, intentó desembarcar a sus hombres sin éxito debido a la fuerte artillería, por lo que levó anclas y se alejó de su posición para intentar un nuevo ataque la noche del 23.
Tratando de aprovechar también el factor sorpresa, el corsario inglés envió a varios de sus hombres a incendiar los navíos de Téllez de Guzmán. A pesar de la rápida reacción de las fragatas españolas, no pudieron salvar la Magdalena, que fue engullida por las llamas y en la que murieron 40 de sus tripulantes.
Sin embargo, el resplandor de las llamas de la Magdalena era tan intenso que dejó al descubierto las barcazas inglesas. Aprovechando aquella luz, los artilleros y tiradores españoles de las fragatas restantes acribillaron a los asaltantes y mataron a centenares de ingleses.
Cegado por la avaricia y con el orgullo dañado, Drake no cesó en su intento y organizó nuevos desembarcos, pero estos fueron rápidamente rechazados por las defensas españolas hasta que, humillado, ordenó la retirada el 25 de noviembre. El pirata inglés abandonó San Juan de Puerto Rico y puso rumbo a Panamá, donde moriría de disentería en enero de 1596.








